La estructura urbana de las ciudades mayas del periodo clásico

THE URBAN STRUCTURE OF THE MAYAN CITIES OF THE CLASSIC PERIOD

Andrea Peiró Vitoria, 2018, Editorial: Harrasowitz Verlag. Wiesbaden (Alemania), Serie: Forschungen zur Archäologie Außereuropäischer Kulturen, 15, 464 pp. ISBN: 9783447110778

Laura Gilabert Sansalvador, Universitat Politècnica de València (España), E-mail: [email protected], http://orcid.org/0000-0001-7890-5334, https://scholar.google.com/citations?user=lFqMch8AAAAJ&hl, https://upv.academia.edu/LauraGilabertSansalvador

 

Recibido: 10 de noviembre de 2020 | Aceptado: 10 de noviembre de 2020 | En línea: 01 de enero de 2021. ©Laura Gilabert Sansalvador, 2021. Esta reseña es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

 

Resumen

El período Clásico de la civilización maya es el momento de mayor auge de las construcciones y los conjuntos urbanos a gran escala, pero ¿existía una planificación urbana en las ciudades mayas? El trabajo de investigación de Andrea Peiró Vitoria se aborda desde diferentes perspectivas, prestando especial atención a los aspectos compositivos, y partiendo del análisis de la cartografía existente. En primer lugar, crea una base de datos cartográfica homogénea para poder llevar a cabo estudios comparativos entre diferentes sitios. Partiendo de esta nueva base de datos, se realiza una selección de ciudades que constituye una muestra variada y comparable. Se propone una metodología de análisis urbano para identificar los rasgos compositivos principales de cada sitio, y se lleva a cabo un estudio comparativo con el objetivo de detectar patrones, criterios de ordenación y conceptos evolutivos y formales comunes. A pesar de que cada ciudad tiene su propia idiosincrasia, esta investigación identifica características compositivas, geométricas y de repetición tipológica con un orden y orientaciones claramente intencionados que demuestran que ciertamente hubo un trabajo de planificación y ordenación urbana en las ciudades mayas.

Palabras clave: Urbanismo; Maya; Cartografía; Ciudad; Arquitectura

Abstract

The Classic period of Maya civilization marks the peak of large-scale construction and urban complexes. But did urban planning already exist in Maya cities? The study by Andrea Peiró Vitoria considers different perspectives, with special emphasis on composition aspects, and starts from the analysis of the existent cartography. First of all, the creation of a homogeneous cartographic database makes possible the comparative studies between different sites. The use of this new database allows to provide a selection of cites that represents a varied and comparable sample. An urban analysis methodology is used to identify the main composition characteristics of each site and a comparative research is conducted to establish common patterns, criteria for spatial arrangements, and evolutionary theories. Even though every site has its own peculiarities, this research work identifies compositional and geometrical features and topological repetition with a clearly intended order and orientation that prove that urban and land-use planning existed in Maya cities.

Keywords: Urbanism; Maya; Cartography; City; Architecture

Reseña

Las configuraciones urbanas y arquitectónicas de las ciudades mayas nos hablan de la vinculación de la población antigua con el medio natural, de su forma de habitar los espacios, de sus conocimientos técnicos, de la representación del poder, de la concepción del mundo y de la idea de belleza que tenían los mayas antiguos. Reflejan por tanto las características sociales, culturales y económicas de esta civilización, y su estudio contribuye al avance del conocimiento histórico. Los resultados de las investigaciones arquitectónicas ofrecen además una base científica para diseñar los criterios de excavación, conservación y puesta en valor de los sitios arqueológicos mayas. Esta publicación, fruto de los resultados de una tesis doctoral desarrollada con el apoyo de la Comisión de Arqueología de Culturas Extraeuropeas (KAAK) del Instituto Arqueológico Alemán, es un buen ejemplo de ello.

Para contestar a la pregunta de si existía planificación urbana en las ciudades mayas, la autora recopila más de 120 planos de 70 sitios arqueológicos, y crea un repositorio cartográfico que le sirve como base para el análisis urbano. Este primer paso de la investigación supone ya un gran reto, debido a la heterogeneidad de criterios de representación gráfica que existe en los planos de los sitios. Una práctica muy frecuente en las investigaciones mayistas es la representación simplificada e hipotética de los edificios aún no excavados mediante pirámides truncadas, un recurso de fácil lectura que, sin embargo, resulta subjetivo e impreciso. Ante ello, se ofrece una propuesta de convención cartográfica en la que se superpone esta representación interpretativa de los montículos a un levantamiento topográfico riguroso de curvas de nivel, sin que éstas se interrumpan en el perímetro de las pirámides truncadas.

A partir de la digitalización, vectorización, homogeneización y normalización de la cartografía, la autora obtiene una base de datos de planos comparables, desde los cuales se estudia de forma metódica una selección de ciudades mayas. Mediante el trabajo de campo in situ y el análisis gráfico de este corpus de planos, se identifican patrones compositivos y recursos proyectuales que efectivamente permiten demostrar que los escenarios urbanos de las ciudades mayas fueron pensados, diseñados y planificados.

Una de las aportaciones más valiosas de esta publicación es el Catálogo de cartografía anexo, una recopilación de planos vectoriales homogeneizados de 40 sitios arqueológicos mayas, pensada como un archivo ampliable para futuras investigaciones. Los planos se acompañan de una breve introducción sobre la localización del sitio, datos sobre el plano original (año, equipo, institución, fuente bibliográfica, criterios de representación, detalle y escala) e información sobre el proceso de homogeneización del nuevo plano obtenido. Para que la cartografía de los diferentes sitios sea fácilmente comparable, el Catálogo recoge: en primer lugar, el plano completo del sitio a una escala adaptada al formato del libro y con una cuadrícula de referencia de 100×100 metros superpuesta; y, en segundo lugar, una ampliación del mismo plano enfocando el área principal de cada ciudad, reproducida en todos los casos a escala 1:2500. Además, se ofrece un enlace web en el que se pueden descargar todos los planos completos de los sitios, homogeneizados y a escala 1:2000, en formato pdf (https://publications.dainst.org/books/index.php/dai/catalog/book/40), lo que supone un recurso de gran valor para la comunidad científica, especialmente en la actualidad, cuando se ha hecho más evidente que nunca la importancia de la digitalización y la accesibilidad universal a la documentación y al patrimonio cultural.

La principal novedad de esta investigación es que estudia la ciudad maya desde un punto de vista arquitectónico y urbanístico, analizando los condicionantes territoriales en la configuración de la ciudad, su estructura general, los patrones de evolución urbana, los recursos compositivos, las tipologías arquitectónicas, la densidad constructiva, los hitos y las relaciones visuales. La propuesta metodológica para el análisis urbano de las ciudades mayas es ya, en sí misma, otra aportación relevante. Esta metodología se aplica a diez ciudades casos de estudio, y posteriormente se realiza un análisis comparativo para cada uno de los parámetros establecidos, ilustrado con planos y dibujos analíticos representados a la misma escala. Las conclusiones de este análisis subrayan diferencias por áreas geográficas, descubren toda una serie de recursos proyectuales de los escenarios urbanos mayas y demuestran la existencia de recorridos escenográficos, con incluso juegos ópticos y trampantojos. Este trabajo, escrito con un lenguaje ameno y claro de agradable lectura, abre un nuevo enfoque, muy sugerente, para el estudio de las ciudades mayas desde el ámbito disciplinar de la arquitectura.

Visitas (196)

Torre Nocuchich (Nuuk uch Ich). Una propuesta para la restauración en arquitectura Maya basada en los derechos humanos

Nocuchich (Nuuk uch Ich) Tower. A human rights-based approach proposal to restoration in Mayan architecture

Manuel May Castillo, Department of Social and Cultural Anthropology, Ludwig-Maximilians University Munich (Alemania), E-mail: [email protected]https://scholar.google.es/citations?user=3o6n89UAAAAJ&hl=es&oi=sra,

Recibido: 13 de enero del 2020 | Aceptado: 04 de diciembre del 2020 | En línea: 01 de enero del 2021. © Manuel May Castillo, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Vista aérea de la torre Nuukuch Ich. Joaquín Venegas 2019.

Resumen

Este artículo desarrolla una propuesta de intervención y restauración de un monumento Maya, la torre Nuukuch Ich, desde un enfoque participativo, de base comunitaria y basado en los derechos de los Pueblos Indígenas. Por sus características arquitectónicas y artísticas singulares, la torre Nuukuch Ich representa un caso emblemático en toda la región Maya. En los últimos dos siglos, este monumento ha capturado la atención de viajeros, exploradores y de la comunidad científica a nivel internacional. A pesar de su valor histórico y artístico, el emplazamiento donde se localiza la torre se encuentra en proceso de destrucción paulatina debido al cultivo industrializado de transgénicos. Por ello es urgente y necesario tomar acciones concretas para su conservación y salvaguardia. Siendo una iniciativa generada y promovida por comunidades y organizaciones mayas, esta propuesta de intervención promueve el uso de metodologías descolonizadoras al mismo tiempo que propone un cambio de paradigma en las investigaciones sobre el patrimonio indígena, que implica la necesaria obtención del Consentimiento Libre, Previo e Informado.

Palabras clave: Arquitectura Maya, Patrimonio, Derechos Indígenas

Abstract

This article outlines a proposal concerning the intervention and restoration of a Mayan monument, the Nuukuch Ich tower, from a participatory, community-based and Indigenous Peoples’ rights-based approach. Because of its distinctive architectural features, the Nuukuch Ich tower represents an emblematic case in the entire Maya region. Over the past two centuries, this monument has seized the attention of travelers, explorers, and the international scientific community. Despite its historical and artistic value, the archaeological site where the tower is located is dramatically being destroyed by the industrialized cultivation of transgenic crops. It is therefore urgent and necessary to take concrete actions for its conservation and safeguarding. This proposal is an initiative promoted by Mayan communities and organizations, and promotes the use of decolonizing methodologies. At the same time, it proposes a paradigmatic shift in Indigenous heritage research, which implies the necessary obtaining of the Free, Prior and Informed Consent.

Keywords: Indigenous Peoples, Mayan Architecture, Heritage and Rights.

Introducción

En este artículo elaboramos una propuesta de intervención del patrimonio cultural con un enfoque basado en los derechos humanos. De hecho, tal enfoque, que busca implementar los principios de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI)[1] y otros estándares internacionales, conduce a un cambio paradigmático en la intervención de edificios patrimoniales.

En particular, nos referimos a la DNUDPI por ser el documento que consolida y condensa los logros alcanzados a lo largo de varias décadas de lucha coordinada, de una gran diversidad de Pueblos alrededor del mundo que comparten historias de colonización, por el respeto de los derechos humanos colectivos. Esta lucha coordinada a nivel global cumple casi un siglo y tiene como objetivo primario bloquear las experiencias de opresión, marginalización, desposesión, exclusión y discriminación de Pueblos con culturas, medios de vida y modos de producción diferentes al modelo hegemónico nacional y dominante.

Ante los avances en materia de derechos, tanto a nivel internacional como a nivel doméstico o nacional, que convierten a la DNUDPI y otros tratados internacionales en documentos vinculantes, la implementación de métodos científicos que incluyan los principios morales contenidos en dichos documentos se vuelve una necesidad apremiante.

Problema y objetivos centrales

En México, a pesar de los avances en materia legislativa para la implementación de los Derechos de los Pueblos Indígenas, hasta el momento no existen iniciativas que se ocupen de obtener el Consentimiento Libre, Previo e Informado (de aquí en adelante CLPI o Consentimiento) en proyectos sobre el Patrimonio Cultural. Ello desde luego representa un obstáculo en la inclusión de las comunidades indígenas para la toma de decisiones sobre la protección y salvaguardia de su propio patrimonio. Más aún, a pesar de los estándares internacionales vigentes, el Estado Mexicano aún no incluye el Consentimiento en procesos normativos para el desarrollo de proyectos científicos, educativos o culturales en contextos Indígenas.

Es por ello que el replanteo de las metodologías que integren el Consentimiento como principio esencial en el quehacer científico, se convierte en un asunto prioritario. Es este replanteo del método, lo que nos lleva a escudriñar en primer lugar los marcos legales nacionales e internacionales que apoyan el derecho al Consentimiento, esencial para que las comunidades mayas, como Pueblos Indígenas, puedan ejercer el derecho a la Autodeterminación en cuestiones relacionadas con su propio patrimonio cultural. A partir del estudio de estos marcos legales elaboramos una propuesta de restauración que tiene como fin último la implementación del derecho del pueblo Maya a preservar, mantener, controlar, proteger y desarrollar su propio patrimonio cultural (ONU. Asamblea General 2007, art. 31). Si bien el Consentimiento y la Autodeterminación son principios fundamentales en el ámbito de los derechos humanos hoy en día (e.g. Molinero 2008, Gutiérrez y Del Pozo 2019), también debemos enmarcarlos dentro de las teorías poscoloniales, descoloniales y posestructuralistas (véase entre otras obras: Said 2003/1978, Spivak 1999, Tuhiwai 2012, Rivera Cusicanqui 2010), todas ellas nutridas por las luchas históricas de los Pueblos Indígenas en el siglo pasado.

Las ideas y reflexiones teóricas expuestas en este artículo forman parte de los resultados de una investigación llevada a cabo en el marco del proyecto ‘Threatened cultural landscapes and heritage. The Chenes region in Mexico as a test case for guidelines’ development for safeguarding cultural heritage in Latin America’ dirigido por el autor de este artículo y financiado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania (BMBF) y la Unión Europea (UE).

Dichas reflexiones giran en torno a un proyecto básico de intervención, rescate y consolidación de un edificio patrimonial. El edificio en cuestión es una torre emblemática, única en toda la región Maya, localizada en el sitio de Nocuchich (Nuukuch Ich)[2], en la región de los Chenes, Hopelchén, Campeche. La intervención propone realizar las acciones mínimas necesarias de consolidación y refuerzo estructural en la base de la torre, lo que incluye la reintegración de sillares para mejorar la estabilidad del monumento.

El artículo se divide en dos secciones: en primer lugar, se expone el contexto legal que tiene implicaciones directas para las intervenciones en el patrimonio Maya en general. En segundo lugar y como respuesta natural a dichas implicaciones legales, se elabora una propuesta preliminar de consolidación del monumento acorde con el principio del Consentimiento y otros criterios como la adecuación cultural y la Autodeterminación. Finalmente, se ofrecen unas breves conclusiones y reflexiones generales.

Debemos resaltar que el objetivo de este texto no es profundizar en conceptos y teorías que han sido ampliamente discutidas en otras partes. Más bien propone dar un paso adelante en la implementación práctica de tales teorías y principios. En este sentido, este artículo se propone elaborar una respuesta a la pregunta: ¿Cómo integrar los principios de Consentimiento y Autodeterminación en un proyecto de intervención en el patrimonio Maya? Desde luego, no buscamos la respuesta, unívoca, sino una posible respuesta dentro del cosmos -diverso y multívoco- de posibilidades.

Contexto legal e implicaciones en la investigación científica

En México, al igual que en otros países con historias coloniales, los programas y planes de salvaguardia del patrimonio suelen dejar al margen a los Pueblos Indígenas, en la toma de decisiones sobre la preservación, mantenimiento, control, protección y desarrollo de su (nuestro) propio patrimonio cultural.

Sin embargo, la reforma constitucional del año 2011, art. 1, convierte los tratados y convenios internacionales en materia de derechos humanos, en documentos legalmente vinculantes (Secretaría de Gobernación 2016). En este sentido, la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (CSPCI) del año 2003, enfatiza que las actividades de los países solo pueden llevarse a cabo con la participación o involucramiento de las comunidades, grupos e individuos indígenas concernientes. Ello tiene implicaciones fundamentales en el desarrollo de estrategias de salvaguardia del patrimonio.

Si bien, esta convención se centra únicamente en el patrimonio ‘inmaterial’, también es válida para los edificios y vestigios arqueológicos debido a que, por su naturaleza holística, el patrimonio de los Pueblos Indígenas no reconoce fronteras conceptuales entre lo ‘material’ y lo ‘inmaterial’ del patrimonio en general. De hecho, el estudio sobre patrimonio, realizado por el Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (MEDPI) señala que las categorías ‘tangible’, intangible’ y ‘natural’ son inapropiadas para el patrimonio indígena (ONU. Asamblea General 2015). Ello no significa que la CSPCI pierda efecto en el caso indígena o que se limite su alcance jurídico, sino al contrario, su cobertura traspasa las fronteras conceptuales y afecta simultáneamente al patrimonio ‘intangible’, ‘tangible’ y ‘natural’. Por ejemplo, en el caso del patrimonio Maya, los sitios y ‘objetos’ arqueológicos portan significados simbólicos y espirituales para las comunidades descendientes. En muchos casos, los ‘objetos’ (ej. ofrendas, entierros, etc. extraídos en las excavaciones) son reliquias inseparables de su valor espiritual. Son entes vivos. Al mismo tiempo la espiritualidad, tradición oral y memoria cultural de las comunidades mayas están íntimamente conectadas al paisaje cultural (cuevas, montañas, fuentes de agua, etc.), sitios arqueológicos, esculturas, cerámica, figurillas, etc. Podemos decir en este caso que el patrimonio tangible porta significados intangibles, mientras que el patrimonio intangible a menudo se materializa en objetos específicos.

