Rescate emergente en Pozo de Ibarra en Santiago Ixcuintla. Tepic-Nayarit

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Emerging rescue in Pozo de Ibarra in Santiago Ixcuintla. Tepic-Nayarit

Joel Jiménez Péreza, Alicia Bracamontes Cruzb

aEscuela Nacional de Antropología e Historia: e-mail, ORCID
bEscuela Nacional de Antropología e Historia: e-mail, ORCID

Recibido: 23 de abril de2021 | Aceptado: 08 de diciembre de 2021 | Publicado: 01 de enero de 2022

Portada: Entierro de un cánido como ofrenda, localizado en las excavaciones realizadas en Pozo de Ibarra en el Municipio
de Santiago Ixcuintla, Nayarit .
Fuente: Foto de los autores.

Resumen

Uno de los objetivos principales del Rescate emergente en Pozo de Ibarra Tepic, Nayarit, es dar a conocer el sistema constructivo de cada montículo, así como las actividades que se desarrollaron para cada uno de ellos. La hipótesis que planteamos aquí es que los habitantes de este lugar, en la época prehispánica, vivían en una zona lacustre de constantes inundaciones estacionales, obligándolos a modificar las proporciones en su espacio (y de este modo, a utilizarlo para diferentes actividades). La metodología aplicada para el logro de estos objetivos e hipótesis fue la revisión de información geológica para zonas lacustres. De los documentos históricos, etnográficos y arqueológicos, se hizo una analogía con otros sitios sobre el sistema de enterramiento, los hornos y las actividades de uso doméstico. Los materiales arqueológicos indican una ocupación del Periodo Temprano: Chametla (250 -500 d.C.), que finaliza en el Periodo Tardío: Ixcuintla (1100-1350 d.C.).

Palabras Clave: rescate emergente, entierros y hornos

Abstract 

One of the main objectives of the paper: “Emerging Rescue in Pozo de Ibarra, Santiago Ixcuintla, Tepic-Nayarit”, is to show the construction system of the mounds in site, as well as the activities that were developed for each of them. The hypothesis set out herein is that: In pre-Hispanic times, the inhabitants of this place lived in a lacustrine area with constant seasonal floods, which forced them to modify the proportions of their space, and thus, to use it for different activities. The applied methodology consisted in the revision of the geological information for lacustrine areas, as well as the comparison with other similar burial system sites, furnaces, and domestic activities through historical, ethnographic, and archaeological documents. The archaeological materials indicate an occupation from the Early Period: Chametla (250 -500 AD), which ends in the Late Period: Ixcuintla (1100-1350 AD).

Keywords: emergent rescue, burials and furnaces

Introducción

La arqueóloga Lorena Gámez (1996, p.1, 4) estudió los materiales de tres muestrarios de los sitios: 1º. Ixtlán en Nayarit (1988-1989), 2º. Rescate en la Autopista Ixtlán–Tepic (1993-1994), y 3º. Excavaciones en los sitios de Chicoché en el Mpio. De Tecuala, El Quemado, en el Mpio. de Santiago Ixcuintla, ambos de Nayarit, y en las inmediaciones de Culiacán Sinaloa (1993-1994). De estos materiales analizados, la arqueóloga utiliza una división cronológica general en los periodos: Periodo Temprano (0 a 700 / 750 d. C.), que corresponde al Formativo Terminal y Clásico del Altiplano Central de México; Periodo Medio, que abarcaría aproximadamente del 750 a 1250 d. C., y coincidiría con el Clásico Tardío (Epiclásico) y el Posclásico Temprano Mesoamericano; finalmente, el Periodo Tardío, que se ubicaría entre 1250 y 1530 d. C. cubriendo prácticamente todo el Posclásico Tardío hasta el momento del contacto español.

De los muestrarios estudiados por la arqueóloga Lorena Gámez, nos apoyamos para comparar los materiales recuperados en excavación en este sitio de Pozo de Ibarra, por lo que  tenemos los siguientes tipos de manera frecuente: del Periodo Temprano están los tipos Chametla Policromo Temprano (250 a 500 d.C.), Gavilán (su temporalidad varía de 250 a 500 d.C. según Grosscop, y de 300 a. C a 200 d. C según Meighan, ambos en el sitio de Amapa en el año de 1976),  (Gámez, 1996, fig. 67), y Amapa Blanco (500-750 d.C.), (Gámez, 1996, pp. 4, 5, fig. 5, 67). Durante el  Periodo Medio los tipos son: Sentispac Rojo sobre Bayo (Gámez, 1996, p. 6, Ixtlán Policromo Temprano (0 a 750 d. C. (Gámez, 1996, Fig.18), y Cerritos Policromo (según Grosscop 900 al 1100 d.C. y Meighan del 600 al 1000 d.C., localizados en Amapa en 1976) (Gámez, 1996, p. 6 y fig. 67); y para el Periodo Tardío e Ixcuintla, (según Grosscop del 1100-1300 d.C. y Meighan del año 1000 al 1300 d.C.) (Gámez, 1996, fig. 67), y material foráneo Tolteca con una figurilla moldeada del Complejo Mazapa (o Mazapan) (estas figurillas son un marcador del posclásico temprano 900 a 1200 d. C. según (Solar, 2011, pp. 66-71).

De acuerdo a lo anterior, el sitio de Pozo de Ibarra se ubica temporalmente desde el Periodo Temprano hasta el año de 1300 d.C., con una ocupación continua. El asentamiento consiste en ocho montículos de arcilla, de los cuales solo cinco fueron excavados en esta primera etapa de la construcción del alcantarillado sanitario, mismos que se encontraban en el eje de trazo. (Figura 6)

Al realizar un recorrido de superficie hacia el lado Sur Oeste y Norte (hacia Coamiles), áreas cercanas del poblado de Pozo de Ibarra, observamos una serie de estructuras arqueológicas ubicadas de manera dispersa. Este patrón de asentamiento es igual en Pozo de Ibarra.

Estas estructuras arqueológicas corresponden a plataformas, entendiéndose éstas como un tablero horizontal, descubierto y elevado sobre el suelo, donde se colocan personas o cosas, y que también se puede entender como una superficie horizontal plana descubierta y elevada sobre el suelo para apoyar algo.

Marquina nos hace un recuento de las características de los basamentos o plataformas. Si eran de poca altura, estas plataformas conservaron durante mucho tiempo su forma original. Nos aclara que cuando las construcciones adquirieron mayor importancia, la altura fue aumentando constantemente, y que estaban construidas con un núcleo de piedra y tierra; al hacerlas, se observó que se encontraron con un problema a resolver, el cual era obtener la resistencia necesaria para soportar el peso del edificio que ocupaba la parte alta; y lo lograron dando una inclinación a los lados del basamento, cercana al ángulo de resbalamiento de las tierras, lo que les prestaba una estabilidad mucho mayor. (Marquina, 1981, p. 14 y 15).

