Carta Editorial N4

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Editor´s comment

(English)

Tarsicio Pastrana Salcedo

El movimiento “slow” surge en los años 80’s en respuesta al cada vez más acelerado modo de vida citadino. El primer ámbito donde el movimiento trataba de hacer una diferencia era la comida, contraponiéndose al “fast food”: la comida debe ser disfrutable y lenta. La lentitud aumenta intensidad y disfrute, texturas, sabores, olores, esta cuestión no es difícil de imaginar ya que Milán es considerada la cuna del slow, tenía que ser Italia, que ha construido todo un arte en torno al placer de vivir.

A diferencia de lo que mucha gente considerada activa piensa, la rapidez no es sinónimo de eficacia, por el contrario la lentitud permite ganar intensidad, y la intensidad permite vivir en mayor contacto con lo que sucede alrededor, se perciben más cosas, se gana en tranquilidad se disminuye un ritmo de vida que te lleva al estrés acelerado y destructivo, lo slow no significa hacer todo deliberadamente lento, por el contrario es dedicarle el tiempo justo a cada cosa, tomarse lo necesario para el disfrute de cada actividad, gravar cada una, hacerla intensa y perdurable.

El movimiento slow paso de la comida a la vida en general, en esencia se busca recuperar el placer de vivir y en nuestros días ha entrado de lleno al turismo; el concepto slow travel a diferencia de un tour trepidante y con itinerarios cortos que permite observar el mayor número de lugares posibles en el menor tiempo, acerca al visitante con la verdadera experiencia de conocer una ciudad, vivir sus costumbres, conocer su gente, su comida, sentir las texturas, los aromas, detenerte la mirada en los colores, observar los rostros de la gente que camina y por lo tanto, se integra a esas calles y plazas, a esos edificios, al final integrarse aunque sea por poco tiempo, es ser parte de esa ciudad.

Cuando pienso en la morfología urbana y el tipo de personas que se apasiona por las ciudades, pienso en el movimiento slow, entender una forma urbana, saber de dónde podría venir, que consecuencias podría tener y ante todo, que nos dice. La morfología urbana es cada vez más una rama que involucra la vivencia de la ciudad y su entendimiento, no es difícil imaginar a los morfólogos viviendo la ciudad, desde el análisis de una traza, la imaginación por la historia, el entendimiento de materiales, texturas y colores, la explicación del comportamiento social visto desde el análisis formal y tantas más, los morfólogos son practicantes del modo slow de conocer la ciudad, aunque quizás no lo sepan.

Debido al cada vez más amplio número de personas que estudian la morfología urbana y la relación que existe entre el estudio y la conservación, en la revista Gremium decidimos hacer un número dedicado a la forma de la Ciudad, también decidimos invitar a un morfólogo de estos que viven las ciudades de manera intensa, para que con su experiencia llevara a buen término este proyecto. El elegido fue el Doctor Milton Montejano Castillo, que se perfila para ser uno de los principales estudiosos en México de la forma urbana. Sea pues, presentado el editor invitado y el tema, esperando con toda sinceridad, que después de leer este número aumentemos el interés en la morfología urbana y tengamos más estudiosos, que de manera lenta pero intensa, complementen un campo que tiene mucho que ofrecer.


Editor´s comment

The “slow” movement arises in the 80´s in response to the continuously more accelerated city way of life. The first area in which the movement tried to make a difference was food. Opposing to “fast food”, food should be enjoyable and slow. Slowness increases intensity and enjoyment, textures, flavors and smells. This question is not difficult to imagine; given that Milan is considered the home of “slow”, it had to be the Italian, who have created an entire art regarding the pleasure of living.

Contrary to what many people considered active think, quickness is not a synonym of efficiency. On the other hand, slowness increases intensity, and intensity allows one to live in better contact with what is happening around. Many things are perceived, tranquility grows, and a lifestyle which brings accelerated and destructive stress is decreased. “Slow” does not mean deliberately doing everything slow. On the contrary, it means dedicating the right time to each thing, taking the necessary to enjoy each activity, remember it and making it intense and lasting.

The “slow” movement passed from food to life in general, essentially seeking to recover the pleasure of living, and in our time it has fully entered tourism; the concept “slow travel”, contrary to a “hurried tour” with short itineraries that allow the greatest number of sites possible to be viewed in the shortest amount of time, draws the visitor nearer to the real experience of really living a city, knowing its people, its food, feeling the textures, the aromas, stopping to enjoy the colors and observing the faces of the people that are walking, and therefore the visitor becomes part of that city, even if for a short while.

When I think about urban morphology and the type of people that are passionate about cities, I think about the “slow” movement, understanding urban form, knowing where it might come from, what consequences it might have and above all, what it tells us. Urban morphology is increasingly a field that involves the city´s experience and understanding. It is not difficult to imagine the morphologists living the city from the analysis of its structure, the imagination of history, the understanding of materials, textures and colors, the explanation of social behavior seen from formal analysis and many others. Morphologists are participants of the “slow” way of visiting a city, although they may not know it.

Due to the increasingly more extensive number of people that study urban morphology and the relation that there exists between the study of the city and its preservation, in the Journal Gremium we decided to make a number dedicated to the form of cities. We also decided to invite a morphologist in order to successfully complete this project using his experience. We chose Doctor Milton Montejano Castillo, who is profiled as being one of the main scholars of urban form in Mexico. Allow me to introduce our guest editor and the subject, sincerely hoping that after reading this number we will increase the interest in urban morphology and have more scholars who, slowly but surely, complement a field that has much to offer.

 

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