Sobre los significados simbólicos del patrimonio material se ha teorizado ampliamente en los estudios del giro material en las ciencias sociales y en la arqueología (ver por ejemplo Hodder, 1994). Sin embargo, aún existe un distanciamiento ontológico entre estudios académicos y Pueblos Indígenas que hace falta problematizar. Esta problematización contribuye al desarrollo de prácticas culturalmente adecuadas en la investigación. Por ejemplo, podemos cuestionar que, aunque se reconoce que los ‘objetos’ arqueológicos portan significados utilitarios, religiosos, espaciales y temporales, cuya interpretación permite entender el pasado, todavía se excluye del proceso reflexivo e interpretativo a las comunidades indígenas descendientes, para quienes tales vestigios (por ejemplo, los restos de los ancestros, ofrendas, cerámica, etc.) son reliquias sagradas…

…que pertenecen al lugar y deben permanecer en el sitio donde han sido enterrados ya que representan la presencia espiritual de nuestros antepasados y son los elementos a través de los cuales mantenemos viva su memoria y la memoria de nuestros pueblos. (Ka’ Kuxtal 2020)

En la región Maya, no son pocos los casos en los que los trabajadores de las excavaciones, miembros de las comunidades indígenas, se niegan o se resisten (a menudo pasivamente dada la necesidad de trabajo) a excavar en los sitios arqueológicos, en especial en los entierros, debido a la conexión espiritual que se mantiene con estos sitios. No es extraño escuchar durante las excavaciones, anécdotas en las cuales se relaciona la participación en las exhumaciones con problemas de salud, espirituales, económicos, emocionales o de otro tipo. Estas narrativas condensan la moralidad de las comunidades indígenas. Por lo tanto, son relevantes en el desarrollo de prácticas culturalmente adecuadas. Mediante las narrativas, la comunidad hace patente su preocupación y desacuerdo colectivo por exhumar las reliquias de los ancestros. De ahí que el Consentimiento, de buena fe, se convierte en un factor fundamental en los proyectos de excavación arqueológica.

Por ello, tal como lo recomienda el estudio del MEDPI, se debe adoptar un acercamiento holístico en el patrimonio cultural de los Pueblos Indígenas, y se hace necesario reflexionar en profundidad sobre las implicaciones de involucrar las ontologías y epistemologías indígenas en las estrategias de salvaguardia.

Volviendo a las implicaciones de la reforma constitucional del 2011, otros documentos como el Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo 2014) y los tratados internacionales en materia de derechos humanos, se convierten en legalmente vinculantes para el Estado Mexicano. Así mismo, esta reforma compromete al Estado en la implementación efectiva de los principios de la DNUDPI[3]. Al mismo tiempo, la participación e involucramiento de las comunidades e individuos que refiere la CSPCI derivan del compromiso por obtener el Consentimiento Previo, Libre e Informado de los Pueblos Indígenas, promovida en el Convenio 169 y elaborada con mayor detalle en la DNUDPI. De hecho, la CSPCI (párrafos 1, 2, 7 101) da un paso adelante en este sentido y requiere obtener el Consentimiento de las comunidades indígenas afectadas cuando se deseen inscribir elementos patrimoniales en la lista del Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

En cuestiones de Patrimonio de los Pueblos Indígenas, el artículo 6 del Convenio 169 de la OIT, en combinación con los artículos 31 y 32 de la DNUDPI, demandan a las instituciones del Estado obtener el Consentimiento de las comunidades indígenas cuando se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente. Como es de esperar, ello incluye proyectos y planes de salvaguardia del Patrimonio Cultural, mapeos de sitios arqueológicos, excavaciones arqueológicas, restauración y consolidación de edificios patrimoniales pre-coloniales, salvamento arqueológico, etc.

El Artículo 31.1 de la DNUDPI menciona:

Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales, sus expresiones culturales tradicionales y las manifestaciones de sus ciencias, tecnologías y culturas, comprendidos los recursos humanos y genéticos, las semillas, las medicinas, el conocimiento de las propiedades de la fauna y la flora, las tradiciones orales, las literaturas, los diseños, los deportes y juegos tradicionales, y las artes visuales e interpretativas. También tienen derecho a mantener, controlar, proteger y desarrollar su propiedad intelectual de dicho patrimonio cultural, sus conocimientos tradicionales y sus expresiones culturales tradicionales.

Por su parte, el Artículo 32.2 de la DNUDPI establece la cooperación de gobiernos y pueblos indígenas:

Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte a sus tierras o territorios y otros recursos, particularmente en relación con el desarrollo, la utilización o la explotación de recursos minerales, hídricos o de otro tipo.

A partir de estos dos artículos, no resulta difícil deducir que el Consentimiento aplica también al diseño y ejecución de proyectos de investigación científica –por ejemplo, proyectos de documentación, arqueológicos, antropológicos, etnográficos, biológicos, botánicos, etc.–, los cuales a menudo se llevan a cabo en el seno, y bajo control de instituciones gubernamentales de patrimonio, educativas y científicas. En relación con el desarrollo, uso y explotación de recursos de otro tipo, cobra especial relevancia el patrimonio cultural indígena, como recurso ‘tangible’, ‘intangible’ o ‘natural’ (sitios arqueológicos, espacios rituales, lengua, memoria cultural, paisajes culturales-sagrados, etc.), históricamente desarrollado, usado y explotado por los Estados modernos en la construcción de la identidad nacional, y en las últimas décadas explotado como recurso de mercado para el turismo global[4] (ver por ejemplo la discusión de Kohl 1998 y de Kaltmeier y Rufer 2016). Por lo tanto, en el respeto al derecho de los Pueblos Indígenas a mantener, controlar, proteger y desarrollar su patrimonio cultural, las instituciones estatales deben celebrar consultas para obtener el CPLI de las comunidades indígenas antes de aprobar cualquier proyecto que afecte sus tierras y recursos patrimoniales.

Teniendo como soporte principal dichos documentos, el estudio del Mecanismo de Expertos (ONU. Asamblea General 2015) también recomienda expresamente a los Estados, instituciones y organismos internacionales, obtener el Consentimiento de los Pueblos Indígenas afectados. Concretamente recomienda:

-A los Estados, consultar y permitir la participación activa de los Pueblos Indígenas en todo el proceso de identificación, evaluación, clasificación, interpretación, preservación, salvaguardia, monitoreo, gestión y desarrollo de su patrimonio cultural y natural, y resalta que los Estados tienen la obligación de buscar el CPLI de los Pueblos Indígenas antes de adoptar cualquier medida que afecte su patrimonio cultural y natural (párrafos 10 y 12).

-A los organismos internacionales, mejorar la coordinación y la colaboración entre las instituciones[5] y los organismos del sistema de las Naciones Unidas en cuestiones relacionadas con el patrimonio cultural y los derechos humanos. Supervisar, con procedimientos especiales, las políticas de los Estados sobre el acceso al patrimonio cultural para asegurarse de que respetan los principios de la DNUDPI y que actúan de conformidad con las disposiciones del Convenio Nº 169 de la OIT en la protección del patrimonio cultural, y obtener el CPLI antes de tomar cualquier decisión que afecte el patrimonio indígena (párrafos 24-26).

No obstante, vale la pena señalar que las instituciones en México, en particular las de patrimonio, no están familiarizadas con los protocolos de Consulta para obtener el CPLI. De hecho, la obtención del Consentimiento es un procedimiento relativamente nuevo para las instituciones nacionales, e incluso se ha visto que en proyectos de desarrollo fallan en su correcta implementación[6], comenzando con la omisión del carácter previo en la obtención del Consentimiento[7] (algunos casos emblemáticos se listan en Gutiérrez y Del Pozo 2019, pp, 8-9).

A nivel internacional en materia de investigaciones sobre patrimonio, la Relatora Especial sobre los Derechos Culturales, desde 2011, ya hizo un llamamiento a la comunidad científica en general para obtener el CLPI (ONU. Asamblea General 2011):

Párrafo 80: f) Los Estados deben adoptar medidas para alentar a los profesionales que trabajan en el ámbito del patrimonio cultural a adoptar un criterio basado en los derechos humanos y a desarrollar normas y orientaciones al respecto, h) De la misma manera, los investigadores deben forjar relaciones más sólidas con las comunidades y los pueblos cuyo patrimonio cultural quieren investigar, especialmente al registrar las manifestaciones del patrimonio cultural, para garantizar su consentimiento libre, previo e informado en todas las etapas de la investigación y la difusión.

En esa misma dirección se pronuncia el Mecanismo de Expertos, en el estudio antes citado, que da seguimiento al informe presentado por la Relatora Especial sobre los Derechos Culturales, y que además incluye una descripción detallada de los instrumentos jurídicos que sustentan la obligación de obtener el CLPI.

El Consentimiento

El derecho al Consentimiento resulta de la lucha histórica de los Pueblos Indígenas contra la opresión y marginalización, principalmente en lo relacionado con la toma de decisiones sobre asuntos propios (principio de Autodeterminación).

Para la obtención del Consentimiento por parte de agencias o instituciones no-indígenas existen mecanismos especializados. Por ejemplo, en México los protocolos de consulta para obtener el CLPI consisten en 5 pasos (Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas 2013): a) Etapa de actos previos, b) Etapa informativa, en la cual se provee toda la información necesaria y requerida por las comunidades indígenas para su estudio. La información además debe incluir no solo los posibles beneficios, sino los posibles perjuicios e impactos negativos del proyecto. Deberá ser presentada en el idioma de las comunidades indígenas involucradas, c) Etapa deliberativa, es una fase fundamental para que las comunidades tomen el tiempo necesario acorde con sus propios calendarios para analizar en profundidad la información provista, y tomar las decisiones de rechazo o aceptación según sus formas tradicionales sin la intervención de agentes externos a las comunidades, d) Etapa consultiva, consiste en llevar a cabo la consulta por parte de las instituciones para escuchar el veredicto de las comunidades, que igualmente podría ser un SÍ, o un NO. Si fuera el caso, la negativa deberá ser aceptada y se evitará utilizar mecanismos de coerción para cambiar la decisión de la comunidad. e) Seguimiento. Tanto si se obtiene el Consentimiento de las comunidades, como si se obtiene una negativa, esta fase consiste en realizar acciones de vigilancia y monitoreo para el respeto de los Derechos de los Pueblos Indígenas en el proceso post-consulta.

Este protocolo representa una buena base sobre la cual los proyectos científicos por parte de instituciones no indígenas pueden obtener el CLPI.

En este sentido, vale la pena enfatizar que los protocolos de Consulta para el Consentimiento están dirigidos a instituciones, entidades, colectivos, organizaciones y agentes no indígenas. Por su parte, las comunidades indígenas, en el ejercicio de la Autodeterminación, suelen utilizar las Asambleas comunitarias y otros mecanismos tradicionales, para aprobar o rechazar proyectos o iniciativas promovidas por sus propios miembros. Naturalmente, el protocolo de Consulta también puede servir como guía para las propias comunidades, especialmente en el estudio de casos que consigan avances importantes en la implementación de la DNUDPI[8].

El proyecto de intervención

El objetivo general de la intervención consiste en reintegrar los sillares y mampostería en la base de la torre, utilizando los materiales y sistemas constructivos tradicionales, para mejorar su estabilidad estructural.

 Antecedentes

Las fotografías de Teobert Maler[9] realizadas en su visita a la Península de Yucatán, dieron a conocer las dos torres del sitio Nukuuch Ich al público en general. Sin embargo, poco se conoce sobre la función y significado de los monumentos en el sitio. Sobre la torre que nos ocupa se ha especulado que podría ser una representación simbólica de los templos con altas cresterías típicas de la región, cumpliendo en todo caso las mismas funciones que los templos, o que podrían ser “torres-emblema”, donde se realizarían rituales con significados dinásticos (Andrews 1989). También se ha especulado con la posible función como dispositivos astronómicos para el registro de los pasos cenitales en la región (Tichy 1992). Sin embargo, Maler recoge el testimonio del pueblo Maya en Hopelchén, lo que constata que la torre con mascarón aún mantenía una función ritual hacia finales del siglo XIX:

Entre las junturas de las piedras en la parte inferior de la figura colosal encontré los restos de varias velas a medio quemar; estaban hechas de cera café de abejas silvestres. Al preguntar el por qué esas velas eran encendidas ahí, mis gentes contestaron que los cazadores que cazan en la sabana vecina siempre dedican una vela a esta figura sagrada, a fin de tener suerte en la cacería, pues solo así pueden alcanzar al venado antes herido por sus disparos” (Traducción de Benavides y Paap 2020).

La torre mide en su base cuadrada aproximadamente 1.80 x 1.80 metros y alcanza los 10.50 metros de altura. El cuerpo de la torre se compone de tres volúmenes cúbicos, que reducen de tamaño en cada nivel. Sobre el cuerpo sólido descansa una alta crestería también subdividida entres niveles.

Trabajos previos

De acuerdo con los principios teóricos elaborados en la primera parte, los objetivos del proyecto de intervención en la torre Nukuuch Ich fueron definidos por miembros de varias comunidades mayas de la región de los Chenes, coordinados desde la Asamblea de la organización indígena Ka’ Kuxtal Much Meyaj. El esfuerzo organizativo y de coordinación llevado a cabo por la Asamblea indígena hoy en día procura la implementación del principio de Autodeterminación.

Desde marzo del año 2010, se han realizado varias visitas al lugar para documentar y recoger información que permita evaluar el estado de conservación del edificio y su contexto arqueológico inmediato. En el pasado ya se reportaron los daños causados a otros edificios del sitio cercanos a la torre[10], por lo que ahora nos centraremos en atender los problemas estructurales de este edificio en particular.

A partir de las visitas anteriores se actualizó la información del GPS, y desde el año 2016 se reportó la destrucción de varios edificios al INAH, la institución encargada de velar por el patrimonio en México. A partir del año 2017 y en el marco del proyecto ‘Threatened cultural landscapes and heritage’, se realizaron los levantamientos arquitectónicos usando la técnica de la fotogrametría.[11] La toma de datos, no obstante, se llevó a cabo en dos fases y de formas diferentes. La primera consistió en el uso de un dron con cámara digital integrada, con el objetivo de obtener un modelo tridimensional completo de la torre. En la segunda recogida de datos se realizaron fotografías de la base de la torre usando una cámara fotográfica digital, con el fin de obtener un modelo tridimensional de alta resolución, que provea la máxima información posible del área a intervenir (Figuras 1 y 2).

Figura 1. Modelo completo de la torre. Elaboración propia.

Figura 2. Modelo de alta resolución de la base de la torre. Elaboración propia.

Con la información obtenida se realizó una primera evaluación, misma que se contrastó con fotografías históricas (Figuras 3 y 4), lo cual nos permitió comprobar que el estado de conservación de la torre se ha mantenido relativamente estable desde el siglo pasado. Salvo algunas pérdidas de estuco, no se notan deterioros drásticos en las últimas décadas. De hecho, en nuestra visita en marzo del 2010 pudimos documentar restos de pintura roja en las partes mejor conservadas del estuco (Figura 5). No obstante, la torre sufre un serio problema estructural, que ya existía desde la visita de Maler, causado por la paulatina pérdida de sección en su base.

Figura 3. a) Torre Nuukuch Ich. Maler 1898 en Prem 1997: plate 150.

Figura 4. Comparación del estado de conservación de la base de la torre. Maler 1898 y Manuel May 2019.

Figura 5. Restos pictóricos en la base de la torre. Manuel May, 2010.

Por otro lado, y aún mucho más grave que los factores medioambientales y su deterioro estructural, la torre se enfrenta en la actualidad a una seria amenaza motivada por fenómenos globales. En concreto nos referimos al neoliberalismo económico. En efecto, el área donde se emplaza el sitio de Nuukuch Ich está incluida en la región donde se implementa el plan piloto para la siembra de soya transgénica, promovida por la multinacional Monsanto-Bayer e instituciones gubernamentales mexicanas (Gutiérrez y Del Pozo 2019, p. 35). En el reporte entregado a la institución de patrimonio ya alertamos sobre la alarmante destrucción de la selva con maquinaria pesada, que afectó varios edificios del sitio. Más aún, la frontera del cultivo industrial se encuentra a escasos metros de la torre y otros edificios monumentales. En nuestros recorridos como parte del proyecto ‘Threatened Heritage’ pudimos documentar un buen número de edificios y chultunes en toda el área[12]. Como resultado de dicho trabajo concluimos que el asentamiento de Nuukuch Ich es mucho mayor de lo que se pensaba y de lo que otros investigadores han registrado anteriormente (Prem 1997, pp. 188-190; Andrews 1989) y que además se encuentra en una zona de alto riesgo y bajo seria amenaza de destrucción.

No es la primera vez que un fenómeno global amenaza el sitio de Nuukuch Ich. De hecho, una primera torre-escultura, también fotografiada por Maler, fue destruida por saqueadores en la segunda mitad del siglo pasado, en busca de ‘el oro guardado’ en su núcleo[13]. Fue aquel monumento con un mascarón de grandes ojos el que dio nombre al sitio: Nuukuch Ich, Grandes abultados ojos (Figura 6). Como sabemos, el tráfico de bienes culturales es un negocio global que junto con el tráfico de drogas y armas es considerado por la UNESCO uno de los comercios ilegales de mayor persistencia a nivel mundial (véase UNESCO s/f). Este mercado global de reliquias mayas se benefició especialmente de la necesidad económica de las familias indígenas durante la crisis de las décadas de los años 60-70 y de las estructuras de poder de base colonial en México. En la ciudad de Hopelchén se asentaron comerciantes no indígenas (‘patrones’) dedicados a la compra de reliquias, quienes fueron surtidos en muchas ocasiones por familias mayas, a cambio de dinero apenas suficiente para comprar alimentos básicos.[14]

Figura 6. Torre-escultura en Nuukuch Ich. Cortesía Ibero-Amerikanisches Institut.