En relación con las formas de las plataformas, estas pueden ser redondas, cuadradas y rectangulares. En el caso de Pozo de Ibarra, tenemos plataformas en zona lacustres de forma rectangular, y lo que observamos como sistema constructivo en las excavaciones es solamente la colocación de capas de arcilla que se fueron depositando, siendo apisonadas sin tener algún material a los lados, excepto la arena que se fue depositando alrededor y permitió contener el deslave de la estructura. Estas capas de arcilla también fueron resultado de frecuentes inundaciones en el área, ocasionadas por el aumento de los niveles del río Santiago, o por precipitaciones pluviales, entre otros factores.

Se han localizado eventos culturales al interior de estas plataformas, que en este trabajo hemos denominado montículos, los cuales son: entierros indirectos,  secundarios y múltiples, algunos con ofrendas de vasijas, otros acompañados de cánidos; se localizaron cuatro hornos, uno que contaba con paredes de arcilla quemada, y los otros tres, que variaban en sus formas y contenidos; hubo doce grandes concentraciones de materiales tanto de cerámica, figurillas antropomorfas y zoomorfas, y malacates sobre lítica tallada; había puntas de proyectil, navajillas, núcleos, y en relación a la lítica pulida se hallaron hachas votivas con formas antropomorfas y zoomorfas; también se encontraron metates, y manos de metate, en cuatro de los cinco montículos excavados.

Cuando iniciamos los trabajos de excavación planteamos estos objetivos:

    1. Conocer el sistema de cimentación de los montículos, y las dimensiones de cada uno, además de exponer cuáles fueron las necesidades topográficas y sociales que permitieron la construcción de los mismos, en zonas lacustres.
    2. A partir de los hallazgos, conocer su temporalidad.
    3. Reconocer las áreas de actividad a partir de los hallazgos: entierros, hornos, basureros.
    4. De los cuatro hornos encontrados en las excavaciones, conocer a qué temperatura llegaba cada uno, por el color de los materiales y su uso.

La hipótesis

Los montículos estaban en una zona lacustre, y para poder construir la cimentación, la población tuvo que nivelar el terreno, cada vez que subía el nivel de agua, con tierras de otros lugares para darle firmeza; y esto, por sus dimensiones y contenido de materiales, indica que cada uno desarrolló una actividad diferente.

Método

El 24 de noviembre se realizó una inspección en la comunidad de Pozo de Ibarra Nayarit, debido a una denuncia ciudadana, ya que una constructora inició con los trabajos de excavación para la colocación del alcantarillado sanitario, dejando material prehispánico expuesto en superficie. (Jiménez, 24 nov. 2016 Informe de comisión).

Del 6 de diciembre de 2016 al 13 de marzo de 2017, se realizó un Rescate arqueológico emergente. Se inició un recorrido con los ingenieros de la empresa, y el Comité de Planeación para el Desarrollo Municipal (COPLADEMUN) y de la compañía Pavimentos y Triturados HUICOT S.A de C.V., para indicar en el plano los ocho montículos identificados. Cinco de ellos serían afectados por la obra en esta primera etapa de construcción; se solicitó a la constructora que en estas áreas se detuvieran para realizar sondeos, para con ello poder recuperar el material y conocer el tipo suelo. En cada uno de ellos, considerando la obra civil de infraestructura planteada, se hicieron estos trabajos: hubo cuatro excavaciones distintas en esta obra, y estas implicaron la obtención de los materiales:

    • La primera era una excavación del eje de trazo de este alcantarillado sanitario; consistía en zanjas que medían 1 m de ancho, donde se colocarían tubos de plástico negros de 20 cm de diámetro, con longitudes de 6.00 m; el largo de esta zanja era la extensión de cada calle o avenida; la profundidad variaba de acuerdo con las necesidades de la pendiente del terreno para el desagüe. Una excavadora sacaba el material a un lado del eje de trazo, y el equipo de arqueología levantaba los materiales y realizaba los perfiles de la excavación, haciendo observaciones en los mismos acerca de las concentraciones visibles de materiales arqueológicos.
    • La segunda era para colocar, en el cruce de estas calles, los Pozos de Visita (PV 1, PV 2, … etc.), los cuales captarían los residuos de tres calles. Estos pozos se elaborarían con tabiques, y en la parte alta se colocaría la coladera. Se obtendría el material que la máquina depositaba alrededor de sus límites.
    • La tercera eran las descargas domiciliarias, donde se abría una zanja frente a cada vivienda con ayuda de la excavadora; ésta variaba en longitud y ancho, la cual llevaría los desechos -de cada vivienda- al tubo central del eje de trazo a través de un tubo de menor proporción; se usó para ello la clave de Descargas, y un número arábigo consecutivo por calles (D 1, D 2, D 3 … calle Veracruz, Colima, …). Esto llegó a hacerse después de haber cerrado la zanja del eje de trazo. Al retirar el material e identificar algún elemento arqueológico, se registraba tridimensionalmente.
    • La cuarta excavación consistió en hacer algunas calas (Cala 1, Cala 2, … etc.) que se ampliaron por la importancia del hallazgo en los montículos, las cuales se realizaron sobre el mismo eje de las zanjas, y se les asignó un número de cuadro (de 1 x 1 m), iniciando del 1, 2… etc. Orientada, esta numeración, del lado Este al Oeste y con letras A, B, C… etc. hasta donde finalizaba el ancho de la calle. Orientadas de Norte a Sur, estas calas se hicieron de 1 m de ancho por 2 m de largo, hubo un control con niveles métricos de 0.20 m, y por capas, con números romanos I, II, III…etc.

En todas estas excavaciones, el material se guardó en bolsas de plástico; en caso de huesos, en papel aluminio, lo mismo que algunos objetos relevantes; para su identificación se anexó una etiqueta, y otra al exterior, donde se colocó el nombre del proyecto, el lugar Pozo de Ibarra, el No. de bolsa, la ubicación que era el nombre de las calles: Veracruz…, los tramos que eran longitudes de 10 m que trabajaba la constructora, la profundidad, la capa, el material identificado por materia prima u objetos, la fecha de cuándo se recolectó el material, los nombres de quién excavó o recolectó; y en la parte de observaciones, en algunas ocasiones, se anotó que los pobladores otorgaron donaciones, o algún otro dato similar. Todo ello se concentró en cédulas de registro de materiales.