Investigación con, por y para las comunidades Mayas

La iniciativa para el rescate y consolidación de este monumento se comenzó a gestar en las comunidades mayas de los Chenes, en el contexto del proyecto Threatened cultural landscapes and heritage[15]. En línea con ese proyecto, esta iniciativa propone un cambio de paradigma en la investigación del patrimonio maya, lo que tiene que ver con la protección de sitios sagrados amenazados por los cultivos industrializados a gran escala.

Este cambio paradigmático radica en implementar tres acciones fundamentales en la metodología de trabajo: 1) Atender una de las necesidades más apremiantes de las comunidades indígenas, de acuerdo con la lista de problemas urgentes elaborada por ellas mismas en sus Asambleas; 2) generar una propuesta ‘desde dentro’. Es decir que los objetivos del proyecto se diseñan con, por y para las comunidades indígenas; 3) integrar el Consentimiento como principio metódico esencial.

Las dos primeras acciones son fundamentales para promover el principio de Autodeterminación, en tanto que no son promovidas primando intereses externos a las comunidades. Es decir que las prioridades del (la) investigador(a) o la agenda científica de instituciones externas no se anteponen a las prioridades de las comunidades indígenas locales. Desde luego se establecen colaboraciones y alianzas con instituciones locales, nacionales y extranjeras en cuestiones técnicas, científicas, e incluso para la obtención de fondos. Sin embargo, en las colaboraciones y alianzas (partnership) rige el principio de horizontalidad y se evitan las relaciones verticales de poder.

La combinación de las tres acciones citadas busca -insistimos, mediante un trabajo científico gestado desde ‘abajo’ y de manera transversal- proveer herramientas esenciales para el empoderamiento de las comunidades indígenas locales, y para solventar los problemas más urgentes que les (nos) aquejan. Vale la pena destacar que en todo el proceso de investigación intervienen diversos actores mayas –intelectuales, investigadoras e investigadores, abuelos y abuelas, jóvenes, etc.- como sujetos activos y empoderados, ejerciendo el derecho a preservar, mantener, controlar, proteger y desarrollar su propio patrimonio cultural.

A diferencia de la práctica académica ‘tradicional’, donde también se incluye la participación de miembros de las comunidades mayas, pero inescapablemente sujetos a relaciones verticales de poder, en este caso se propone un giro en tales relaciones donde el o la investigadora principal, junto con el equipo técnico de arqueólogas(os), arquitectas(os), becarias(os), etc., no se posicionan por encima en una relación jerárquica de poder, sino al mismo nivel que cada uno de los miembros de la comunidad indígena. En tal caso, la Asamblea[16] es la autoridad máxima, y quien toma las decisiones más importantes del proyecto, desde el diseño mismo hasta la ejecución de los detalles. De hecho, tratándose de un proyecto promovido por un colectivo indígena[17], el Consentimiento se obtiene a través de la Asamblea comunitaria.

Vale la pena destacar que, si bien las Asambleas representan una alternativa culturalmente adecuada de gobernanza y toma de decisiones, también es cierto que no todas garantizan la participación plena de la comunidad, en particular de mujeres y jóvenes. Por otro lado, existe un buen número de Asambleas Mayas y otras formas de organización comprometidas con la descolonización de la gobernanza Indígena. En particular, se cuestionan cada vez más los roles de género y las jerarquías preestablecidas. Los avances más significativos se pueden encontrar en las comunidades zapatistas, pero también encontramos Asambleas en Hopelchén (p.e. en Santa Rita ó Xcupil Cacab), donde las mujeres participan activamente. La organización indígena Ka’ Kuxtal Much Meyaj, por ejemplo, involucra jóvenes, chicos y chicas, en su Asamblea y lleva varios años siendo representada por una presidenta.

Por otra parte, la cuestión de género intersecada con la gobernanza Indígena y la Autodeterminación es un tema central en muchos Pueblos Indígenas. En varias regiones del planeta no solo se cuestiona la relación entre las violencias de género y la Autodeterminación Indígena, sino también se consideran futuras visiones de ésta última, incluyendo la rematriación de la gobernanza y la soberanía de los pueblos (véase el inspirador trabajo de Kuokkanen 2019).

Criterios básicos de intervención

En la primera parte de este artículo ya se detallaron los dos principales criterios básicos de intervención, que son la implementación de los principios de Consentimiento y Autodeterminación en línea con los estándares internacionales en materia de derechos humanos. La implementación de tales principios viene motivada por el necesario proceso de empoderamiento de las comunidades indígenas que a final de cuentas pretende ser una pequeña contribución al proceso de descolonización.

En cuestiones prácticas, la intervención consiste en la reintegración de mampostería y sillares faltantes en la base de la torre. En total se reintegrará menos de 1 m3 de mampostería. Los sillares para la reintegración de las esquinas y las piedras necesarias para el relleno se recuperarán en el sitio.

Respecto a las técnicas de intervención, se contempla la aplicación del conocimiento de expertos mayas conocedores de las técnicas constructivas tradicionales y los procedimientos especiales en la obtención de materiales de construcción. Para ello se realizarán talleres comunitarios guiados por expertos locales, principalmente albañiles y personas mayores de las comunidades, conocedoras de los procedimientos tradicionales de producción de cal viva, elaboración de morteros (con el uso del sahcab y aditivos vegetales) y fabricación de mampostería, quienes dirigirán los procesos de fabricación. Mientras tanto, un equipo técnico, coordinado principalmente por jóvenes mayas, documentará con video grabaciones el procedimiento en su totalidad, desde las discusiones sobre dónde y cómo obtener los materiales, pasando por los necesarios rituales de petición de permiso hasta la fabricación y aplicación de los materiales en el monumento. Vale la pena resaltar que las técnicas tradicionales de construcción, si bien se han preservado por largo tiempo desde la colonización, en el presente están casi extintas a causa de la producción industrializada de materiales de construcción. La importancia de llevar a cabo la documentación desde la perspectiva indígena radica en que se hace más visible la relación íntima y espiritual con el medioambiente durante los procedimientos ancestrales de obtención de recursos y fabricación de materiales. Esa sinergia entre procesos de producción, obtención de recursos y relación con el medioambiente, constituye una parte esencial del patrimonio cultural indígena, también amenazado y en vías de extinción. Con todo ello se contribuye a la reintegración de la memoria cultural de las comunidades indígenas locales, en particular restaurando los puentes de transmisión de conocimiento entre adultos mayores y jóvenes.

Conclusiones

Esta iniciativa de intervención va más allá de la consolidación estructural del monumento, y propone un cambio de paradigma en la praxis investigadora del patrimonio Maya: Aboga por diseñar los objetivos de investigación de acuerdo con la agenda indígena y los problemas más apremiantes que enfrentan las comunidades. Más aún, propone diseñar la propuesta desde dentro, y llevarla a cabo con, por y para las comunidades mayas. En el proceso, la obtención del Consentimiento Previo se convierte en un principio metódico fundamental.

Los avances en materia jurídica a nivel internacional y doméstico obligan a replantearnos las formas ‘tradicionales’ de hacer investigación en contextos indígenas. Principios como el Consentimiento, la Autodeterminación y otros derechos son bases fundamentales sobre las que repensar la praxis académica. En países como en México, el respeto o implementación de tales principios y derechos son en la actualidad jurídicamente vinculantes u obligatorios por ley. Sin embargo, independientemente de que sean o no establecidos por ley, la comunidad científica y académica -seamos indígenas o no-, tenemos el compromiso moral de hacer valer y respetar los derechos de los Pueblos Indígenas en el terreno.

Como propuesta metodológica, este artículo se inserta dentro de un plan piloto para la salvaguardia del patrimonio cultural que se desarrolla en la región de los Chenes, y que ambiciona extenderse a otras comunidades mayas, incluso a otras partes de Latinoamérica, en el espíritu de apuntalar los distintos marcos jurídicos nacionales.

Agradecimientos

Los resultados aquí expuestos fueron posibles gracias al apoyo del programa P.R.I.M.E. 2017 (Postdoctoral Researchers International Mobility Experience) financiado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania (BMBF) y la Unión Europea (UE) a través del Programa Personas (Acciones Marie Curie/COFUND) del Séptimo Programa Marco de la Unión Europea (FP7/2007-2013) en virtud del acuerdo de subvención REA n° 605728. Agradezco a la Asamblea de la organización indígena Ka’ Kuxtal Much Meyaj, por la revisión del texto final y a Xochitl Leyva Solano por sus consejos y ese agudo pensar en voz alta. Finalmente agradezco a los revisores anónimos cuya crítica ayudó a mejorar sustancialmente este texto.

Acknowledgements

The results exposed here were made possible thanks to the support of the program P.R.I.M.E. 2017 (Postdoctoral Researchers International Mobility Experience) funded by the German Federal Ministry of Education and Research (BMBF) and the European Union (EU) through the People Programme (Marie Curie Actions/COFUND) of the European Union’s Seventh Framework Programme (FP7/2007-2013) under REA grant agreement n° 605728. I thank the Assembly of Indigenous organization Ka’ Kuxtal Much Meyaj for reviewing the final text and Xochitl Leyva Solano for her advice and sharp thinking. Finally, I would like to thank the anonymous reviewers whose criticism helped to substantially improve this text.

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Notas

  1. Véase Asamblea General 2007
  2. Agradezco a Don Jaime Roca Pech por su apoyo en la correcta transliteración del nombre del sitio. En la mayoría de las fuentes se escribe erróneamente como Nocuchich, pero debería ser escrito Nuukuch Ich. Ojos grandes y abultados (Nuuk: Cosa grande, uch: abultado, Ich: ojos). El nombre se debe a un mascarón de ojos grandes en una torre-escultura, que lamentablemente fue destruida por saqueadores en el siglo pasado.
  3. En este sentido se ha logrado un importante avance en el ámbito jurídico con la integración de la DNUDPI en la Constitución Política de la Ciudad de México. (Gobierno de la Ciudad de México 2017). Así mismo, la convocatoria de consulta pública al Proceso de Consulta Indígena y Jornada de Ejercicio Participativo Ciudadano sobre el Proyecto de Desarrollo Tren Maya se fundamenta en los artículos de la DNUDPI, y naturalmente en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (Secretaría de Gobernación 2019).
  4. El estudio del MEDPI ( Asamblea General 2015) párrafo 19 señala: ‘El patrimonio cultural ha adquirido un enorme valor económico como uno de los pilares de la industria turística, lo que a menudo repercute negativamente en los derechos de los Pueblos Indígenas’ (trad. propia).
  5. Naturalmente aquí quedan incluidas las universidades e instituciones científicas.
  6. En diciembre del año 2019 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló que el proceso de consulta para el ‘Tren Maya’ no ha cumplido con todos los estándares internacionales (ONU-DH Oficina del Alto Comisionado 2019).
  7. En noviembre de 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación, falló a favor de las comunidades Mayas, reconociendo que se violó el derecho a la Consulta en el plan piloto de liberación de Organismos Genéticamente Modificados y ordena a las instituciones estatales cumplir con la obligación de realizar la consulta para obtener el CPLI. (Suprema Corte de Justicia de la Nación 2015)
  8. Cada vez más se elaboran protocolos para obtener el Consentimiento en los cuales los Pueblos Indígenas de Latinoamérica juegan un rol protagónico (Grupo Internacional De Trabajo Sobre Asuntos Indígenas – IWGIA. 2019)
  9. Publicadas en la revista Globus en 1896 y otras impresas en papel (Benavides y Paap 2020).
  10. Véase el método expuesto en May y Martín (2015).
  11. Véase el método expuesto en May y Martín (2015).
  12. Los datos de localización de estos monumentos y el mapa de la zona se encuentran bajo resguardo de la Asamblea en la organización Ka’ Kuxtal Much Meyaj.
  13. Tradición oral muy conocida en Hopelchén. Son varias las personas que nos transmitieron esta historia, sin embargo, a falta del Consentimiento, sus identidades se mantendrán anónimas.
  14. Testimonio oral compartido de manera muy similar en las comunidades de Iturbide, Xkalot Akál, Santa Rita, Xcupil y Cumpich.
  15. El proyecto consiste en el registro y documentación de sitios patrimoniales-sagrados, amenazados por los cultivos extensivos de transgénicos.
  16. Es decir, todos los miembros de la comunidad concerniente. La participación plena es un factor fundamental en el ejercicio de la Autodeterminación.
  17. El autor de este artículo es un académico indígena Maya y pertenece al colectivo que promueve la salvaguardia del sitio.

[1] Véase ONU. Asamblea General 2007.

[2] Agradezco a Don Jaime Roca Pech por su apoyo en la correcta transliteración del nombre del sitio. En la mayoría de las fuentes se escribe erróneamente como Nocuchich, pero debería ser escrito Nuukuch Ich. Ojos grandes y abultados (Nuuk: Cosa grande, uch: abultado, Ich: ojos). El nombre se debe a un mascarón de ojos grandes en una torre-escultura, que lamentablemente fue destruida por saqueadores en el siglo pasado.

[3] En este sentido se ha logrado un importante avance en el ámbito jurídico con la integración de la DNUDPI en la Constitución Política de la Ciudad de México. (Gobierno de la Ciudad de México 2017). Así mismo, la convocatoria de consulta pública al Proceso de Consulta Indígena y Jornada de Ejercicio Participativo Ciudadano sobre el Proyecto de Desarrollo Tren Maya se fundamenta en los artículos de la DNUDPI, y naturalmente en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (Secretaría de Gobernación 2019).

[4] El estudio del MEDPI (ONU. Asamblea General 2015) párrafo 19 señala: ‘El patrimonio cultural ha adquirido un enorme valor económico como uno de los pilares de la industria turística, lo que a menudo repercute negativamente en los derechos de los Pueblos Indígenas’ (trad. propia).

[5] Naturalmente aquí quedan incluidas las universidades e instituciones científicas.

[6] En diciembre del año 2019 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló que el proceso de consulta para el ‘Tren Maya’ no ha cumplido con todos los estándares internacionales (ONU-DH Oficina del Alto Comisionado 2019).

[7] En noviembre de 2015 la Suprema Corte de Justicia de la Nación, falló a favor de las comunidades Mayas reconociendo que se violó el derecho a la Consulta en el plan piloto de liberación de Organismos Genéticamente Modificados y ordena a las instituciones estatales cumplir con la obligación de realizar la consulta para obtener el CPLI. (Suprema Corte de Justicia de la Nación 2015)

[8] Cada vez más se elaboran protocolos para obtener el Consentimiento en los cuales los Pueblos Indígenas de Latinoamérica juegan un rol protagónico (Grupo Internacional De Trabajo Sobre Asuntos Indígenas – IWGIA. 2019)

[9] Publicadas en la revista Globus en 1896 y otras impresas en papel (Benavides y Paap 2020).

[10] Exp. Arq. N0.58/16. La respuesta del INAH la recibimos mediante el oficio Oficio No. 401.F (4) I38. 2016/JUR-4246.

[11] Véase el método expuesto en May y Martín (2015).

[12] Los datos de localización de estos monumentos y el mapa de la zona se encuentran bajo resguardo de la Asamblea en la organización Ka’ Kuxtal Much Meyaj.

[13] Tradición oral muy conocida en Hopelchén. Son varias las personas que nos transmitieron esta historia, sin embargo, a falta del Consentimiento, sus identidades se mantendrán anónimas.

[14] Testimonio oral compartido de manera muy similar en las comunidades de Iturbide, Xkalot Akál, Santa Rita, Xcupil y Cumpich.

[15] El proyecto consiste en el registro y documentación de sitios patrimoniales-sagrados, amenazados por los cultivos extensivos de transgénicos.

[16] Es decir, todos los miembros de la comunidad concerniente. La participación plena es un factor fundamental en el ejercicio de la Autodeterminación.

[17] El autor de este artículo es un académico indígena Maya y pertenece al colectivo que promueve la salvaguardia del sitio.

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Conocer para conservar: la arquitectura maya abovedada

Knowing to Preserve: Vaulted Maya Architecture

Laura Gilabert Sansalvador, Universitat Politècnica de València (España), E-mail: [email protected], http://orcid.org/0000-0001-7890-5334, https://scholar.google.com/citations?user=lFqMch8AAAAJ&hl, https://upv.academia.edu/LauraGilabertSansalvador.

Recibido: 30 de mayo de 2020 | Aceptado: 20 de septiembre de 2020 | Disponible en línea: 01 de enero de 2021. © Laura Gilabert Sansalvador, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto.CC BY-NC-ND

Estancia abovedada en el denominado “Palacio de los Cinco Pisos” (5D-52) de Tikal (Guatemala). (izq.) Fotografía de principios del siglo XX tomada por Teobert Maler (1911), (der.) Fotografía actual. Laura Gilabert, 2015.