Contexto del sitio de estudio

Los habitantes mencionan que residían en las orillas del río Santiago y, al inundarse éste en el año de 1930, se tuvieron que subir a las partes altas, al lugar nombrado Atecomatlan (en Náhuatl significa calabaza redonda), porque había una pila de agua donde se encontraba un pozo de agua, que posteriormente eran los límites de la propiedad del señor con apellido “Ibarra”, quedándose así el nombre de Pozo de Ibarra en los años 1932 y 1933. Se localiza geográficamente en los 21º51’53” N y los 105º16’45” W; tiene una altitud de 30 msnm, y se encuentra al Sureste a 72.6 Km de Tepic, capital del estado de Nayarit. En el centro del poblado se observan varias casas ahora consideradas vernáculas, construidas de ladrillo y adobe, algunas presentan planta baja, y otras tienen un nivel, ambas son de forma rectangular con techumbre a dos aguas. Del lado Este pasa el rio Santiago; a sus lados presenta una vegetación abundante y con fauna silvestre. A los alrededores del poblado se siembra  tabaco (tienen una tabacalera), frijol negro Jamapasorgomaíz y maíz elotero; y en el camino del lado Noreste, que va a Coamiles, se observa algodón silvestre (Figura 1).

En este poblado, los habitantes están al pendiente de proteger y conservar sus materiales arqueológicos; cuando se realiza cualquier excavación en los panteones o en obras de infraestructura, los habitantes recolectan los materiales y los llevan a un pequeño museo comunitario ubicado en la escuela primaria (el cual plantean ampliar, ahora, con los nuevos materiales que se han encontrado en las obras de alcantarilla sanitario).

Figura 1. Plano de ubicación del sitio de Pozo de Ibarra (Tomado de INEGI, 2021).Imagen retomada de la fuente y trabajada por los autores.

Resultados

Los suelos fluvisoles se han formado a partir de depósitos aluviales recientes, ocasionados por los ríos que bajan desde la Sierra Madre Occidental, y desembocan en el Océano Pacífico, de tal modo que en su trayecto desarrollaron las llanuras deltaicas de los ríos San Pedro Mezquital y Grande de Santiago, donde se ubican estos suelos y las poblaciones de Tuxpan, Pozo de Ibarra, Sentispac, Santiago Ixcuintla, Villa Hidalgo, Guadalupe Victoria y Villa Juárez. Tienen poco desarrollo, son de color gris obscuro (en húmedo), textura media, estructura en forma de bloques subangulares de tamaño fino y débil desarrollo; además de saturación de bases mayores de 50% (Fluvisol éutrico), contenido variable de materia orgánica y nutrientes y, por lo tanto, de fertilidad. (INEGI, 2000, p.61)

Los suelos profundos de la región se deben a la presencia de formaciones volcánicas denominadas “tepetates”, cuya clasificación es desde migajón arenoso, migajón arcilloso, migajón arcilla-arenoso, hasta arcilloso. (INEGI, 2008).

Estos suelos, que bajan de la Sierra por el río Santiago, pasan del lado Sureste de Pozo de Ibarra y forman las llanuras con contenidos orgánicos y nutrientes que dan fertilidad a los suelos. Estos suelos de arcilla y arena se observaron en la estratigrafía de las calas y las zanjas, presentándose en estas dos formas:

Tipo 1, Con capas de arcilla, donde hay evidencias de montículos y material cerámico -se registraron entre siete y ocho capas de suelos arcillosos en las calles de Federico Cárdenas y Allende- (Figura 2).

Tipo 2. Con capas de arena; no se tienen elementos arqueológicos; presentan de tres a seis capas de arena en las calles: Veracruz Sur, México Sur y Salida al Limón. (Figuras 2 y 5)

De estos dos tipos de diferencia estratigráfica, solamente indicaremos un ejemplo de cada uno de ellos: Sobre el primero, la calle de Federico Cárdenas con la Cala 1; y sobre el segundo, en la Calle Salida Limón.

Figura 2. Plano de la constructora, donde se registra el eje de trazo durante la primera etapa y la ubicación de las calles con presencia de arcillas y arenas. Fuente: Plano realizado por la Compañía Pavimentos y Triturados HUICOT S.A de C.V 2017. Imagen trabajada por los autores.

Montículo 1 (M-1)

Cala 1, ubicada en la calle de Federico Cárdenas, entre las calles Veracruz y Colima, en los cuadros 50 H, 49 H, 48 H y 47 H. Al analizar este montículo, se observaron nueve capas con siete momentos de ocupación (Figura. 3):

Las capas observadas en la estratigrafía fueron colocadas horizontalmente para nivelar el terreno, y darle una mayor elevación. La séptima ocupación es conformada por la capa I (empedrado), la capa II a la VIII (de arcilla), la capa V (que es carbón), y donde se desplanta el montículo es una capa de arena.

Se inició quitando la séptima ocupación, la cual está conformada por el empedrado de cantos rodados o piedra bola, con profundidad de 0.00 a 0.20m; y, al quitarlo, se descubrieron las siguientes capas donde se desplantan.

Capa I.- Arena café claro, profundidad de 0.09 a 0.28 m.

Lentícula I a.- fragmentos de ladrillo, profundidad de 0.17 a 0.21 m.

La sexta ocupación prehispánica, es probable el uso como taller de obsidiana.

Capa II.- Arcilla café claro suelta, profundidad de 0.16 a 0.72 m, tenemos presencia de cerámica, hueso, esquirlas y núcleos de obsidiana (posible taller de obsidiana).

La quinta ocupación, utilizada para enterrar a sus muertos con ofrendas, con una base de ceniza y carbón.

Capa III.- Arcilla café oscura compacta con carbón, profundidad de 0.67 a 1.60 m, con presencia de huesos, obsidiana, cerámica, 1 carita, 1 figurita, 1 ollita, y un entierro secundario.

Lentícula  III a.- Arcilla café oscura con carbón y ceniza, profundidad de 1.40 m a 1.55 m.

Lentícula  III b.- Arcilla café clara con carbón, profundidad de 1.50 a 1.61 m.

La cuarta ocupación se presenta en las capas IV y V, asociada con carbón, piedra pómez y ceniza.

Capa IV.- Arcilla café clara con carbón, profundidad 1.38 a 1.94 m, con fragmentos de piedra pómez, pedernal y una piedra de color verde.

Lentícula IV a.- lentícula café oscura con carbón, profundidad 1.74 a 1.88 m.

V.- Carbón y ceniza, profundidad de 1.89 a 2.30 m, con lascas, obsidiana y una carita, asociada con un entierro de animal (probablemente un cánido), a la profundidad de 1.88 a 2.13 m.

Capa V.- Carbón y ceniza, profundidad 1.89 a 2.30 m, con lascas, obsidiana y una carita.