Resumen

En el área maya, el estudio de la arquitectura prehispánica se ha abordado tradicionalmente desde la disciplina de la arqueología. Los estudios constructivos y estructurales de los edificios, así como el análisis de los mecanismos de degradación que les afectan, han quedado en muchos casos relegados a un segundo plano. Sin embargo, este patrimonio cultural, ampliamente valorado a nivel internacional, presenta una gran monumentalidad y complejas situaciones de conservación, por lo que su investigación y restauración requieren la participación de equipos multidisciplinares. El trabajo que aquí se presenta forma parte de una investigación con enfoque arquitectónico sobre la bóveda maya, el sistema de techumbre más avanzado de esta arquitectura y, quizás, una de las mejores expresiones del auge constructivo y de la evolución tecnológica de dicha civilización. A partir de una exhaustiva toma de datos en campo, con especial énfasis en los aspectos constructivos, se han analizado los principales agentes patológicos y los mecanismos de degradación que afectan a los edificios abovedados mayas. Se ha podido comprobar que las características constructivas de estos edificios, así como su proceso de construcción, determinan en muchos casos no sólo sus rasgos estilísticos, sino también las formas de colapso de estas estructuras. En este trabajo se estudia cómo inciden los aspectos constructivos de los edificios abovedados mayas en su proceso de deterioro y derrumbe.

Palabras clave:  patrimonio, conservación, construcción, bóveda.

 Abstract

The study of Maya architecture has traditionally been approached from the discipline of archaeology. The constructive and structural studies of the buildings, as well as the analysis of the degradation processes that affect them, have had less importance. However, this internationally recognized cultural heritage presents complex conservation situations that require the collaboration of multidisciplinary teams. The work presented here is part of a recent research on the Maya vault, the most advanced roofing system of this architecture and perhaps one of the best expressions of this civilization’s technological evolution. Based on an exhaustive collection of field data, with special emphasis on the constructive aspects, the main pathological agents and degradation mechanisms affecting Maya vaulted buildings were analyzed. This made it possible to verify that the constructive features of these buildings, as well as their construction process, determine in many cases not only their stylistic features, but also their forms of collapse. This paper shows the incidence of the constructive aspects of the Maya vaulted buildings in their process of deterioration and collapse.

Keywords: heritage, conservation, building techniques, vaulting.

Introducción

El valor y la relevancia del patrimonio arquitectónico maya están ampliamente reconocidos a nivel internacional. Prueba de ello es que ocho ciudades mayas están declaradas por la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad: Chichén Itzá, Uxmal, Calakmul y Palenque en México; Tikal y Quiriguá en Guatemala; Copán en Honduras; y Joya de Cerén en El Salvador. Sin embargo, y debido en parte a la gran cantidad de edificios que aquella cultura construyó en toda el área de las Tierras Bajas, la situación actual de conservación difiere en gran medida entre unos sitios y otros, y en muchos casos existen edificios de gran valor patrimonial que se encuentran en situación de abandono y en grave riesgo de deterioro.

Tradicionalmente, el estudio y la investigación de la arquitectura maya se ha realizado desde el ámbito disciplinar de la arqueología. Este hecho, junto con la falta de participación de equipos multidisciplinares en las excavaciones e investigaciones, ha provocado que en muchos casos los estudios sobre este patrimonio adolezcan de falta de profundidad en determinados temas constructivos y estructurales. Examinar los materiales, las técnicas y el proceso constructivo permite relacionar edificios de diferentes lugares y plantear hipótesis sobre la transferencia del conocimiento tecnológico entre diferentes regiones, lo que contribuye a la historia cultural de esta civilización. Además, la técnica constructiva puede ser un criterio más para datar los edificios, junto con otros indicadores como los rasgos estilísticos e iconográficos, los análisis cerámicos o de material orgánico y los datos epigráficos. Por otro lado, el conocimiento constructivo de los edificios resulta clave para la evaluación de los procesos de deterioro que les afectan, y para la elaboración de un diagnóstico certero sobre su estado de conservación actual. Una vez analizada esta información, es posible seleccionar los criterios y diseñar las actuaciones más adecuadas para su consolidación y restauración. Conocer en profundidad la técnica constructiva resulta, por tanto, clave para la excavación, la conservación y la restauración del patrimonio arquitectónico maya.

Este trabajo forma parte de una investigación sobre la bóveda maya realizada recientemente (Gilabert Sansalvador, 2018). Este sistema de bóveda se basa en la técnica constructiva de aproximación de hiladas, que consiste en disponer filas horizontales de piezas en saledizo hasta cerrar el espacio con una última losa o tapa[1] (Villalobos, 2001). La estabilidad de este sistema se basa en el correcto contrapesado de cada una de las hiladas, bien mediante su propio peso o bien con un relleno colocado en la parte posterior que contrarresta el vuelco (figura 1). Se trata de un sistema de sencilla ejecución cuya principal ventaja es que admite piedras sin labrar, pero requiere de un gran espesor y logra espacios de luz limitada. Aunque al inicio los mayas utilizaron esta solución intuitiva, la bóveda en la arquitectura maya experimentó un gran desarrollo y existe un amplio abanico de soluciones formales y constructivas. Con el tiempo, la evolución del trabajo de cantería consintió, especialmente en determinadas áreas geográficas, soluciones constructivas muy avanzadas, que permitieron cubrir espacios mayores y lograr formas muy perfeccionadas.

Con el objetivo de analizar en profundidad este elemento constructivo, se tomaron datos en campo de una amplia muestra de 391 bóvedas de diferentes zonas geográficas y períodos cronológicos. La información obtenida del trabajo de campo, complementada con la de las fuentes bibliográficas, se introdujo en una Base de Datos de Bóvedas Mayas diseñada ex profeso, que permite archivar, analizar y comparar todas las características de las bóvedas (Gilabert Sansalvador, 2020a). A partir del análisis comparativo de este corpus de bóvedas se ha propuesto una clasificación de la bóveda maya atendiendo a varios criterios, y se han estudiado las variantes regionales de la bóveda y su evolución en el tiempo, comprobándose que en muchos casos los rasgos estilísticos de los edificios están íntimamente relacionados con las características constructivas y el propio proceso de ejecución de los edificios.

Figura 1. Sección constructiva del Edificio 6J2 del sitio de La Blanca (Petén, Guatemala). Proyecto La Blanca, 2015.

La observación y el análisis del estado de conservación actual de los edificios abovedados nos han permitido estudiar los procesos de deterioro que afectan a estas estructuras, y cómo las particularidades constructivas en cada caso inciden en el proceso de deterioro de las estructuras y en su forma de colapso.

Método

Un edificio en situación de ruina parcial se convierte en una muy buena fuente de información para, por un lado, estudiar los diferentes elementos que componen las fábricas y analizar su proceso constructivo y, por otro lado, identificar las causas de su deterioro y comprender el proceso de derrumbe que se ha producido hasta llegar a la situación actual (Perelló Roso et al., 2009, p. 207).

En las diferentes campañas de toma de datos en campo, se registraron las características geométricas, formales, funcionales y constructivas de las bóvedas seleccionadas. El registro de la información se llevó a cabo a partir de la cumplimentación de una ficha de toma de datos diseñada ad hoc, que nos permitió sistematizar el trabajo y que complementamos con levantamientos directos y fotogramétricos de los edificios (Gilabert Sansalvador, 2020a, Gilabert et al., 2020). Además, se tomaron datos sobre su estado de conservación: para cada una de las 391 bóvedas analizadas se registró información sobre la situación de conservación actual, determinando si se conserva total o parcialmente, si ha sido restaurada y si los dinteles han sido sustituidos, anotando con qué material y criterios se ha realizado la intervención. Se registraron también otras situaciones como, por ejemplo, bóvedas que presentan graves problemas de conservación producidos por operaciones de saqueo, o edificios que aún no han sido excavados, ya sea en su totalidad o parcialmente (figura 2). Otras situaciones detectadas en cuanto a la conservación de las bóvedas son los casos en que éstas se encuentran apeadas mediante una estructura auxiliar, o cuando se han instalado testigos y elementos de control para el monitoreo y seguimiento de los movimientos y deformaciones.

Para cuantificar el estado de conservación de las bóvedas estudiadas, se grafió sobre una planimetría esquemática la parte derruida (figura 3) y se calculó el porcentaje de la superficie conservada en cada uno de los cinco planos que forman la bóveda: las dos semibóvedas (lados largos), los testeros (lados cortos) y la tapa. Siguiendo esta metodología, se registró información cuantitativa sobre el estado de conservación de un total de 291 bóvedas, un 74,4% del total, con lo que se pudo estudiar y comparar diferentes procesos de deterioro y derrumbe, analizando la incidencia de los factores arquitectónicos y constructivos en cada caso.

Figura 2. Edificio abovedado sin excavar en el conjunto conocido como “El Cuartel” de Santa Rosa Xtampak (Campeche). Laura Gilabert, 2017.

Figura 3. Esquemas de conservación de una de las bóvedas del Edificio II de Hochob (Campeche) y una del Palacio de Xlapak (Yucatán). Elaboración propia.

Resultados

De la muestra de 291 bóvedas, el 52% se conservan parcialmente y 141 casos, un 48,5%, se encuentran íntegras (figura 4). De estas últimas, más de la mitad han sido intervenidas mediante la sustitución de los dinteles y normalmente la reintegración parcial de la parte superior a éstos, derruida tras el colapso de los cargaderos. Sin embargo, existe un porcentaje considerable de bóvedas, 66 de las registradas, que se conservan completas y en las que no se han realizado intervenciones relevantes para nuestro estudio, como la sustitución de los dinteles o la reintegración de partes caídas[2].

Figura 4. Estado de conservación de las bóvedas estudiadas (total de casos considerados: 291). Elaboración propia.

El análisis del estado de conservación de las bóvedas que se mantienen parcialmente y que no han sido restauradas, resulta muy interesante porque puede aportar información sobre cómo se ha producido el progresivo derrumbe en función de las características constructivas y geométricas de cada bóveda. Considerando esta selección de casos (un 37,1%, fig. 4), la tabla 1 muestra cuántas bóvedas conservan cada una las superficies de la bóveda íntegras o la combinación de varias de éstas. Además, a partir del análisis de las líneas de derrumbe en cada caso (fig. 3), se estudió de qué manera se conserva parcialmente cada uno de los lados. Como resultado de este análisis se caracterizaron las reglas y los principios generales de los procesos de derrumbe que se producen en los edificios abovedados mayas.

Tabla 1. Bóvedas que se conservan parcialmente y no han sido restauradas clasificadas en función de las superficies conservadas (casos considerados: 108). Elaboración propia.

Bóvedas conservadas parcialmente y no restauradas
Conservan íntegra la semibóveda principal o exterior (Sppl) 0,0 %
Conservan íntegra la semibóveda interior (Sint) 33,3 %
Conservan íntegro el testero derecho (Tder) 44,4 %
Conservan íntegro el testero izquierdo (Tizq) 50,0 %
Conservan íntegra la tapa (t) 5,6 %
Conservan íntegras ambas semibóvedas (Sppl, Sint) 0,0 %
Conservan íntegros ambos testeros (Tder, Tizq) 25,0 %
Conservan íntegros la semibóveda interior y los testeros (Sint, T) 20,4 %
Conservan íntegros la semibóveda interior, los testeros y la tapa (Sint, T, t) 4,6 %

 

En primer lugar, llama la atención que en ninguna de las bóvedas registradas (que no se conservan íntegras) está completa la semibóveda principal, considerada como la exterior o la que presenta uno o varios vanos de acceso. Esta es la superficie de las bóvedas más vulnerable, debido a la presencia de los dinteles de las puertas, cuyo colapso es el principal desencadenante del derrumbe. La cohesión interna de la fábrica de la bóveda determina la forma del arco de descarga que se produce cuando colapsa el dintel, como veremos más adelante.

Las losas de tapa, apoyadas en ambos lados de la bóveda, se derrumban generalmente junto con la semibóveda principal (figura 5), por lo que la superficie de tapa sería la segunda más vulnerable, que en muy pocos casos se conserva íntegra en la muestra considerada, tal como lo muestra la tabla 1. A veces, si su longitud de empotramiento es suficiente, cuando se produce el derrumbe parcial de la semibóveda principal, las losas de tapa pueden permanecer ancladas entre la semibóveda interior y el relleno superior a ésta, pero no es lo más común.

Figura 5. Templo 23 de la Acrópolis Norte de Tikal, en el que se ha derrumbado la totalidad de la bóveda de la crujía exterior y la zona central de la bóveda de la crujía central del edificio. Laura Gilabert, 2015.

El tipo de estancia más común en la arquitectura maya es el cuarto rectangular con una única puerta centrada en uno de sus lados largos[3] (Wauchope, 1977, De Pierrebourg, 2014, p. 10). Este hecho hace que sea frecuente que la semibóveda interior, apoyada sobre un muro sin vanos de acceso, pueda mantenerse completa. Esta situación se da en más de un tercio de las bóvedas consideradas en la tabla 1. En los casos en que el muro interior sí presenta vanos de acceso, solamente cinco de entre los considerados, la semibóveda se ha conservado íntegra, bien porque los dinteles se han mantenido, o bien porque los vanos del muro interior se abren con arcos de descarga, como ocurre por ejemplo en los edificios principales de Palenque. Además de la distribución y la solución constructiva de los vanos de acceso, otro factor que influye en la conservación de la semibóveda interior es la configuración de la planta del edificio en varias crujías paralelas: cuando hay varias crujías, las semibóvedas centrales tienen forma simétrica en la sección transversal y se equilibran entre sí (figura 6), por lo que son mucho más estables que las semibóvedas exteriores. Esto además se incrementa cuando sobre estos muros centrales se sitúa una crestería, que centra las cargas e introduce un efecto equilibrador.

Figura 6. Sección de la Casa A del Palacio de Palenque (Chiapas) tomada de William H. Holmes (1895, p. 174).

Tal y como se observa en la tabla 1, la mitad de las bóvedas consideradas conservan uno de los testeros íntegros, y en una cuarta parte de los casos se mantienen ambos testeros completos. Es también frecuente que se conserven íntegros tanto los testeros como la semibóveda interior. Los lados cortos de las estancias no suelen tener puertas, por lo que sólo en algunas ocasiones tienen dinteles que puedan colapsar y producir su derrumbe. Normalmente los testeros se construyen adosados a las semibóvedas, como muros verticales o con una ligera inclinación hacia el interior (Gilabert Sansalvador, 2018), por lo que son mucho más estables y, además, ofrecen un efecto de arriostramiento transversal a la bóveda que produce que los extremos de ambas semibóvedas se conserven mejor. Este efecto rigidizador aumenta cuando la longitud de la bóveda es reducida, por lo que, en general, en bóvedas con características constructivas iguales, las que tienen una proporción de la planta más próxima al cuadrado se conservan mejor.

El proceso de derrumbe de las estructuras abovedadas

El estado de conservación actual de los edificios mayas está condicionado por diversos factores que actúan conjuntamente y en diferente medida. En primer lugar, variables externas al edificio, como los agentes meteorológicos, la vegetación, la fauna y la acción del hombre, tanto erosiva como constructiva y en algunas ocasiones indiscriminadamente destructiva, cuando se producen, aún hoy en día, saqueos que persiguen el hallazgo de objetos de valor y dañan gravemente las estructuras arquitectónicas. Junto a estos factores externos actúan las variables de carácter intrínseco a las propias construcciones, determinadas por la manera en que éstas fueron construidas, por los materiales utilizados y por sus posibles fallos, lo que, además, afecta directamente al grado de incidencia de los agentes de deterioro medioambientales. Es decir que, sin considerar las causas de deterioro de carácter antrópico, la conservación de un edificio dependerá fundamentalmente de la durabilidad del propio sistema constructivo y de sus elementos y, además, de la resistencia de la propia estructura a los agentes patológicos externos como la humedad, los cambios de temperatura o la vegetación.

A partir del análisis minucioso de las características arquitectónicas y constructivas de los edificios abovedados, y considerando su estado de conservación actual, se han analizado los principales factores de deterioro intrínsecos al propio sistema constructivo abovedado y su incidencia en el proceso de deterioro y derrumbe de las estructuras.

El colapso de los dinteles

En la mayoría de los casos, el punto débil de los edificios abovedados mayas son los dinteles que cubren los vanos de las puertas, y con más énfasis cuando éstos son de madera. Aunque los mayas utilizaron vigas de especies arbóreas de gran dureza y resistencia como el chicozapote, con el tiempo la madera pierde volumen, se pudre y colapsa. Además, su integridad puede verse afectada por el ataque de xilófagos.

En la figura 7 se observa que, si bien poco más de la mitad de las bóvedas registradas tuvieron dinteles originales de madera (54,4%), entre aquellas en que se han sustituido los dinteles casi un 90% tenían cargaderos de madera. Por otro lado, la mayoría de las bóvedas que se conservan íntegras y no han sido restauradas, casi un 75%, tienen dinteles de piedra.

Figura 7. Material de los dinteles originales según el estado de conservación de las bóvedas de la muestra. Elaboración propia.

Los dinteles monolíticos de piedra permitían a los constructores mayas cubrir una luz limitada que, según los datos obtenidos en la toma de datos in situ, en pocas ocasiones supera un metro, condicionada por el espesor de la pieza y su resistencia a la flexión. El deterioro del material pétreo, junto con el incremento del esfuerzo al que está sometido, pueden provocar el agotamiento de los dinteles de piedra, y en ocasiones aparecen fisuras que finalmente conducen a la rotura y al colapso del cargadero. Muchas veces estos cargaderos de piedra tenían una longitud reducida de apoyo en los muros, por lo que el colapso de las jambas, monolíticas o formadas por varias piezas, también puede provocar el colapso del dintel y, por tanto, de la bóveda. Sin embargo, generalmente las bóvedas con dinteles de piedra y con anchuras de los vanos reducidas se han conservado mejor, y son otros agentes de deterioro los que les afectan en mayor medida (figura 8).