La tercera ocupación

Capa VI.- Arcilla café clara con carbón, profundidad 2.04 a 2.34 m, con           cerámica, cuerpos de figurillas, una punta de proyectil asociado con 1 animal (probablemente otro cánido) a la profundidad de 2.23 a 2.30 m.

Lentícula VI a.- Ceniza, profundidad de 2.04 a 2.09 m.

Lenticula VI b.- Carbón, profundidad de 2.22 a 2.30 m.

La segunda ocupación, utilizada para enterrar a sus muertos con ofrenda.

Capa VII.- Arcilla café oscura con carbón y ceniza, profundidad de 2.31 a 2.59m con cerámica y una punta de proyectil.

En la primera ocupación, se inicia la nivelación del terreno.

Capa VIII.- Arcilla café oscura, profundidad de 2.45 a 3.15m, cerámica, cuerpo de figurilla y una carita.

Capa IX Arcilla con arena, profundidad de 3.09 a 3.33 m.

Figura. 3 Perfil estratigráfico donde se ubican las calles que cruzan la de Federico Cárdenas; la calle de Veracruz corresponde al número (107 – H); los números que van del cero (0) a la letra (H) inician en el centro de la calle de Colima hacia la calle de Veracruz, que corresponde al número (107 – H). Fuente: Jiménez (2017).

Montículo 1 de arcilla (M1)

De la calle Salida Limón, que inicia en el Pozo de Visita (PV) 76 al 73, teniendo una longitud de 166 m, se observaron en el perfil estratigráfico tres capas:

En los niveles 11.79 (PV76), y 12.19 (PV73) presentan un desnivel de 0.8 cm.

Piso de empedrado con piedra bola, profundidad 0.00 a 0.12, la cual se desplanta en la capa I.

Capa I.- arena, profundidad 0.12 a 0.15 m.

Capa II.- arcilla café oscura, profundidad 0.15 a 0.63 m.

Capa III.- arena café claro, profundidad de 0.49 a 1.55 m, con mayor espesor, posiblemente se trate de un río que se secó. (Figura. 4)

En este perfil estratigráfico de la calle de Limón se pudieron observar las capas de arena que se fueron depositando a través del tiempo, indicándonos principalmente un lugar de inundaciones constantes.

Figura 4. Perfil estratigráfico de los Pozos de Visita 76 y 73, ubicados en la calle Salida al Limón. Fuente: Jiménez (2017).

Montículos.

En los hallazgos arqueológicos de los montículos mesoamericanos, Marquina observó el sistema constructivo de estos, en donde primero se nivelaba el terreno con material de lugares aledaños y, posteriormente, al aumentar sus proporciones, se necesitaron otros materiales, como tierra en unos casos, la combinación de núcleos de tierra apisonados, en otros casos; y en algunos más el uso de muros transversales de barro cocido sirviendo para soportar al edificio, para poder evitar la disgregación del montículo, y sostener el peso del edificio; era indispensable estabilizar con angulación de cada lado del mismo (Marquina, 1981, p. 14 y 15).

Mountjoy (1982, p.62) reporta montículos pequeños, en la región de San Blas:

“de forma redonda o rectangular, construidos de tierra y piedras y asociadas con fragmentos de barro” que quizá fueron plataformas habitacionales.” 

Y en el Complejo Santa Cruz:

“del Posclásico Tardío que tiene más de 246 montículos, de los cuales la mayoría sirvieron para casa habitación…” (Mountjov, 1982, p.70 y 71).

En Pozo de Ibarra se presentan similitudes a estos sistemas constructivos citados por Marquina y Mountjoy, de los cuales tenemos un total de ocho, y su distribución es dispersa. De estos, solamente se excavaron cinco calas en los montículos que serán descritos a continuación (Figura. 5).

Para llevar el registro de cada montículo, a estos se les asignó un número; cada uno de ellos se ubicó con Geo Posicionador satelital (GPS), y se referenció en un plano su ubicación por calles, dimensiones, elementos asociados, y profundidad (Figuras 5 y 6) (Tabla 1).

Figura 5. Ubicación de las áreas con concentración de materiales arqueológicos. Fuente: Plano realizado por la Compañía Pavimentos y Triturados HUICOT S.A de C.V 2017. Imagen trabajada por los autores.

Figura 6. Ubicación de los ocho montículos prehispánicos observados en el poblado de Pozo de Ibarra. Fuente: Plano realizado por la Compañía Pavimentos y Triturados HUICOT S.A de C.V 2017. Imagen trabajada por los autores.

Montículo Coordenadas Ubicación

Calles

Coordenadas y  dimensiones Elementos

Asociados

Profundidad.
N-S E-W
1 E 0471058

N 2417908

Altura 10 m.

Federico

Cárdenas

55.00 m

h-0.83 m

50.00 m

h-0.14 m

Fragmentos de cuarzo y cuentas de jade,

figurillas

caritas y figurillas.

Fragmento de arcilla color anaranjada.

Un entierro humano.

Fragmentos de piedra pómez, basalto, ceniza y carbón.

Lítica tallada y pulida: obsidiana, metate.

 

 

Ofrendas: cajete y

Figurillas.

 

Dos Entierros

De animal.

 

Oquedad.

 

0.65-1.21 m

 

0.98-1.24 m

1.24-1.65 m

1.25 m

 

1.34-1.47 m

1.76-1.83 m

 

 

 

 

1.53-1.68

 

 

1) 1.88-2.13

2) 2.18-2.27

 

1.20×0.95

3.03-4.90

2 E 0470772

N 2417956

Altura 5 m

Federico Cárdenas y sin nombre 4.60 m

h-0.32 m

4.00 m

h-0.37 m

Firme de arcilla compacta asociada con cerámica,

figurillas, lítica, obsidiana

carbón y ceniza asociado con figurillas.

1.32 m.

 

 

 

 

1.88-2.03 m.

3 E 0470822

N 2417668

Altura 9 m

Allende 7.00 m

h-1.49 m

4.50m

h-0.36 m

Fragmento de arcilla cocida

Tres cajetes

asociados con pigmentos; de color azul, café marrón y verde

carbón.

 

Cerámicas, figurillas

Pigmentos

Rojos.

 

0.66-0.69 m.

 

1.75-1.80 m.

 

 

 

 

2.39-2.43 m.

4 E 0471077

N 2417651

Altura 12 m

Allende

No.26

21.00 m

h-0.14 m

27.00 m

h-0.32 m

Hornos con parilla. 1.75/2.10m
5 E 047116

N 2417601

Altura 12 m

México 150 m

h-0.63 m

Este

26.00 m

Altura

1.17m

Oeste

50.00m

Altura

2.24m

Fragmento de arcilla cocida. 1.40-1.60 m.
E 0471026

N 2417510

Altura 16 m

Panteón Una figurilla del tipo

Mazapa.

1.43 m.
6 E 470942

N 2417502

Altura 21m

La loma del Panteón 76.00 m

Altura 2.19 m

13.56m

Altura 1.20 m

No se excavó, está fuera del eje de trazo.
7 E 0471124

N 2418556

Altura 12 m

Niños Héroes y Calle del beisbol 18.00 m

Altura

0.60 m

25.00 m

Altura

0.30 m

No se excavó, está fuera del eje de trazo.
8 E 470721

N 2418129

Altura 23.91 m.

Querétaro y  Federico Cárdenas 40.00

Altura 0.79 m

34.00 m

Altura

0.82 m

No se excavó, está fuera del eje de trazo.

Tabla 1. Ubicación, dimensiones y hallazgos arqueológicos en los montículos. Fuente: Jiménez (2017).

Sistema de enterramiento

En estos montículos se han encontrado diferentes sistemas de enterramientos, como son: primero, tumbas de tiro fechadas entre los años 200 a. C. y 600 d. C. Localizadas en la mitad meridional de Nayarit, Jalisco, Colima, y las zonas colindantes de Zacatecas y Michoacán. Segundo, el uso de Urnas funerarias llamadas Mololoa, localizadas hacia el Sur de la ciudad de Tepic, en el Valle de Matatipac y las inmediaciones del río Mololoa, que se supone que son contemporáneas a las tumbas de tiro (300 a. C.- 500 d. C.). Noguera desarrolla estos dos sistemas de enterramiento, caracterizándolos (Noguera, 1971, p.93). Referente al sitio de estudio, este no presenta ninguno de los sistemas de enterramiento antes mencionados.

En el Proyecto Arqueológico de Salvamento Carretera San Blas-Mazatlán, con límites entre Sinaloa y Nayarit, el Arqueólogo Grave Tirado y el Antropólogo Físico Arturo Talavera detectaron en total 9 enterramientos humanos, de los cuales retomamos el Entierro 1 y 4: Entierro 1, directo individual flexionado, masculino adulto. Observaciones: en posición sedente con orientación de suroeste a noroeste como ofrenda; en él colocaron un cánido y probablemente una figurilla antropomorfa de cerámica. El cánido se encontró hacia el sureste del individuo separado apenas unos cuantos centímetros, y en la misma profundidad. Por su parte, la figurilla estaba también hacia la misma dirección aunque bastante más separada y a una menor profundidad, por lo que es posible que no corresponda directamente a una ofrenda de este individuo. Entierro 4, del cual sólo se recuperaron algunos huesos y dos cráneos colocados en forma amontonada (Grave y Talavera, 2000, p.117). Entre el 750 y el 1350 d. C. se ubica la tradición Aztatlan, que abarca sitios de Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Durango y Michoacán (Grave y Talavera, 2000, p.15).

A partir de este sistema de enterramiento, nuestro análisis va encaminado a esta misma tradición de entierros asociados con figurilla, cánidos, con puntas de flecha, y con su orientación al Sureste, presente en la calle Federico Cárdenas. en Pozo de Ibarra.

Montículo 1

De la calle Federico Cárdenas se inició la inspección en la Avenida Veracruz hasta la calle Colima, teniendo una longitud de 107 m. En esta longitud tenemos el pozo de visita PV 87 (calle Veracruz), con una longitud de 51 m hasta el PV 89, y se continuó con el PV 89 al 90 (calle Colima), con una longitud 56 m al PV 92 (Calle México con una longitud 97 m) (Figuras 2 y 7).

Figura 7. Perfil estratigráfico en la Calle Federico Cárdenas. Fuente: Jiménez (2017).

En este perfil estratigráfico del Montículo 1, que está ubicado en la calle de Federico Cárdenas, se tiene la presencia de nueve capas con siete momentos ocupacionales, por el material y la profundidad observada: En estos cuadros 47, 48, 49 y 50, se tiene la presencia  de un entierro secundario, y hacia su lado Sureste dos entierros de cánidos; sus cráneos están orientados al  Oeste y a diferentes  profundidades, el primero, de 1.88 a 2.13 m, capa V; y el segundo, 2.18 a 2.27 m, capa VI, asociado con una puntas de proyectil, y con caritas, cajetes, platos, elementos pequeños, semillas (maíz, chilacayote), fragmentos de obsidiana, cuarzo, espinas de pescado, fragmentos o cuerpos de caritas, figurillas, fragmentos  de obsidiana, cuentas de turquesa, rocas de piedra pómez, rocas de color verde y fragmentos de arcilla cocida, iniciando a la profundidad 0.25m, y finalizando a 2.30 m, que corresponden al Periodo Temprano Amapa (500/850 d.C.) (Figuras 7, 8 y 9).

A una distancia de ocho metros de distancia del lado Oeste del cuadro 50, al iniciar los trabajos con la excavadora en el cuadro 58, se observó un entierro múltiple a la profundidad de 2.65 a 3.20 m de profundidad, en la capa IX (Figura 8).

Figura 8. Montículo 1, hallazgos relevantes; entierro secundario (1), acompañados con esqueletos de cánidos (a y b) y uno múltiple (2). A los 24 m tenemos un entierro secundario (3), asociado con una olla (4). Fuente: Jiménez (2017).

En el tramo de la Calle Federico Cárdenas, entre las calles de Colima y México:

A los 24 metros de la esquina de Colima se observaron siete capas en el perfil estratigráfico; en las capas V, VI, observamos un entierro secundario; los huesos y una mandíbula a una profundidad de 3.13 a 3.16 m; estos huesos continúan hacia el lado Norte, en una capa de arena; y a un lado, a 0.15 m, hacia el Este; se observó pigmento verde a la profundidad de 3.16, y color rojo a los 3.14 m. Estos entierros corresponden al Periodo Gavilán (250-500 d.C.) (Gámez, 1996, pp. Fig. 1, 2, 4, 5 fig.67), asociados con una olla (3, 4 Figura. 8).

Hornos

En los montículos se han localizado, también, hornos con paredes de arcilla con una cama de piedras que mostraban afectación por la exposición a altas temperaturas. Al revisar la información de estos en otros lugares, se observó que “Los hornos más antiguos son los hornos de cueva, que pueden ser una adaptación de los hornos primitivos para carbón. Estos eran agujeros excavados dentro de la ladera del cerro, y cubiertos con un techo cóncavo de tierra, se llenaba el horno con la cerámica, se cubría con tierra, dejando dos aberturas; la más baja servía para meter el combustible, la de arriba servía como chimenea para el escape del humo” (H. H, Gorham, 1971, pp.40-41).