Figura 8. Edificio 3C7 de Chichén Itzá (Yucatán), conocido como “Casa del Venado”. Laura Gilabert, 2017.

Con dinteles de madera formados por varias vigas dispuestas en paralelo se podían obtener vanos de acceso mucho más anchos, gracias a la resistencia de la madera a tracción. En algunos casos singulares, como la Casa C y el Templo del Sol de Palenque, o en el Ala Oeste del Cuadrángulo de las Monjas de Uxmal, los vanos centrales superan los 3,00 m de luz y, en general, son bastante comunes las puertas de más de 2,00 m de anchura[4].

En la muestra analizada, las bóvedas con dinteles originales de madera que se han conservado íntegras pertenecen al área de Petén, y tienen en todos los casos cargaderos formados por rollizos o maderos descortezados sin labrar (Gendrop, 1997, p. 181), con luces que se aproximan a los 2,00 m (figura 9)[5]. Estos rollizos proceden en muchos casos del tinto o palo de Campeche, una especie leñosa muy resistente y con una densidad alta de valor 1,00 (Muñoz Cosme, 2006, p. 61), por lo que resulta óptima para utilizarse en elementos estructurales como lo son los dinteles de los vanos de acceso. Es probable que estos rollizos, al tener una sección con forma irregular, hayan formado un conjunto solidario con el mortero, lo que los ha protegido de la humedad y de los ataques de xilófagos, permitiendo que hayan perdurado durante más de mil años (Hellmuth, 1989).

Figura 9. Interior del Edificio 5D-91 del Grupo de Siete Templos de Tikal, donde se han conservado los dinteles originales de rollizos de madera. Laura Gilabert, 2015.

Muchas veces en los dinteles se labraban escenas de la realeza e inscripciones jeroglíficas, que han permitido datar numerosos edificios. Algunos ejemplos conocidos son los dinteles de piedra esculpida de Yaxchilán o los de madera de chicozapote de los templos de Tikal. Por esta misma razón, en ocasiones han sido sustraídos de las estructuras. Uno de los primeros ejemplos documentados de esta práctica fue la extracción del dintel de chicozapote labrado de la Estructura 1A1 del Grupo Manos Rojas de Kabah, durante la expedición de John Lloyd Stephens a Yucatán, ya en la primera mitad del siglo XIX:

“Mr. Catherwood’s eye was arrested by a sculptured lintel, which, on examination, he considered the most interesting memorial we had found in Yucatan […] The next day I saw them, and determined immediately, at any trouble or cost, to carry them home with me” (Stephens, 1843, p. 403).

Por tanto, los dinteles no sólo han sido una de las principales causas del colapso de las bóvedas por su propio deterioro, sino que también en ocasiones han estado en el punto de mira del expolio. En cualquier caso, el deterioro, la deformación o la desaparición de los cargaderos de los vanos provoca el irremediable inicio del colapso de las bóvedas. El proceso de derrumbe que se produce sigue unas pautas generales, pero varía considerablemente en función de las características constructivas específicas de cada edificio, como vamos a ver ahora.

La cohesión interna de las fábricas

Con el deterioro y el colapso del dintel del vano de acceso, la parte de la bóveda que se ve más afectada es la superficie situada sobre éste, denominada semibóveda principal (tabla 1). Según la cohesión interna de la fábrica, determinada por el tipo de dovelas (Gilabert Sansalvador, 2020b), la calidad del mortero y el estado de conservación del conjunto, tras el colapso del dintel pueden formarse arcos muy rebajados que permiten que la semibóveda exterior se mantenga prácticamente íntegra. En la arquitectura Puuc y también en la del área Chenes, esta situación se produce en muchos casos por el carácter monolítico de las bóvedas y la elevada resistencia y elasticidad del mortero de cal del relleno (figura 10). En Palenque, debido a la estereotomía de las bóvedas, construidas con lajas horizontales que prácticamente ocupan todo su espesor desde el intradós hasta el trasdós, se generan volúmenes monolíticos en las bóvedas y pueden formarse arcos de descarga muy rebajados sobre los vanos de las puertas (figura 11).

Figura 10. Fotografía de la Estructura II de Hochob a finales del siglo XIX tomada por Teobert Maler (1895).

Figura 11. Fotografía de la Casa C de Palenque a finales del siglo XIX tomada por Alfred P. Maudslay (1902, vol. IV, plate 21).

Sin embargo, esto no siempre es posible y muchas veces el colapso del dintel forma un arco de descarga natural mucho más peraltado, o incluso se derrumba la totalidad de la parte central de la semibóveda exterior y, con ella, las piezas de tapa centrales (figura 5). La flecha del arco natural de descarga que se produce depende principalmente de la calidad de la misma fábrica, en cuanto a la traba, el aparejo y a la elasticidad del mortero. Las fábricas bien trabadas y aparejadas o con un mortero de gran resistencia y elasticidad pueden producir arcos de descarga muy rebajados, y a medida que disminuye la cohesión interna, o en fábricas deterioradas sometidas a los efectos de la intemperie, el arco de descarga natural se produce con un mayor peralte (Perelló Roso et al., 2009, p. 209).

Tras el colapso del dintel, en numerosas ocasiones se mantienen en pie los extremos de la semibóveda exterior, que conservan un apoyo firme sobre los muros y que, además, cuentan con el efecto de arriostramiento transversal de los testeros, por lo que las esquinas de las bóvedas suelen ser las zonas mejor conservadas. En este proceso, la semibóveda interior, considerando los casos en los que apoya sobre un muro ciego, puede permanecer intacta. Con el tiempo, la humedad penetra en la estructura, desprotegida de las capas de estuco de recubrimiento, y la semibóveda interior empieza a derrumbarse. En Petén la cohesión interna de los volúmenes de las semibóvedas no es tan elevada como por ejemplo en el Puuc, pues están formadas por grandes dovelas apoyadas entre sí y contrapesadas por un relleno posterior que ejerce una función gravitatoria (Gilabert Sansalvador, 2020b). A raíz de esto, en muchos casos se forma una curva de desplome en la semibóveda interior (figura 12) que refleja el efecto de rigidización producido por los testeros en las esquinas (Perelló Roso, 2006, p. 63).

Figura 12. Cuarto 4 del Edificio 6J2 de La Blanca (Petén, Guatemala), antes del inicio de las labores de excavación. Gaspar Muñoz Cosme, 2004.

El proceso constructivo del edificio

Como ya hemos visto, según el tipo de dovelas utilizado, su traba con el relleno y la calidad del mortero, cada una de las semibóvedas puede formar, en mayor o menor medida, un volumen monolítico. Es muy importante considerar además el proceso constructivo de los edificios para analizar su forma de colapso.

La construcción maya se caracteriza por tener un carácter masivo y buscar la transmisión vertical de las cargas verticales a través de planos de apoyo horizontales entre los diferentes elementos constructivos (Loten, 1991). Los mayas terminaban cada fase de la obra con una capa de estuco de protección que servía como regularización e impermeabilización de la superficie finalizada. Esta protección les permitiría detener la obra en esta fase intermedia hasta que el mortero de cal de los rellenos de los muros hubiese fraguado y endurecido suficientemente. Tanto sobre la coronación de los muros (Pollock, 1980, p. 572), como sobre las camas de los cargaderos de los vanos, se han hallado restos de esta capa de terminación que generaba una junta seca en la construcción. Otra junta seca se da en muchos casos, especialmente en el Puuc, en el trasdós de las bóvedas, sobre el que se apoyaba la fachada superior del edificio (Prem, 1995, Huchim Herrera y Toscano Hernández, 1998).

Por este motivo, y debido al proceso constructivo de los edificios, en la mayoría de los casos las bóvedas no están trabadas con los muros verticales, sino que apoyan sobre éstos a través de una superficie horizontal de contacto. Cuando la bóveda entra en una situación de desequilibrio, esta junta seca en la coronación del muro permite que se produzca el vuelco como sólido rígido de una de las semibóvedas hacia el interior de la estancia (Perelló Roso, 2006, p. 64; Prem, 1995), tal y como puede apreciarse en la figura 13.

Figura 13. Vuelco como sólido rígido de una parte de la bóveda en la Casa D del Palacio de Palenque. Laura Gilabert, 2015.

Por tanto, en el derrumbe de los edificios aún no excavados pueden hallarse muros o semibóvedas completas que han volteado y caído de forma íntegra[6], debido principalmente a la dureza y la elasticidad del mortero de unión de los rellenos constructivos (Rivera Dorado et al., 1993). De ahí la gran importancia de realizar una minuciosa documentación y un análisis constructivo profundo de los derrumbes durante los trabajos de excavación.

Además de estos factores intrínsecos al propio sistema constructivo abovedado, que inciden en la forma y el proceso de derrumbe de los edificios, existen otras circunstancias propias de cada estructura que pueden desencadenar su colapso en diferentes modos. A veces pueden ser defectos constructivos o irregularidades geométricas, pero también otros aspectos, como por ejemplo las deformaciones completas del edificio producidas por asientos diferenciales del terreno o, un factor muy importante a tener en cuenta, la presencia de subestructuras. Los mayas, al igual que otras culturas mesoamericanas, tenían la costumbre de construir sobre lo construido. A la hora de levantar un nuevo edificio lo hacían sobre otro de época anterior que clausuraban y que quedaba embebido en el basamento de la nueva construcción. Esta estrategia tenía un carácter simbólico y también una razón constructiva y económica de ahorro de material, mediante la cual los edificios podían ser cada vez más altos sin tener que construir nuevas plataformas (Montuori y Gilabert Sansalvador, 2019). Por ello, en muchos casos se conservan, bajo los edificios visibles, varias fases constructivas, que en ocasiones son edificios completos que se mantienen intactos. Los diferentes sistemas de relleno de las subestructuras que permanecen enterradas influyen en el comportamiento estructural del edificio superior, pues la transmisión de las cargas verticales hasta el terreno se verá afectada por la discontinuidad en la capacidad resistente del volumen sobre el que se apoya, pudiéndose producir asientos diferenciales.

Conclusiones

A partir de los resultados del análisis del estado de conservación de los edificios abovedados, se ha comprobado que los procesos de deterioro y las formas de colapso estructural que les afectan dependen en gran medida de sus características constructivas y del proceso de ejecución del propio edificio. Esto pone de manifiesto que la investigación de la arquitectura maya desde el punto de vista constructivo resulta determinante para diagnosticar y conservar este patrimonio.

En la actualidad y en toda el área maya existen todavía numerosos vestigios arquitectónicos en abandono y en peligro de colapso, por lo que, como prioridad, se deben abordar trabajos de inventario y documentación para detectar esta arquitectura en peligro y llevar a cabo consolidaciones de urgencia. En los casos en que sea posible y resulte sostenible realizar investigaciones arqueológicas, es necesaria la participación de equipos multidisciplinares y debe realizarse un minucioso análisis y documentación de los derrumbes y los rellenos, ya que pueden aportar mucha información sobre el edificio y sobre las técnicas de construcción antiguas. Resulta imprescindible que se realicen labores de documentación y levantamiento arquitectónico, antes, durante y después de los trabajos, así como es necesaria una investigación especializada que incluya estudios arquitectónicos, constructivos y estructurales.

La investigación de los procesos constructivos, considerando las técnicas de cantería, los medios auxiliares utilizados y los sistemas de puesta en obra; así como el estudio estructural de los edificios mayas durante las distintas fases de construcción, durante su vida útil, y también en su estado actual; junto con la caracterización de los materiales antiguos y el estudio de su degradación y patología, son campos en los que aún es necesario profundizar y avanzar en el ámbito de la investigación y la conservación de la arquitectura maya.

Agradecimientos

La autora agradece expresamente el respaldo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España a través del programa de Ayudas para contratos predoctorales para la formación de doctores (BES-2015-071296), y el apoyo de la Generalitat Valenciana y el Fondo Social Europeo a través de las Subvenciones para la contratación de personal investigador de carácter postdoctoral (APOSTD/2020/004), que han contribuido de forma determinante a hacer posibles las investigaciones y la obtención de los resultados que se exponen en esta publicación.

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Notas

[1] A diferencia del arco de medio punto, el arco por aproximación no funciona puramente a compresión. En este sistema existen dos centros de gravedad, pues sus segmentos se apoyan de forma independiente en los muros laterales. En principio, la tapa no tiene función estructural y, por la horizontalidad de sus juntas, no se necesitan cimbras para su ejecución.

[2] En muchos casos se han llevado a cabo actuaciones de consolidación, pero para este análisis consideramos como “restauración” la sustitución de los dinteles o la reintegración parcial o total de alguna de las superficies de la bóveda.

[3] Esta configuración es característica de la habitación mesoamericana en general y viene presumiblemente heredada de la arquitectura doméstica tradicional.

[4] Se han registrado ejemplos en edificios de Uaxactún, Tikal, Nakum, La Blanca, Becán, Chicanná, Hochob y Copán.

[5] Algunos ejemplos pueden observarse en el Palacio de las Ventanas, el Palacio Maler o en el Templo de las Inscripciones de Tikal. En el caso del Edificio 5D-91 del Grupo de Siete Templos de Tikal los dinteles de rollizos alcanzan hasta los 2,55 m de luz (figura 9).

[6] Véase como ejemplo el caso del muro de la Estructura CA-3 de Oxkintok, investigada por la Misión Arqueológica de España en México a principios de los años 90.

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Editorial G15 (Editora Invitada)

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Este número reúne trabajos de investigación y conservación de arquitectura maya, con el propósito de señalar la importancia que la visión arquitectónica tiene para el avance en el conocimiento y para la salvaguarda de este relevante patrimonio cultural. Durante siglos los mayas construyeron numerosos edificios, planificaron ciudades y las dotaron de avanzadas infraestructuras. Diseñaron diferentes tipologías arquitectónicas y desarrollaron técnicas constructivas adaptadas a los materiales disponibles en el entorno. Con el tiempo estas técnicas experimentaron una notable evolución, se consiguieron soluciones espaciales y constructivas muy avanzadas y se definieron estilos propios de cada región, dando lugar a una gran riqueza arquitectónica. Es por ello que la arquitectura es considerada como una de las manifestaciones artísticas más relevantes de esta cultura y hoy en día es conocida internacionalmente, constituyéndose como un patrimonio cultural de incalculable valor que, sin embargo, presenta grandes retos para su conservación y gestión. Estas labores deben realizarse desde un enfoque interdisciplinar que permita abordar la complejidad de este patrimonio con rigurosidad, empleando las tecnologías que hoy en día tenemos a nuestro alcance.

Son necesarios trabajos exhaustivos de catalogación y documentación de la arquitectura maya en su estado de conservación actual, así como procedimientos de registro y documentación rigurosa de los procesos de excavación arqueológica y de los vestigios hallados. Son también necesarias investigaciones específicas que aborden temas arquitectónicos, estructurales y constructivos. Los resultados de estos análisis son esenciales para poder diagnosticar con certeza los problemas de conservación de las estructuras y para poder diseñar, planificar y ejecutar actuaciones adecuadas y exitosas de excavación, conservación, restauración y puesta en valor de los edificios y los sitios.

A continuación se presentan resultados de investigaciones arqueológicas, experiencias de conservación e intervención en edificios mayas, propuestas para su gestión cultural y trabajos de investigación histórica, urbanística, tipológica y constructiva sobre la arquitectura maya. Son textos que estudian este patrimonio construido desde diferentes enfoques, escalas y disciplinas. Abordan temas específicos y también cuestiones transversales, siendo todos ellos puntos de vista que se complementan y que contribuyen al avance del conocimiento científico de la arquitectura maya.

Laura Gilabert Sansalvador
Dra. Arquitecta
Universitat Politècnica de València
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Quiriguá 1910-1914: un punto de inflexión en la conservación del patrimonio arquitectónico maya

Quiriguá 1910-1914: an inflection point in architectural heritage preservation

Nuria Matarredona Desantes, Universitat Politècnica de València (España), E-mail: [email protected], https://orcid.org/0000-0003-4220-2383.

Recibido: 20 de diciembre de 2019| Aceptado: 25 de noviembre de 2020 |En línea: 01 de enero de 2021. © Nuria Matarredona Desantes, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Figura 1. Estela D de Quiriguá. Fotografía de Alfred P Maudslay. 1893.

Resumen

Los trabajos desarrollados por la School of American Archaeology bajo el auspicio de la United Fruit Company, que se sucedieron entre 1910 y 1914 en la antigua ciudad de Quiriguá, hoy Patrimonio de la Humanidad, supusieron un cambio de paradigma en la conservación del patrimonio arquitectónico maya. El desarrollo de un proyecto en cuatro temporadas, financiado por una de las empresas económicamente más potentes y políticamente más influyentes del momento, no sólo implicó la instauración del primer proyecto institucional de investigación arqueológica en Guatemala, sino que fue el detonante para establecer las primeras directrices para la conservación de la arquitectura heredada de la antigua civilización maya. El presente estudio profundiza en el contexto histórico, político y económico en el que se gesta el acuerdo para esta intervención pionera, y su repercusión en la historia de la conservación de la arquitectura precolombina en el área maya a partir del análisis documental de los archivos institucionales y la incipiente legislación al respecto.