En las excavaciones arqueológicas en Cuicuilco B, se encontró un horno que mide 1.75 cm de diámetro, ubicado en el centro de una casa que medía 4.90 m de Norte a Sur, por 4.80 m de Este a Oeste, (Müller, 1990, p. 240-241).

En el sitio de Yucuita, en la Mixteca Alta de Oaxaca, se exploraron unidades habitacionales, y se localizaron también hornos circulares y rectangulares especializados (Winter, 1986, p. 346).

Müller, en su trabajo de la cerámica de Cuicuilco B, abre un apartado donde comenta acerca de los hornos prehispánicos con distintas funciones y formas; refiere además que el Arqueólogo Ángel García Cook localizó el Proyecto Tlaxcala-Puebla horno. Hornos que retomaremos para poder explicar los encontrados en Pozo de Ibarra.

En Tlaxcala, por su forma, tenemos representados dos tipos:

Tipo 1.- El horno abierto, excavado en el tepetate, de planta circular y de forma cóncava, con un diámetro que oscilaba entre 1.50 m a 2.00 m, altura de 0.40 a 0.60 m; en la parte excavada se colocaban las piezas de una hilada de piedra y el combustible, recubiertas las piezas con otras, o con otros materiales al estilo de la elaboración del carbón; estos hornos podían servir igualmente para cocer pencas de maguey (correspondientes a un pueblo alfarero prehispánico).

Se ha encontrado el horno en Tlaxcala desde la fase Tlatempa 1200-800 a.C.; desde este periodo los hornos se colocan en terrazas, y pertenecen al tipo familiar; siguen por todas las fases: Texcoloc 800-350 a.C.; Tezoquipan 350 a.C. a 100 d.C., etcétera. (Müller, 1990, p. 239).

Tipo 2.- Horno portátil, correspondiente a una temporalidad del posclásico, colocado en terraza para un mejor control del aire. El alfarero tomó adobes que estaban colocados contra la pared de la casa, y con ellos hizo un horno portátil, colocaba en su interior cerámica, la quemaba, y después de haber terminado la cochura sacaba la cerámica, desmantelaba el horno y otra vez colocaba los adobes contra la pared de la casa, y desaparecían todas las huellas de este horno. Bordaz (1964), y Abascal (1976) en (Müller, 1990, p. 241), y (Long, 2017, pp.129, 130), ambos investigadores, exhiben en sus artículos los diferentes usos y tipos de hornos, los cuales presentan mucha similitud con lo observado en Pozo de Ibarra.

Si se agrupan los hornos del tipo 1, que estaban dispuestos en el centro de un lugar más bajo que la casa, parece que ya estamos en la presencia de un pueblo alfarero prehispánico (Abascal, 1976, p.53, esquema 3). El tipo 2 parece ser del Postclásico, igualmente estaba colocado sobre una terraza para un mejor control del aire (Figura 9)

Se ha averiguado, a groso modo, por el color del barro, la temperatura en la que fue cocida la cerámica prehispánica, de acuerdo con las tablas de temperatura de R. Álvarez Amera (1944, p.176) y de A. Sheppard (1956, pp.222-223); (Müller (1976, p.159) en Müller 1990, p.241); además, se ha considerado el cuadro de temperaturas de la Ceramoteca de Salvamento Arqueológico del INAH: Rojo vivo 860°, café rojizo a rojo de 590 a 860°, café claro a rojo vivo 860°, café rojizo oscuro a rojo vivo 590 a 860°, café rojizo oscuro, rojo a amarillo rojo 590°, 680° a 860°, café oscuro, rojo a rojo amarillento 590°, 680° a 860°, café rojizo oscuro a rojo 590° a 680° (Mülller, 1990, p.241).

La variación en forma y tamaño sugiere diferentes funciones, como son la preparación de alimentos, la cocción de loza, y otras (Winter, 1986, p.329).

Una variación de esta técnica era la costumbre de ensartar pescados y animales pequeños en palos de madera, y asarlos sobre el fuego abierto (Long, 2017, pp.129, 130).

Figura 9. Este es un horno de cocción de cerámica encontrado en la colina Tlatoani, al oeste del municipio de Tlayacapan en la Sierra de Tepoztlán en Morelos, perteneciente al Período Clásico tardío (350-600 d.C.). Fuente: (Martínez, 2013).

Indicadores arqueológicos

Las vasijas que se fracturan durante la cocción pueden ser utilizadas para tapar la boca del horno en la siguiente cocción, sobre todo los fragmentos de vasijas grandes. Si el alfarero desea una atmósfera reductora cubre con lodo los tiestos, tapando todos los huecos dejados por éstos. (Canto, 1986, pp.46, 47.)

Estos indicadores arqueológicos y etnográficos nos dan información sobre las diferentes formas de hornos realizados en el sitio arqueológico de Cuicuilco hasta nuestros días, observando que han tenido variaciones, pero presentan mucha similitud con los hornos encontrados en el Montículo 4.

Este Montículo se ubica en la calle México. En el perfil estratigráfico de los pozos de visita 3 y 5 se observaron ocho capas y 5 lentículas en la capa III, con varias evidencias de hornos, y donde se observaron seis momentos de ocupación; la sesta ocupación es la colocación del empedrado moderno utilizado en las calles. La quinta es un horno en forma de concha (a); la cuarta es una olla en su interior, presenta varios tepalcates, la cual debió contener agua (b); la tercera es otro horno de forma rectangular, asociado con rocas que se vieron afectadas por la temperatura en su interior (c) (Figuras 10 y 11); el segundo horno se halla en forma de concha (d), y en la primera ocupación se observa otro horno en forma cóncava (d). Esta primera ocupación corresponde desde el Periodo Temprano hasta la sesta ocupación, que inicia en el año de 1300 d.C.

Los dos hornos abiertos que tenemos registrados nos indican que posiblemente, por sus dimensiones y forma, fueron usados para cocer cerámica, y alcanzaban una temperatura no mayor de los 800°. En los perfiles se observan los hornos (Figura. 10, 11, 12), y en la tabla 2 se indica: capa, material, profundidad y los elementos asociados.

Figura 10. Perfil estratigráfico del Montículo 4; las capas IV, V y VI representan el horno elaborado con arcilla, que al estar expuesto a altas temperatura, se coció evidenciando un límite. Fuente: Jiménez (2017).

Figura 11. Horno de arcilla, vista de la esquina suroeste; el “Área 1” es el interior del horno, contenía cantos rodados que sufrieron modificación por haber estado expuestos a altas temperaturas. Fuente: Jiménez (2017).

CAPA

 

Empedrado

 

 

MATERIAL

 

Cantos Rodados

PROFUNDIDAD

 

Superficie a 10 cm

ELEMENTOS ASOCIADOS

 

La realización de este empedrado muestra cantos rodados de pequeñas proporciones, enmarcados con cantos rodados más grandes, llamados soleras.

Capa I Es de arena Desde los 11 cm hasta los 15 a 19 m. de profundidad Base en la cual se asentó el empedrado.

 

Capa II Arcilla café clara muy compactada asociada con gravilla y pequeños cantos rodados Su inicio varía de entre los 15 y 19 cm. de profundidad. Al excavar esta capa se fracturaba en grandes terrones compactados; es asociada a vidrio metal y tepalcates
Capa III Arcilla café clara menos compactada 40 a 2.15 m Se concentran los materiales arqueológicos, tanto de cerámica como de figurillas.
Lentícula IIIa Arcilla de color café 60 a 1.20 m Con abundantes tepalcates, presentándose con una longitud horizontal de 3.20 m.
Lentícula III b Lentícula de carbón 1.40 a 2.60 m Tiene un ancho de 50 a 60 cm.
Lentícula III c Arcilla de color  café clara 1.20 a 1.35 m Tiene una longitud de 70 cm.
Lentícula III d Lentícula de carbón 1.20 a 1.35 m Se desplaza de manera horizontal, con un espesor irregular de 2.40 m.
Lentícula III e Lentícula de carbón
Capa IV

 

Capa de carbón que se presentó de manera regular debajo de un grupo de rocas calcinadas al interior del horno en el Área 1. 1.74 a 1.80 m Tepalcates ennegrecidos asociados a fragmentos de carbón y piedras calcinadas.
Capa Vl Arcilla café asociada con una gran cantidad de rocas de los siete tipos identificados, localizada al interior del horno. 1.80 a 2.14 m Se asocia con rocas calcinadas y una carita alterada en su superficie.
Capa VI Capa de carbón que se ubica al interior del horno, con un espesor de 2 a 3 cm. De 2.14 a 2.16 hasta 2.17 m. Se muestran algunos tepalcates con carbón.
Capa VII Arcilla de color café claro. 2.20 a 2.80 m. Sin material asociado a raíces largas.

Tabla 2. Estratigrafía del Montículo, Fuente: Jiménez (2017).

Figura 12. Estratigrafía asociada con hornos y una olla. La sesta ocupación es la colocación del empedrado moderno utilizado en las calles; la quinta es un horno en forma de concha (a); la cuarta es una olla en su interior, la cual debió contener agua, y presenta varios tepalcates (b); la tercera es otro horno de forma rectangular asociado con rocas que se vieron afectadas por la temperatura en su interior (c) (Figuras 10 y 11); la segunda, un horno en forma de concha (d); y en la primera ocupación se observa otro horno en forma cóncava (d). Fuente: Jiménez (2017).

Interpretaciones preliminares

Al excavar el interior del horno de barro abierto, poco a poco comenzamos a apreciar una gran cantidad de piedras en el interior del “Área 1”. Se decidió lavarlas, pesarlas, cuantificarlas, fotografiarlas, y clasificarlas para hablar de ellas. Llegamos a lo siguiente, de manera preliminar:

Logramos agrupar los materiales en siete grupos; el último corresponde a fragmentos de arcilla, que al estar expuestos a una temperatura elevada adquirieron mayor dureza, pero que por su forma parecen piedras.

Se agruparon las rocas más pequeñas.

El grupo 1 son 66 piedras, su peso es de 5,730 Kg; se muestran cristalizadas y fundidas en su superficie, presentan una costra como de arcilla demasiado cocida, y muestran una arcilla rojiza que al tacto se quita; una de ellas se fracturó y adhirió a otra más pequeña.

El grupo 2 son 67 piedras, su peso es de 6,450 Kg, con un tono azuladas, muestran un color rojizo en superficie, probablemente arcilla, algunas partes se muestran verdosas y se volvieron grisáceas, se aprecian grietas y están fracturadas.

El grupo 3 son 43 piedras, su peso es de 2,780 Kg, son piedras porosas que se quemaron ennegreciéndose, y se colorearon a un tono rojizo obscuro.

El grupo 4 son 148 piedras, su peso es de 1,900 Kg, muestran una gran variedad de formas, unas se fracturaron en lajitas, tal vez al estar expuestas a altas temperaturas; algunas se fundieron como escoria, otras al golpe tienen un sonido metálico y se muestran fundidas ligeramente; otras están rojizas.

Grupo 5, son 5 piedras, su peso es de 0.870 Kg, pocas son muy pesadas, y muestran una costra rojiza, amarillenta y obscura.

Grupo 6, son 5 piedras, su peso es de 0.250 Kg, muestran una capa blancuzca en superficie.

Grupo 7, son 19 piedras, su peso es 0.500 Kg, fragmentos de arcilla quemada, logrando un endurecimiento tal que se confunde con las piedras. Asociadas con una carita y un tepalcate.

Áreas de actividad: pesca, caza,  recolección y  uso doméstico

Hay algunos marcadores arqueológicos relacionados con la actividad de subsistencia dentro del modo de vida lacustre, donde hay presencia de canoas, artefactos como redes de pescar (piedras o tepalcates modificados), así como anzuelos (hechos de hueso de concha, puntas de proyectil (hechas de obsidiana, de pedernal o de algún otro material parecido, y agujas para tejer o reparar redes (de hueso, concha o metal). En la caza se requería del conocimiento del ciclo de vida de las aves como recurso comestible, la recolección de hierbas comestibles, y la producción de otros objetos como petates elaborados con tule.

De estos instrumentos, observados en las excavaciones, tenemos: Una clase de artefactos especializados relacionados con la producción textil; malacates, agujas y punzones que posiblemente fueron usados para tejer redes de pesca y hamacas. Herramientas para la cacería: puntas de proyectil, navajas y lascas de obsidiana, ollas, cajetes, malacates, cajetes asociados con pigmentos. De uso doméstico: ollas, cajetes, manos de molienda y metates. Estos materiales fueron muy comunes en todos los montículos, pero principalmente en los montículos 2, 3 y 5.

Del lado Sureste del poblado de Pozo de Ibarra, se localiza la Ranchería de los Paredones. De este lugar, a su lado Noroeste se localiza el cerro nombrado Los Paredones, donde se observó que de él se extraía la materia prima de los pigmentos; blanco, ocre amarillo, rojo, verde, negro y azul.

Figura 13 El poblado de Pozo de Ibarra se encuentra de manera cercana al Cerro del Paredón, de donde se obtenían pigmentos. (Tomado de INEGI, 2021) Imagen adaptada. (Jiménez 2017)

Conclusiones

Esta población, estaba ubicada en un centro de comunicación entre las zonas de laderas agrícolas y las zonas bajas inundables de la marisma, donde se unían, por su lado Sureste, el Río Santiago y el Estero, donde se concentraba el agua.