Palabras clave: Patrimonio Maya, Conservación Arquitectónica, Quiriguá.

 Abstract

The work carried out by the School of American Archaeology under the auspice of the United Fruit Company from 1910 to 1914 in the ancient city of Quiriguá, today world Heritage Site, implied a change of paradigm in architectural heritage preservation in the Maya Area. The development of a four-season funded by one of the most powerful companies and more politically influential at the moment, not only entailed the instauration of the first institutional archaeological Project in Guatemala but also it meant the catalyzer to set the first guidelines to preserve this architecture inherited from the ancient Maya. The present research delves into the historical, political and economic context when the agreement for this pioneer intervention was made and its repercussion in the history of Pre-Columbian architecture preservation from an exhaustive documental analysis in the institutional archives and the according emerging legislation.

Keywords: Maya Heritage, Architectural Conservation, Quiriguá.

Introducción

Durante su época de apogeo, los antiguos mayas construyeron grandes ciudades a pesar de un entorno de complicada habitabilidad, logrando crear extensas urbanizaciones donde erigieron una imponente arquitectura. Desafortunadamente, el testimonio de aquellas ciudades nos ha llegado inmerso en un medio agreste, sepultado bajo abundante vegetación, e incluso el propio derrumbe de las mismas estructuras arquitectónicas.

El área maya cuenta con centenares de sitios arqueológicos de los que tan sólo un pequeño porcentaje han sido excavados y conservados. Es decir, todavía existen numerosas ciudades que permanecen ocultas esperando su oportunidad para ser puestas en valor. La conservación del patrimonio arquitectónico maya es pues una disciplina de enorme recorrido en continuo crecimiento, y que debe aprovechar la experiencia acumulada durante este primer siglo de vida para lograr un mayor éxito en sus objetivos.

Desde los primeros descubrimientos hasta nuestros días, los métodos empleados para la investigación de las ciudades mayas no han dejado de evolucionar. También así la manera de aproximarse a este patrimonio arquitectónico ha ido modificándose en el transcurso del tiempo, pasando de considerarlo una mera fuente documental a entenderlo como un bien, no sólo con valor propio, sino incluso con capacidad de generar riqueza. Estas perspectivas han influido de manera directa en las estrategias de conservación que se implementaron durante los periodos de excavación arqueológica y, por tanto, en la manera en la que estas ciudades se nos muestran en la actualidad.

El trabajo que a continuación se presenta forma parte de una exhaustiva investigación en la que se abordan las primeras intervenciones de conservación del patrimonio arquitectónico maya desde el análisis del contexto en el que se sucedieron, tratando de abordar la relación que existe entre el marco jurídico, establecido en el momento las corrientes de pensamiento vigentes y los intereses académicos y socioeconómicos existentes con el tipo de actuación arquitectónica que se promovió en los lugares en los que se investigaba arqueológicamente. El reflejo de estas filosofías o corrientes de pensamiento configura lo que podría denominarse historia de la conservación del patrimonio arquitectónico maya.

La historia de la conservación arquitectónica es una disciplina reciente, sobre la que poco se ha escrito todavía. Sin embargo, resulta muy necesaria para poder comprender nuestro patrimonio, y para actuar sobre él con mínimas garantías de éxito. La historia que configuran estas intervenciones no solo expresa el espíritu de una época, sino que aporta claves precisas para comprender las razones de su deterioro, así como las posibilidades de recuperación.

El análisis crítico de esta historia resulta fundamental para recopilar y someter a examen toda esta información y ponerla así a disposición de todos aquellos profesionales vinculados a la conservación del patrimonio. El estudio de las implicaciones derivadas del empleo de los diferentes criterios de intervención es una labor pendiente para poder definir estrategias adecuadas de conservación y puesta en valor.

Los trabajos desarrollados por la School of American Archaeology bajo el auspicio de la United Fruit Company se sucedieron durante cuatro temporadas entre 1910 y 1914 y suscitan nuestro interés por diversos motivos. En primer lugar, se trata del primer proyecto arqueológico institucional desarrollado en Guatemala, y el primero que dedicaría cierta atención a la conservación de su patrimonio arquitectónico. De hecho, en él participarán personajes claves en este ámbito, como Morley o Morris, en una etapa muy temprana de sus carreras profesionales. Por otro lado, es también relevante la cuestión relativa a la protección del sitio —unas 35 hectáreas—, que quedó a cargo de una empresa foránea como lo era la compañía frutera.

El presente estudio profundiza en el contexto histórico, político y económico en el que se gesta el acuerdo para esta intervención pionera y su repercusión en la historia de la conservación de la arquitectura precolombina en el área maya, a partir del análisis documental de los archivos institucionales.

Quiriguá

La ciudad maya de Quiriguá se ubica en el departamento de Izabal (Guatemala), en el fértil valle del río Motagua (N15 16 14.124 W89 2 24.9) y se considera uno de los centros urbanos importantes de las tierras bajas durante el Periodo Clásico maya.

La ciudad destaca por la calidad de los monumentos monolíticos de piedra arenisca que allí se encuentran. Estas estelas reflejan el elevado desarrollo artístico de la sociedad maya entonces. y la información tallada en ellas ha convertido a Quiriguá en fuente de estudio fundamental para el conocimiento de esta civilización.

A diferencia de la vecina Copán, con quien comparte protagonismo en cuanto a calidad escultórica se refiere y con quien mantuvo una intensa rivalidad, la arquitectura de Quiriguá reviste un carácter mucho más modesto. La mayor parte de sus construcciones se erigieron durante el apogeo de la ciudad en el Periodo Clásico. Es en este momento que se configura urbanísticamente, articulándose entre sí las construcciones y generándose vacíos urbanos como la Gran Plaza, uno de los espacios públicos más importantes en el área maya.

De entre los diversos grupos que conforman el sitio arqueológico, tan sólo la Acrópolis presenta arquitectura expuesta, y a la fecha estas construcciones están mayoritariamente consolidadas.

El mayor desafío que presenta en la actualidad su conservación es la marcada tendencia a la inundabilidad del territorio en el que se ubica, a la que debe sumarse el elevado número de visitas que recibe, especialmente desde su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1981.

Primeras miradas hacia Quiriguá

Las ruinas de Quiriguá habían pasado completamente desapercibidas hasta la visita de John Lloyd Stephens en 1840. En sus textos, no oculta su fascinación por una maravilla que, hasta entonces, había permanecido alejada del conocimiento:

For centuries it has lain as completely buried as if covered with the lava of Vesuvius. Every traveller from Yzabal to Guatemala has passed within three hours of it; we ourselves had done the same; and yet there it lay, like the rock-built city of Edom, unvisited, unsought, and utterly unknown” (Stephens, 1841, p. 24, Chapter VII).

La descripción que recoge en Incidents of travel in Central America hace hincapié en las impresionantes estelas del lugar —a las que Catherwood dedica dos láminas— y las compara con aquellas en Copán, con las que decía compartían estilo y, aunque, los monumentos eran de mayor tamaño que los hondureños, los relieves eran de menor profundidad y se encontraban más desgastados, pareciéndole más antiguos. Quizás, uno de los puntos más interesantes del texto es la reflexión que plantea al respecto del futuro de las ruinas. Stephens, considerando la cercanía al río y la navegabilidad de este, propone desplazar físicamente la ciudad completa hasta Nueva York, donde podría ser expuesta de nuevo (Stephens, 1841, p.123).

Tal y como había hecho en Copán (Matarredona Desantes, 2017), Stephens lanza a los dueños del terreno una oferta de compra de la parcela. Sin embargo, en esta ocasión no resultará un asunto tan sencillo, quedando la propuesta sin respuesta definitiva. Este no será el primer ni el último intento de compra de las ruinas. En 1797 se registra la propiedad de estas tierras a nombre de un acaudalado caballero, Juan Payes y Font, cuyos hijos serían los que acompañarían a Catherwood a visitar los monumentos (Stephens, 1841, p.124). En 1852, los alemanes Karl Scherzer y M. Wagner visitaron Quiriguá en una exploración patrocinada por el Museo Británico y facilitada por el cónsul británico en Guatemala, C.L. Wyke, cuyo objetivo era evaluar la calidad de las ruinas del sitio y la viabilidad de su transporte hasta Londres.

El diario de Scherzer, publicado en alemán en 1855 (Scherzer, 1855) y en castellano en 1937 (Scherzer, 1937), relata pormenorizadamente la visita. Es interesante la justificación que realiza sobre la elección de Quiriguá sobre Copán. A pesar de que los monumentos del sitio hondureño parecían tener mayor calidad, las condiciones de transporte y la agitación del país vecino declinaron la balanza. Sin embargo, el gran tamaño y consiguiente peso de los monumentos, así como el desgaste que sufrían sus inscripciones, acabaría por frustrar la operación.

…estas ruinas están situadas muy cerca de la capital, y como su corta distancia a la orilla de un río navegable, ofrece la mejor oportunidad para la adquisición de algunos de estos interesantes monumentos, pensamos que sería de la mayor importancia para la honorable misión que se nos había confiado, el encaminar nuestros pasos a esta región… (Scherzer, 1937).

El primer trabajo científico en el sitio fue el llevado a cabo por Alfred P. Maudslay, quien en el transcurso de sus siete expediciones a Centroamérica visitó Quiriguá hasta en cuatro ocasiones en la década de los ochenta. En 1881 permaneció tres días, en 1882 unos cinco y en febrero de 1883 regresará para permanecer durante tres meses que dedicará a realizar fotografías y moldes de las esculturas. En el viaje de 1894, en el que le acompaña su esposa, pasarán dos semanas en las ruinas. Junto a ella co-edita A glimpse at Guatemala, and some notes on the ancient monuments of Central America, una versión más accesible de su célebre aportación a Biologia Centrali-Americana, entonces en prensa. El capítulo XVII de este libro está dedicado a Quiriguá (Maudslay y Maudslay, 1899, pp.143-151). En su descripción recoge una serie de cuestiones muy interesantes en cuanto a la vulnerabilidad de las ruinas y las posibles vías de conservación. Entre las principales causas de deterioro, tanto de la arquitectura visible como de los monumentos, destacan las continuas inundaciones que sufre el sitio —según Scherzer en 1852 tuvo lugar la última de ellas—, la colonización de la piedra por parte de musgos y líquenes diversos, el perjuicio ocasionado por las raíces de los poderosos árboles o la destrucción que suponía la caída de estos. Pero Maudslay no sólo evidencia estos riesgos naturales, sino que aventura además posibles amenazas de carácter antrópico, como la excesiva exposición que suponía su cercanía a la recién construida línea de ferrocarril, un arma de doble filo, que sin bien permitía una mejor accesibilidad para su estudio, era también ventajosa para los expoliadores (Maudslay y Maudslay, 1899, p.146).

Figura 2. Estela E. Fotografía de Alfred P- Maudslay, 1893.

Posiblemente, el elevado factor de riesgo que amenazaba la integridad de este patrimonio, en peor estado de conservación que el de Copán, según el propio Maudslay, debió alimentar más si cabe la necesidad de dedicar esfuerzos a la fabricación de moldes, una medida que, si bien no aseguraba su protección, permitía su conservación en museos estadounidenses o europeos y poder continuar así el estudio de esta civilización en caso de no sobrevivir los originales (Maudslay y Maudslay, 1899, p.149). La obra más relevante de Maudslay se publicó entre 1889 y 1902, como parte de los sesenta y tres volúmenes que conformaron Biologia Centrali-Americana, la conocida colección enciclopédica de saber editada por Frederick DuCane Godman y Osbert Salvin para el Museo Británico de Historia Natural. Maudslay sería el responsable de los cinco tomos dedicados a la arqueología, y en ellos daría a conocer los resultados de sus expediciones. Cuatro de ellos contienen láminas de fotografías y grabados, mientras que el quinto, de carácter narrativo, complementa las imágenes.

El segundo volumen incluye sesenta y cinco láminas sobre Quiriguá, entre ellas el primer mapa publicado del lugar. En el volumen narrativo, se dedican diecinueve páginas a describir el sitio, sus diferentes edificios y los trabajos realizados en las diversas campañas. Al respecto de su arquitectura, Maudslay admite no haber prestado demasiada atención a los montículos y los edificios que podrían haber quedado ocultos bajo ellos. Sin embargo, tras el éxito en las excavaciones de Copán, decidió comenzar a buscar restos arquitectónicos en la siguiente temporada de excavación que se sucedería prácticamente diez años después. En 1894 se elaboraron algunos planos, pero el trabajo quedó inconcluso. Atendiendo a estas descripciones, podemos deducir que por entonces apenas existía una arquitectura visible y ésta se encontraba ya en un avanzado estado de ruina. Las raíces de los árboles la habían penetrado sin remedio alguno hasta reventar los lienzos (A. P. Maudslay, 1889, vol. I-V (text), p. 6).

Figura 3. Plano de las ruinas de Quiriguá. Hewett (1916, vol. II, lámina 2).

Hasta entonces, los trabajos realizados en Quiriguá pueden calificarse como de documentación y en su gran mayoría dirigidos hacia la comprensión de los textos de los elementos escultóricos: estelas y altares. La arquitectura había quedado en un segundo plano.

La United Fruit Company

Sin embargo, apenas unos años más tarde entra en escena una compañía que cambiará el rumbo de las ruinas para siempre: la United Fruit Company. La UFCO surge en 1899 a partir de la fusión de dos compañías dedicadas a la exportación de frutas tropicales, la Tropical Trading and Transport Company, dirigida por Minor Keith, y la Boston Fruit Company, de su compatriota americano Andrew W. Preston. Más allá de la lógica agregación de extensiones de cultivo, Keith aportaba una importante red de ferrocarriles en América Central, mientras que Preston hacía lo propio con una vasta flota de buques mercantes. Entonces, la manzana era la fruta más consumida en EEUU, pero la United logró modificar esta tendencia ofreciendo un producto exótico disponible todo el año capaz de viajar largas distancias (García Bedolla, 2009, p.159). La empresa se convirtió rápidamente en una importante fuerza económica, e incluso política, en América Latina, influyendo definitivamente en el desarrollo de países como Guatemala durante las primeras décadas del siglo XX. No en vano se le conocía con el sobrenombre de «el Pulpo», referencia explícita a los múltiples «tentáculos» de la empresa frutera. El modelo de negocio de la compañía se basaba en tres pilares fundamentales. En primer lugar, la adquisición masiva de terrenos a bajo precio que, a pesar de vestirse como reserva en caso de desastres naturales (Adams, 1914, p. 48; García Bedolla, 2009, p.159), ha sido calificada como una estrategia de control del territorio para garantizar su monopolio (León Aragón, 1950; Bauer Paiz, 1956). En segundo lugar, la oportunidad de contar con una mano de obra económica. Y, finalmente, la mejora logística a través de todo tipo de infraestructuras para hacer llegar el producto al mercado (García Bedolla, 2009, p.159). De hecho, paralelamente a la plantación y comercialización del banano, la United era responsable de otras tantas actividades complementarias que favorecían esta cuestión. Sirva como muestra la flota de barcos conocida como la Great White Fleet que transportaba a su vez el material destinado a la construcción del Canal de Panamá, el correo con EE. UU., así como pasajeros de negocio y turistas. Lógicamente, este tipo de cuestiones convertía a la compañía en una pieza clave en las políticas de estos países, quedando sus intereses profundamente entrelazados a los estadounidenses.

Figura 4. Central America, the West Indies South America and portions of the United States and Mexico. United Fruit Company 1909. Library of Congress Geography and Map Division Washington, D.C. 20540-4650 dcu. https://lccn.loc.gov/2003627054

Guatemala fue uno de los lugares en los que el control de la United fue particularmente intenso —alrededor del 25% de la producción se generaba en el país—, llegando a establecerse su sede en Bananera, en el departamento de Izabal (Page y Sonnenburg, 2003, pp. 600-601). Las relaciones entre la compañía y el gobierno guatemalteco, liderado desde 1898 y hasta 1920 por Manuel Estrada Cabrera, se iniciaron alrededor de 1901. Desde aquel primer contrato relativo al transporte de correo entre ambos países, se produjeron numerosas concesiones de Guatemala a la compañía americana. Estos acuerdos supusieron un arma de doble filo para el futuro del país, puesto que la potente inversión para el desarrollo que ofrecía la compañía implicaba a su vez la pérdida gradual de soberanía en ciertos asuntos.

En este sentido, la historiografía muestra diversas y contrapuestas visiones al respecto de la intensa participación de la compañía frutera en el país. Según la perspectiva liberal, propia de la primera mitad del siglo XX, la intervención de una compañía extranjera como la United supuso el despertar socioeconómico de Guatemala, a la que se dotó con infraestructuras de transporte, educación y sanitarias, ofreciendo al país una posibilidad de progreso (Adams, 1914). Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, surgieron las primeras voces guatemaltecas que tildaban el modelo de la United de nuevo feudalismo, un monopolio que controlaba transportes, comunicaciones y tierras, aun suponiendo la violación de las propias leyes (León Aragón, 1950; Bauer Paiz, 1956). Sirva como muestra el conocido contrato de 1904 referente a la construcción, por parte de la United, del tramo final de la línea ferroviaria desde Ciudad de Guatemala a Puerto Barrios, concediéndole su explotación, libre de impuestos, durante 99 años. Sin duda alguna, esta línea suponía una importante conexión de la capital con el Atlántico y el resto del mundo, pero también el monopolio de la United sobre el transporte ferroviario, el acceso gratuito e ilimitado a los recursos naturales del país, la cesión de múltiples hectáreas junto a la vía y la renuncia a interferir en los asuntos internos de la compañía, incluida la relación con los trabajadores (Bauer Paiz, 1956, pp. 206-209).

En 1910, en una compra masiva de terreno en el valle del Motagua para plantaciones, el sitio arqueológico de Quiriguá pasa a manos de la United Fruit Company, en la que a los 50.000 acres con las que ya se contaba en 1905, se suman 30549 adicionales. Desde entonces, anualmente se irían añadiendo parcelas hasta contar en 1913 con 126189 acres, de las cuales apenas 27122 se dedicarían al cultivo de la banana. Para entonces, según el informe anual del presidente Preston, se habrían invertido en Guatemala 3.884.807,27 millones de dólares (Adams, 1914, p. 197). Estos datos los ofrece Adams, autor de Conquest of the tropics. The story of the creative enterprises conducted by the United Fruit Company, una suerte de historia de la compañía publicada en 1914.  En este libro el autor describe pormenorizadamente los detalles del trayecto, contrastando la documentación proporcionada por los responsables de la frutera con la experiencia propia. Su testimonio de primera mano es pues una interesante fuente documental de las intenciones de la compañía en cuanto a la conservación de las ruinas se refiere, ya que nos es posible acceder a los archivos de la frutera.

A su llegada a Quiriguá, una de las tantas ciudades bananeras construidas y equipadas en la última década, Adams se detiene en el hospital construido por la United. Desde su tejado describe las imponentes vistas y reflexiona sobre aquella civilización que un día ocupó aquel valle y de la que apenas quedaban ya ruinas como testimonio (Adams, 1914, p.19).  Efectivamente, apenas a unos kilómetros de la ciudad se encuentran las ruinas homónimas, también propiedad de la frutera. Este terreno quedó sin cultivar, convirtiéndose en una isla de jungla entre plantaciones de plátano. Ante la lógica incapacidad de poder dedicar dicho territorio al cultivo, la United se plantea la utilización del sitio en modo alguno que le permitiera obtener cierto rendimiento y decide invertir importantes cantidades para la financiación de un proyecto arqueológico en el sitio, con el objetivo de crear un parque tropical diferente a cualquier otro en el mundo:

It is the aim of the United Fruit Company to clear all of the seventy-five acres which contain the wonderful ruins of temples and the scores of huge and superbly carved monoliths which rise out of the encroaching jungle. This will result in the creation of a tropical park distinct in its attractions from any in the world (Adams, 1914, p. 205).

The School of American Archeology y el marco legal de las primeras actuaciones

Para iniciar esta tarea, la United recluta a la institución puntera en el momento en cuestiones de investigación arqueológica: la School of American Archaeology. mediante un acuerdo de colaboración. Esta escuela había sido creada en 1907 por el Archaeological Institute of America (AIA) en Santa Fe (Nuevo México), y en 1917 cambiaría su nombre a School of American Research, mostrando un enfoque más amplio. Como presidente fue designado el arqueólogo Edgar Lee Hewett, especialmente conocido por su participación en la creación del Parque Nacional de Mesa Verde y por la promoción del Antiquities Act, ley promulgada por Theodore Roosevelt en 1906, por la que el presidente de los EE. UU. podría designar tierras públicas como monumento nacional para proteger su relevancia, natural o cultural. Aunque el interés inicial de dicha escuela era el estudio del suroeste de EEUU, desde su dirección, se promovieron diversas expediciones a México, Guatemala e incluso Sudamérica. De hecho, en su programa se formaron arqueólogos como Morley o Kidder, personajes fundamentales para la historia de la arqueología maya. SAA no tenía pues experiencia previa alguna en Centroamérica, pero a la vista de que importantes escuelas como la International School of Archaeology and Ethnography empezaban a adentrarse en las culturas precolombinas en México, optaron por buscar localizaciones más al sur para marcar cierta competencia. Así pues, la conexión entre UFCo y AIA parece surgir en un viaje de reconocimiento de terrenos en el que Hewett coincide con Victor M. Cutter, el representante regional de UFCo, y éste le ofrece la posibilidad de realizar las excavaciones en su plantación (Brunhouse, 1971: 52).

Desde 1910, se sucedieron cuatro campañas de trabajo en Quiriguá, lideradas por el propio Hewett y asistidas por Morley. La United aportó mano de obra y diversos recursos para facilitar las tareas de limpieza y desbroce de las ruinas, trabajos que debieron demorarse más de lo previsto, retrasando el inicio de las excavaciones propiamente dichas hasta febrero de 1912 (Morley, 1935, p. 341). La financiación provenía de la contribución realizada por miembros de la St Louis Society de la AIA y el anteriormente mencionado patrocinio de la frutera (Sands, 1913, p.339). A pesar de que Hewett siempre persiguió separar lo académico del patrocinio de la compañía, escribía al respecto de la colaboración con la United:

…es un placer saber que la preservación futura de Quiriguá está garantizada; el señor Minor C. Keith de la United Fruit Company ha tomado a su cuidado los terrenos y ha puesto un cuidador. Esta, creo yo, es la primera ruina arqueológica de la América Central en ser protegida (Hewett, 1912, p. 163).

Mientras que algún informe menciona la cooperación del gobierno guatemalteco (Sands, 1913, p. 338) —aunque no se especifica en qué manera—, autores como Schávelzon (1984, p. 228) precisamente destacan que no existió participación oficial.

Lo cierto es que por entonces Guatemala contaba ya con un potente cuerpo legislativo dedicado a la salvaguarda del patrimonio que determinaría el destino de Quiriguá. En efecto, el Decreto 479 sobre protección de sitios arqueológicos e históricos había sido promulgado en 1894, extendiendo la protección que se había conferido a las ruinas del «palacio del antiguo reino del Quiché» en 1893 a «todos los monumentos arqueológicos e históricos» (D. Rubín de la Borbolla y Cerezo Dardón 1953, pp. 33-35). Este instrumento legal se estructura en diecisiete artículos en los que se expone como valor fundamental el dominio de la nación sobre todo monumento, prevaleciendo este sobre la propiedad privada. Esta cuestión estaría relacionada con el conflicto entre el Peabody Museum y el gobierno de Honduras, en relación a la propiedad de los objetos descubiertos durante las excavaciones en Copán (Matarredona, 2017). Por este motivo, el texto incide en las sanciones derivadas de la exportación ilícita de piezas. Debe además tenerse en consideración que, por entonces, se acababan de celebrar las exposiciones conmemorativas del IV centenario del descubrimiento de América, siendo la regulación para la cesión de piezas una rabiosa actualidad.

Este texto se complementaba en 1905 con el Decreto de conservación de monumentos arqueológicos, en el que se reforzaba la protección de los monumentos arqueológicos, prohibiendo los trabajos agrícolas y todas aquellas actividades que pudieran comprometer la integridad del legado arqueológico en los emplazamientos en los que pudieran existir evidencias de su presencia.

Así pues, el primer artículo de este texto legal especifica la prohibición absoluta de practicar trabajos de cualquier índole que pudieran perjudicar las ruinas existentes, estableciendo en el segundo y tercero las penas por desobediencia (Rubín de la Borbolla y Cerezo Dardón, 1953, p. 36). Por tanto, la decisión de no cultivar este terreno no respondía únicamente a la voluntad de la compañía sino a una cuestión legal. Es decir, el marco legal ya amparaba este tipo de decisiones, sumándose a las dificultades técnicas que implica el trabajo de unas tierras en las que la presencia arquitectónica es potente.

Por otro lado, en cuanto a la cesión del terreno se refiere, el Decreto 479 ya establecía el dominio estatal sobre cualquier sitio en el que existieran construcciones previas a la Conquista, a pesar de que se encontraran en propiedad particular. Dichos monumentos serían susceptibles de expropiación en caso de que los propietarios no los cedieran. Además, como se han resaltado anteriormente, la exportación de piezas sujeta a criterio gubernamental se consideraba totalmente ilícita.

En referencia a la conservación de las ruinas, cuestión de principal interés para la investigación, el artículo octavo establece la obligatoriedad de solicitar previamente a cualquier intervención el permiso pertinente a la Secretaria de Instrucción Pública, dependiente a su vez del informe favorable del Inspector de Monumentos, puesto creado también en este decreto:

A fin de conservar los edificios arqueológicos y librarlos de los destrozos que en ellos pueda hacer la ignorancia, el descuido y el transcurso del tiempo, queda prohibido hacer excavaciones, mutilarlos sacando materiales de construcción o segregando algunas de sus partes, y en general ejecutar obra alguna que pueda deteriorarlos. Sólo con permiso de la Secretaría de Instrucción Pública, y previo informe del Inspector de Monumentos Arqueológicos, se pueden destruir o alterar aquellos que no interesen a la historia nacional, o ejecutar obras en los que se deben conservar, que no los deterioren” (Rubín de la Borbolla y Cerezo Dardón, 1953, p.34).

Es decir, el marco legal en el que se desarrolló el proyecto suponía una supervisión continua por parte del gobierno guatemalteco. Esta circunstancia no ha podido ser constatada, ya que la documentación consultada no hace alusiones explícitas a un control gubernamental de esta índole durante el tiempo que se sucedieron las excavaciones, y debe esperarse hasta años después a que aparezca la primera evidencia al respecto. Se trata de la comunicación emitida a 6 de julio de 1921 desde el Palacio Constitucional de la República, redactada en respuesta a una solicitud presentada por la United, por la que se recuerda a la frutera que, acorde con el Decreto 479, tanto las ruinas de Quiriguá como las piezas arqueológicas son propiedad nacional, pero es obligación de la compañía inventariarlas, catalogarlas y conservarlas (Rubín de la Borbolla y Cerezo Dardón, 1953, p.37).

La conservación arquitectónica durante las temporadas de excavación

La documentación de los trabajos se basa fundamentalmente en los escritos de la American School of Archaeology, así como en las notas de los cuadernos de campo del propio Sylvanus Morley, conservados en la American Philosophical Society en Philadelphia (Sylvanus Griswold Morley diaries,1905-1947, Mss.B.M828). Lamentablemente, los archivos de la UFCo no se encuentran abiertos al público y, la literatura señala que gran parte de ellos fueron destruidos en su transformación en la marca United Brands (Colby, 2011: 12-13).

Los primeros informes de las excavaciones fueron publicados por Hewett en el Bulletin of the Archaeological Institute of America, en 1911 y 1912.  En 1912 Morley publica “Quirigua, and Ancient Town, 1,400 Years Old” en Scientific American (Morley, 1912). En 1913, el National Geographic dedica dos artículos a los trabajos en Quiriguá. El primero de ellos lo suscribe W.F. Sands —ex-agregado del gobierno estadounidense en Guatemala— mientras que el segundo lo firma Morley, quien aporta una visión más académica de los trabajos. Hasta 1935 no se publicará la primera monografía sobre el sitio (Morley, 1935).

El informe de Hewett al Archaeological Institute en 1911 recoge la información relativa a las dos primeras campañas, y dedica unas páginas a los restos arquitectónicos del sitio. A estos, construidos en piedra, les asocia un carácter religioso en contraposición a la arquitectura residencial que debía estar construida con materiales perecederos, tales como el bambú o la paja, más adecuados para el clima del lugar (Hewett, 1911, p.125). Respecto a la evaluación de los daños, Hewett acusa la importante destrucción a factores naturales, en especial al crecimiento implacable de la vegetación, descartando el expolio por la lejanía del sitio. A su llegada, apenas existía arquitectura visible más allá de algún tramo de escalinata. Él mismo la describe como “una ciudad enterrada, en el más literal de los sentidos”, bajo unos montículos agrupados en cuadrángulos. Sólo tras las duras tareas de limpieza comenzaron a vislumbrarse fragmentos de fachadas y cornisas de carácter escultórico (Hewett, 1911).

Figura 5. Tareas de limpieza en el edificio 1 de Quiriguá.(http://users.stlcc.edu/mfuller/quirigua.html)

En 1912, se retomaron los trabajos en Quiriguá con el propósito de desvelar nueva información a partir de la excavación de su arquitectura oculta. En esta campaña participaría también Earl H. Morris, estudiante de la School of American Archaeology La misión, en palabras de Hewett, era proveer a la comunidad científica con nuevos datos para el conocimiento de esta civilización, pero, y aquí radica la novedad, asegurando su reparación y conservación. Este informe fue también presentado por Hewett en el XVIII Congreso de Americanistas celebrado en Londres en 1912 (Hewett, 1913).

Not less important than excavation was the work of repair and preservation; for in American Archaeology the time has gone by when investigation can be permitted to work destruction among important ruins” (Hewett, 1912, pp. 164-165).

Morley también publica su informe a modo de artículo tras esta temporada de 1912. El texto se estructura en diversas secciones en las que responde a una serie de cuestiones como el porqué del abandono del sitio o la edad que tienen los edificios. En cuanto a la arquitectura se refiere, Morley centra su atención en el sur del cuadrángulo y en particular en el templo A, entonces reducida a un montículo de tierra y sillares caídos. Posiblemente fueron los glifos de la moldura intermedia los que despertaron su interés en el edificio. De sobra es conocido el interés del arqueólogo por la escritura jeroglífica maya, que se materializó en obras de la relevancia de An Introduction to the Study of Maya Hieroglyphs (Morley, 1915).

La fachada del edificio estaba dividida en dos áreas por esta moldura. La sección inferior carecía de ornamentación, mientras que la superior presentaba un elaborado mosaico de esculturas, rematado con una cornisa con motivos foliáceos. La parte superior había sido la más afectada por el derrumbe, arrastrando con ella el mosaico y parte de la moldura de glifos, los cuales Morley recolocaría en su posición original (Morley, 1913, p. 352). La piedra arenisca con la que se había construido habría sido obtenida de una cantera próxima y trasladada, según Morley, por flotación durante las crecidas del Motagua. Durante esta temporada se excavaría también el edificio B, al que le asignaba un carácter residencial. En palabras de Morley, tras la limpieza de ambos edificios, fue necesaria una importante intervención para su conservación, evitando el rápido deterioro (Morley, 1913, p.354). Es decir, en ningún momento el proyecto plantea el recubrimiento de los edificios una vez estudiados, sino que los expone definitivamente. Para ello, se dispusieron los sillares sobre cemento, se aplomaron los muros y se acabaron con una capa de mortero de cemento «waterproof» que repeliera las importantes lluvias anuales. Estas «mejoras permanentes», como las calificó Morley, requirieron mucha dedicación y apenas pudieron acabarse en plazo (Morley, 1913, p. 361). Esta información contradice la versión aportada por Schávelzon, quien indica que no se realizó reconstrucción de «ninguna índole» (Schávelzon, 1984, pp. 228-231).

La intención de la School of American Archaeology era la de continuar el estudio exhaustivo del sitio mediante excavaciones sistemáticas durante varios años, para contribuir a la transmisión de la historia de la civilización maya como «testimonio del progreso y desarrollo humano» (Morley, 1913, p.361). En el mismo volumen de National Geographic aparece el artículo de Sands, aportando un punto de vista externo de los trabajos en el sitio. El diplomático remarca la importante aportación que suponen las excavaciones para el conocimiento de la cultura maya, y apunta ya lo interesante de un estudio regional que permitiera comprender los patrones de asentamiento de dicha civilización. Análisis que, en sus propias palabras, debería efectuarse con cierta premura antes de que el desarrollismo y el cultivo intensivo destruyeran esta posibilidad (Sands, 1913, p. 333). Sanders también enfatiza las excelentes condiciones de trabajo en el sitio que tilda de «lujosas» y muy diversas a las de otros lugares, no sólo por la evidente calidad de sus ruinas a las que califica como «the most perfect pieces of carving I have yet seen among American antiquities» sino por la conveniente accesibilidad al mismo, la cantidad de infraestructuras disponibles para los investigadores y la cercanía a la sede de la United con las facilidades que esto implicaba (Sands, 1913, p. 338).

En la última campaña, en 1914, participa el artista Carlos Vierra, así como lo haría de nuevo Morris. La atención se centraría en la definición de una cronología del sitio mediante estratigrafías, y especialmente en la recolección de piezas y modelado de réplicas (Hewett, 1916) imprescindibles para nutrir la Panama-California Exposition de 1915 en conmemoración de la apertura del Canal de Panamá  y que el propio Hewett comisionaba bajo el lema “The Story of Man through the Ages”. Podría decirse que se trata pues del final de un periodo en el que la arqueología abandona el interés por el artefacto aislado, y muda a una aproximación más global. Desde 1913, Vierra estaba ocupado con el importante encargo de una serie de seis murales representando las antiguas ciudades mayas que debían presentarse también en la exposición. A ello debió dedicar su tiempo en Quiriguá. Estas escenas no recogen el momento de esplendor de dichos sitios, sino que se escogió un momento posterior a su abandono, en el que se aprecia cierta degradación, pero no se aprecia una excesiva vegetación (Figura 6). Sin duda, una actitud que podría calificarse de romántica frente a la ruina. Tras la finalización de la muestra, la ciudad de San Diego logró retener la valiosa colección en la ciudad, configurando un museo en el que fue posible exponer, de manera permanente, dichas réplicas, los frescos de Vierra y otras evidencias relacionadas con la cultura maya. En 1942 el museo pasó a denominarse Museum of Man, y en él todavía pueden encontrarse las reproducciones en barro y fibra de plátano de las estelas de Quiriguá.  