En las calas y zanjas excavadas se reveló que, en las calles Veracruz, México y la salida al Limón, tenemos suelos aluviales; arena y arcillas que se fueron depositando naturalmente alrededor de Pozo de Ibarra. En cambio, en los cinco montículos se presentan de ocho a nueve capas de forma horizontal, que el hombre construyó en momentos de sequía del río Santiago, y en el área de zona baja inundable. En estos montículos se realizaron diferentes actividades en la Calle de Federico Cárdenas, (Entierros), Calle Aldama (hornos) y Calle Aldama, y México (uso doméstico).

En cuanto a los entierros múltiples que se encontraron encimados a la profundidad de 2.45 a 3.15 m, estos están asociados con material del Periodo Temprano Gavilán (250 al 500 d.C.).

El entierro secundario, con cajete y figurilla y entierro de dos cánidos, está asociado con materiales del Periodo Temprano Amapa, 500 al 850 d.C., y tiene una relación a los entierros encontrados por Grave y Tirado del periodo Aztatlán ,750 a 1350 d.C.

Se muestran las creencias que se tenía acerca de los perros, en las tumbas de tiro y en las Urnas funerarias llamadas Mololoa, al considerar a los cánidos (representados en barro) como guardianes del alma del desaparecido, es decir, de los muertos. Los cánidos eran quienes tenían que acompañar al individuo hasta el inframundo para librarlo de los peligros. En la tradición Aztatlán, y en Pozo de Ibarra, tenemos entierros con cánidos con la misma creencia.

A consecuencia de las exploraciones de Corona Núñez, en especial en Nayarit, se establecen los siguientes elementos: 1. Sepulcros en forma de botella, 2. Tumbas en forma de fosa simple, y 3. Tumba de tiro y bóveda. (Noguera, 1971, pp.91, 92). Taylor sugiere que estas tumbas presentan dos orientaciones: El primer punto fue defendido por Covarrubias, los objetos allí enterrados “son representaciones detalladas de la vida familiar, sin ningún significado religioso”. En cambio, el otro punto de vista es que tienen un fuerte valor religioso, al considerar a los perros como guardianes del alma del desparecido o, como lo interpreta Furst en su material de la tumba Las Cebollas, son guardianes o chamanes, que es el foco de la vida mágica-religiosa, es decir la reintegración del hombre con sus antepasados, o por la mediación del hechicero (Noguera, 1971, p.93)

Posteriormente, los Mexicas continuaron con esta tradición; ahora el perro acompañante de Tláloc, como lo describe Seler. A los perros se les daba muerte de un flechazo en el cuello y se les enterraba con el difunto; el perro debía ser de color leonado, y alrededor del cuello se le colocaba una cuerda de algodón sin hilar; la cuerda adecuada a la región de la Tierra. En este caso, sólo el sol puede ser el dios muerto que, al anochecer, se hunde en la Tierra. Xólotl, el perro, el fuego que cae de las nubes; el dios nacido del agua es el compañero de Tláloc, numen de las montañas, las nubes, la lluvia y el relámpago (Seler, 1963a, pp. 48, 98, 99, 147; 1963b, p. 34).

En relación con los diferentes tipos de horno que se han observado etnográficamente, básicamente son dos, siguiendo principalmente el trabajo de Bordaz (1964) y el de Abascal (1976), en (Müller 1990, p. 241). Los hornos pueden ser de quema abierta y de quema cerrada; de este tipo quedarían los hornos de tipo hoguera y los de concha. El segundo tipo de horno, de quema cerrada. Ambos tipos de horno pueden ser construidos al ras del suelo, o bien, semi subterráneos. Este tipo de horno abiertos para cocer cerámica es muy similar a los que se observaron en las excavaciones a la profundidad de 0.00 a 2.17 m, en el sitio de Pozo de Ibarra.

En relación a los fragmentos de arcilla, firmes de arcilla y carbón, se tiene: en los montículos 2, a la profundidad de 1.32 m, carbón a la profundidad de 1.88 a 2.03 m. y el montículo 3, profundidad de 0.66 a o.69 m, y carbón a la profundidad de 2.93 a 2.43 m, y en el montículo 5, una profundidad de 1. 40 a 1.60 m; quizá estos fragmentos formaron parte de las plataformas habitacionales. Estos hornos y plataformas, por su profundidad y material, se construyeron desde el Periodo Temprano hasta el año de 1300 d.C.

Varios fragmentos de recipientes presentaron pigmentos amarillo, azul, café marrón y verde, como también en la parte inferior de los entierros el color rojo y verde; lo que sugiere que estos pigmentos fueron de uso común en el Periodo Temprano Gavilán y Amapa (y suponemos que del cerro Los Paredones se extraían los pigmentos, ya que hay una variedad de colores). De lo cual se concluye que es importante proteger éste, como un lugar de materia prima que fue utilizada en la época prehispánica, porque actualmente se está destruyendo para la nivelación del terreno de Pozo de Ibarra (Figura 13).

La Arquitectura vernácula, hecha de ladrillo y adobe, se encuentra actualmente en mal estado de conservación y/o en ruinas; igual sucede con el río Santiago y el Estero, donde la gran cantidad de fauna, tortugas, peces, aves y animales está en peligro de desaparecer a causa del crecimiento urbano y la concentración de materiales de cascajo, que poco a poco van rellenando para seguir ampliando el poblado.

De la arquitectura vernácula, y de su entorno natural, es importante que las instituciones municipales, el INAH y la población, se encarguen de proteger y conservarlos.

Esta investigación se realizó en coordinación con el Centro INAH Nayarit, la empresa (COPLADEMUN), y el Municipio de Ixcuintla. Gracias al apoyo de estas instituciones fue posible llevar a cabo esta primera etapa de rescate, donde  conocimos, por los materiales arqueológicos, la forma de vida que tenía la población, las actividades que se llevaron a cabo en cada montículo, los materiales utilizados en su construcción, el sistema de enterramiento de sus muertos, la construcción de los hornos y las actividades domésticas, las cuales están asociadas con fragmentos de vasijas, figurillas, malacates, silbatos, esquirlas, navajas, lascas, núcleos, puntas de proyectil de obsidiana, sonajas, esqueletos de cánidos, conchas, carbón, barro quemado y espinas de pescado, los cuales se registraron, y en algunos casos, al ser extraídos por la maquinaria (excavadora y retroexcavadora), se convirtieron en depósitos de tierra que eran colocados a los lados de la zanja, donde los trabajadores Eliu, José, Ernesto, y la población en general, apoyaron en el rescate de los materiales, y en la donación de sus colecciones para ser analizadas y expuestas en su Museo Comunitario de Pozo de Ibarra.

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