Durante el tiempo que duraron las excavaciones, tanto la SAA como la UFCo mostraban orgullosas los trabajos allí desarrollados y, de hecho, era habitual la visita de personajes de prestigio, militares o políticos, como aquella en marzo de 1912 por parte del Secretario de Estado norteamericano Philander Knox, quien en un viaje hacia Honduras, se detuvo en las ruinas. Para facilitar la visita, se limpiaron monumentos, edificios y carreteras que permitieran una mejor comprensión del sitio (Schávelzon, 1988: 173, Morley 1913).

Figura 6. Representación de Quiriguá. Carlos Vierra, 1914. Tomada de Shields (1947, p. 34).

A consecuencia de la Guerra Mundial, la SAA se retira de Quiriguá, pero la relación de Morley con el sitio y la UFCo permanecería. En efecto, la Carnegie Institution of Washington apoyó una serie de trabajos intermitentes entre 1915 y 1934, en los que participarían personajes relevantes de la historiografía de la arqueología maya, tales como Ricketson, Strömsvick, Morris y por supuesto el propio Morley. En este decenio se multiplicarían los proyectos de excavación arqueológica en el área maya, pero Quiriguá seguiría siendo un sitio crucial para el reconocimiento de la cultura maya. En 1936, Morley publicará finalmente la guía del sitio (Morley, 1935).

Sin duda alguna, Quiriguá poco a poco se convertiría en un símbolo nacional, incorporándose su imagen a sellos y monedas (Figura 7).

Figura 7. Sellos Unión Postal Universal de Guatemala, con la imagen de los monolitos de Quiriguá. 1921. Imagen propia.

De hecho, gracias a la digitalización del archivo de Historia del Cine Guatemalteco en 2007, puede disfrutarse del interesante testimonio en movimiento titulado Excursión de la Sociedad de Geografía e Historia a Quiriguá y el Río Dulce en 1927. En efecto, el sitio despertaba el interés de la sociedad, incluso más allá de sus fronteras. Las imágenes muestran lo que entonces debió ser todo un evento social y reflejan la curiosidad que existía por las ruinas. En ellas se puede apreciar cómo el Licenciado Villacorta acompaña a un grupo de 156 visitantes a los que narra las grandezas de la antigua civilización maya. Estas imágenes, aunque lógicamente pobres en resolución, permiten distinguir los primeros intentos de puesta en valor del sitio arqueológico, apreciándose una incipiente senderización (Figura 8).

Figura 8. Fotogramas del filme Excursión de la Sociedad de Geografía e Historia a Quiriguá y el Río Dulce en 1927.

Conclusiones

En 1974, mediante el Acuerdo Gubernativo 35-74, Quiriguá es declarado Parque Arqueológico y Bandegua, la empresa bananera heredera de la United, cede al estado el área ocupada por el sitio arqueológico. Entre 1975 y 1979 se desarrolló un programa intensivo de excavación y conservación dirigido por William R. Coe y Robert J. Sharer, patrocinado conjuntamente por el University Museum de la University of Pennsylvania, la National Geographic Society y el Gobierno de Guatemala.

En 1981, el parque y las ruinas de Quiriguá fueron incluidos en la Lista de Patrimonio de la Humanidad. Actualmente, el yacimiento se encuentra a cargo del Ministerio de Cultura y Deportes.

Los principales riesgos de conservación a los que se enfrenta siguen siendo de carácter natural, particularmente vinculados a las crecidas del río Motagua, como lo fue la provocada por la tormenta tropical Agatha en mayo de 2010.

El estudio historiográfico de la conservación del patrimonio arquitectónico en Quiriguá pone de manifiesto que en los albores del siglo XX la relación entre ideología, nacionalismo e imperialismo influyó definitivamente tanto en el modo de investigar como en el de presentar sus resultados (Křížová, M., 2019). La manera en la que hoy se muestra la arquitectura de Quiriguá es el reflejo de un devenir de acontecimientos, pero sobre todo de la relación que durante este tiempo se estableció con el patrimonio arquitectónico. En este periodo, la arquitectura casi siempre sería secundaria a la excavación arqueológica, aunque los edificios fueron expuestos de manera definitiva en un intento de mostrar a la sociedad la majestuosidad de la cultura maya. Sin tener el conocimiento adecuado para una adecuada consolidación, se cubrieron con cementos altamente densos que comprometieron su respuesta futura, a pesar de señalarse una intención de mejora permanente de sus condiciones.

En cuanto al rol desempeñado por la UFCo en el desarrollo de trabajos arqueológicos y la conservación del patrimonio arquitectónico maya, éste se enmarca en una estrategia comercial de la compañía en la que economía, política y sociedad quedaban intrínsecamente entrelazadas y trascendían, tal y como señalan las evidencias, el mero apoyo financiero de las campañas de investigación. Pero más allá de estas cuestiones, la promoción de trabajos como el desarrollado por la American School of Archaeology han supuesto un hito en la historia de la conservación del lugar y han repercutido en la manera de concebir la investigación y conservación del área maya actualmente. El modelo de cooperación institucional entre la compañía bananera y una de las instituciones académicas más relevantes del momento para promover la investigación arqueológica, posibilitó la generación de un proyecto arqueológico a largo plazo sin precedente alguno en Guatemala y, el primero en el área maya financiado con fondos privados. Este modelo de colaboración institucional entre grandes compañías e instituciones académicas fue sucesivamente explorado en el resto del área maya, con diversos resultados. No debe dejar de mencionarse el papel desempeñado por Samuel Zemurray, quien con capital de la United estableció en Honduras la Cuyamel Company, y quien patrocinaría la creación del Middle American Research Institute de la Tulane University.

Entre 1946 y 1950 la United repetiría la experiencia en las ruinas del sitio arqueológico de Zaculeu, esta vez en un momento histórico en el que la imagen de la frutera requería de ciertos compromisos sociales que lavaran una imagen ya muy degradada. Tal y como sucediera en Quiriguá, se ficharían a los grandes nombres del momento, pero esta vez el afán de reconstrucción del sitio, para permitir una cuestionable mejor legibilidad de su arquitectura, se tornó en una de las intervenciones más cuestionadas de la historiografía de la conservación de la arquitectura maya. Curiosamente, paralelamente a esta controvertida restauración, la empresa y el gobierno de Árbenz se declaraban la guerra a raíz del Decreto 900 concerniente a la reforma agraria.

Agradecimientos

La autora agradece expresamente a los Ministerios de Ciencia e Innovación y de Economía y Competitividad por su respaldo a través de la financiación de los proyectos BIA2007- 66089 y BIA2011-28311-C02-01 respectivamente y de las estancias de investigación realizadas en centros extranjeros. Asimismo, agradece el importante soporte institucional recibido mediante el apoyo, en particular al Peabody Museum at Harvard University, el Penn Museum de la University of Pennsylvania y la American Philosophical Society en Philadelphia, cuyo apoyo ha contribuido de manera determinante al desarrollo de la presente investigación

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Editorial G15: Arquitectura maya

Carta editorial 

CC BY-NC-ND

Este número está conformado por diez trabajos, en los cuales persiste un efecto positivo acerca de la conservación y restauración del patrimonio y de la arquitectura maya. En el primer trabajo que parte de lo mencionado anteriormente, se realizan investigaciones sobre la grave situación de riesgo tras haber permanecido sepultada cientos de años la arquitectura del área maya. A pesar de que ha sido reconocida como patrimonio de la humanidad, el proceso histórico de abandono y recuperación mediante la investigación arqueológica, nos llevan a reflexionar sobre los métodos y los criterios que se deben emplear para poder garantizar que, una vez excavada, esta arquitectura pueda conservarse con todos sus valores.

Por otro lado, en el trabajo “El proceso de restauración en Uxmal: el caso del Palacio del Gobernador” se realiza un recuento del proceso por el cual se realizaron esfuerzos por conservar la región desde principios del siglo XX. El método que se empleó fue recuperar la información que permite devolver a los edificios las partes que se han colapsado e inicia con la documentación de la historia del edificio. Seguidamente se realiza un diagnóstico de deterioros y el reconocimiento del derrumbe para, finalmente, plantear el proyecto de intervención. En la última etapa se hace énfasis en el proceso de excavación de los derrumbes, lo que permite recuperar piezas caídas ordenadas de muros, bóvedas y frisos y, además, proporciona la información de los procesos constructivos, que guiarán la fase de consolidación y reintegración de elementos.

Siguiendo la misma línea, el trabajo “La conservación del patrimonio arquitectónico maya en contextos urbanos. Propuesta de una red de parques arqueológicos en Mérida, Yucatán” presenta un análisis de los procesos de transformación urbana frente a las permanencias prehispánicas urbano-arquitectónicas que han ocurrido en la ciudad de Mérida, Yucatán. Las intersecciones entre ciudad y patrimonio, específicamente durante las últimas casi cinco décadas (1972-2019), han conducido a un reconocimiento de zonas y monumentos patrimoniales, arqueológicos, históricos y naturales, cuya valoración para el desarrollo urbano los ha convertido en cualificadores del espacio e impulsores del fortalecimiento de la memoria social y cultural, a pesar de posiciones contrapuestas y confrontadas durante el proceso.

La Torre Nocuchich (Nuukuch Ich). Una propuesta para la restauración en arquitectura Maya basada en los derechos humanos” desarrolla una intervención y restauración de un monumento Maya: la torre Nuukuch Ich, desde un enfoque participativo, de base comunitaria y basado en los derechos de los pueblos indígenas. Por sus características arquitectónicas y artísticas singulares, la torre Nuukuch Ich representa un caso emblemático en toda la región Maya. A pesar de su valor histórico y artístico, el emplazamiento donde se localiza la torre se encuentra en proceso de destrucción paulatina por el cultivo industrializado de transgénicos. Por ello es urgente y necesario tomar acciones concretas para su conservación y salvaguardia.

La porción noreste del Petén guatemalteco, en las Tierras Bajas mayas centrales, tiene una singular concentración de yacimientos prehispánicos. Un referente en este territorio es Tikal, ciudad milenaria, patrimonio en situación de ruina arqueológica que se entremezcla con la selva tropical, por ello en el trabajo “Conservación y arquitectura maya en Petén, Guatemala” los autores profundizan en el tema de la conservación, intervención en edificios patrimoniales, urbanismo y arquitectura maya, contribuyendo desde una visión retrospectiva de los trabajos de campo.

Si bien es cierto que la arquitectura maya tiene coincidencias y puntos clave en común, hay dos temas estrechamente relacionados: construcción y percepción del entorno urbano en la ciudad de Palenque, Chiapas, durante el Clásico Tardío, es por ello que el trabajo “Dimensión urbana y percepción en la ciudad maya Clásica de Palenque” parte del estudio de la morfología urbana de Palenque, y que, con el uso de herramientas de análisis de un Sistema de Información Geográfica, se evidencia la intencionalidad en el posicionamiento de edificios significativos con el fin de crear visuales impactantes, y explorar de qué manera la percepción del entorno hubiera cambiado de acuerdo a la urbanidad de los actores, es decir, conforme a su condición en la ciudad y el vivir juntos experimentando al otro.

Dzehkabtún: historia de un conjunto habitacional del Clásico Tardío al Clásico Terminal” describe y analiza la historia de un conjunto arquitectónico del periodo Clásico maya en la península central de Yucatán. La excavación de un grupo habitacional de Dzehkabtún y el análisis del material asociado permiten reconstruir parte del desarrollo del sitio desde el Clásico Tardío hasta el Clásico Terminal.

El estudio “Quiriguá 1910-1914: un punto de inflexión en la conservación del patrimonio arquitectónico maya” profundiza en el contexto histórico, político y económico en el que se gesta el acuerdo para la intervención pionera de los trabajos desarrollados por la School of American Archaeology bajo el auspicio de la United Fruit Company, y su repercusión en la historia de la conservación de la arquitectura precolombina en el área maya a partir del análisis documental de los archivos institucionales y la incipiente legislación al respecto.

Los grupos E son una tipología muy singular en la arquitectura maya. Estos conjuntos están formados por una plaza central delimitada a un costado por un edificio piramidal, y al otro por una plataforma alargada que generalmente soporta tres estructuras. Esta denominación se originó en Uaxactún, por la nomenclatura otorgada al primer conjunto identificado con tales características. El trabajo “Transformaciones en la arquitectura de los grupos E: los casos de Tikal y Uaxactún” analiza y compara desde un punto de vista arquitectónico los edificios de los grupos E de Mundo Perdido en Tikal, y de Uaxactún, centrándose en su evolución constructiva.

Los estudios constructivos y estructurales de los edificios, así como el análisis de los mecanismos de degradación que les afectan, han quedado en muchos casos relegados a un segundo plano. Sin embargo, este patrimonio cultural, ampliamente valorado a nivel internacional, presenta una gran monumentalidad y complejas situaciones de conservación, por lo que su investigación y restauración requieren la participación de equipos multidisciplinares. El trabajo “Conocer para conservar: la arquitectura maya abovedada” forma parte de una investigación con enfoque arquitectónico sobre la bóveda maya, el sistema de techumbre más avanzado de esta arquitectura y, quizá, una de las mejores expresiones del auge constructivo y de la evolución tecnológica de dicha civilización.

Luis Fernando Cabrera Castellanos

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Dzehkabtún: historia de un conjunto habitacional del Clásico Tardío al Clásico Terminal

Dzehkabtún: The history of a habitational complex from the Late Classic to the Terminal Classic

Iken Paap, Ibero-Amerikanisches Institut – Stiftung Preußischer Kulturbesitz (Alemania), E-mail: [email protected]. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3837-1558 Google: https://scholar.google.com/citations?hl=de&user=1ZDcF30AAAAJ

Recibido: 15 de diciembre de 2019 | Aceptado: 25 de noviembre de 2020 | En línea: 01 de enero de 2021. ©Iken Paap, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Dzehkabtún, el grupo 269-424 en el sureste del sitio. Fotografía tomada con dron, vista hacia el norte (Proyecto Arqueológico Dzehkabtún, 2018).

Resumen

Este texto describe y analiza la historia de un conjunto arquitectónico del periodo Clásico maya en la península central de Yucatán, Edo. de Campeche, Mpo. de Hopelchén. La excavación de un grupo habitacional de Dzehkabtún y el análisis del material asociado permiten reconstruir parte del desarrollo del sitio desde el Clásico Tardío hasta el Clásico Terminal. El análisis del material óseo de varios entierros vinculados estratigráficamente con las etapas constructivas del edificio central de este grupo reveló un alto nivel de estrés físico, lo cual probablemente se agravó hacia el Clásico Terminal Tardío, cuando se registraron actos de violencia como la destrucción intencional de los edificios abovedados.

Palabras clave: arquitectura, Dzehkabtún, Clásico maya, violencia

Abstract

This text describes and analyzes the history of an architectural group of the Classic Maya in the central peninsula of Yucatan, Edo. de Campeche, Mpo. de Hopelchén. The excavation of a habitational complex in Dzehkabtún and the analysis of the associated material allow us to reconstruct part of the development of the site from the Late Classic to the Terminal Classic. The analysis of osteological materials from several burials stratigraphically linked to the construction phases of the central building of this group revealed a high level physical stress, which probably worsened towards the Late Classic when acts of violence such as the intentional destruction of the vaulted buildings were recorded.

Keywords: architecture, Dzehkabtun, Classic Maya Period, violence

Introducción

El proyecto arqueológico Dzehkabtún[1] se dedica a investigar los fenómenos socioculturales del final del Clásico maya en el centro de la península de Yucatán. Dzehkabtún[1] se identificó como sitio prometedor en este contexto, porque su centro obviamente se remodeló a gran escala en la época post-monumental, clasificada como ‘epi-clásica’ en otros contextos (Prem, 2003). Para Dzehkabtún –como para otros lugares en la península– hay indicadores convincentes acerca de que partes de la población presente en el sitio durante el Clásico Tardío continuaron viviendo y construyendo en el lugar (Paap, 2016), aún bajo condiciones radicalmente diferentes[2]. Aparte de una creciente presión por factores ambientales que en los rasgos arqueológicos se manifiestan en marcas de estrés y de malnutrición en los entierros[3] del Clásico Terminal Tardío[4], así como en ofrendas asociadas a invocaciones por agua, registramos las huellas de actos de violencia contra edificios e individuos en la misma época.

A continuación, se presentarán estas observaciones por medio del ejemplo del edificio 269/425 de Dzehkabtún.

El sitio y su investigación

El sitio arqueológico de Dzehkabtún (DZK) se localiza en el Estado de Campeche, México, en la zona de una ex-hacienda ganadera, a unos ocho kilómetros al suroeste del pueblo de Hopelchén (Figura 1a). Las investigaciones efectuadas desde 2007 revelan que Dzehkabtún estuvo habitado por lo menos desde el Preclásico Medio hasta el Clásico Terminal Tardío. Los rasgos arquitectónicos del centro del sitio –antes rico en edificios abovedados, fachadas elaboradas y monumentos esculpidos– combinan elementos de los estilos arquitectónicos Puuc y Chenes del Clásico maya, junto con formas y estructuras con características regionales o en referencia a Santa Rosa Xtampak, poblado situado a unos 35 km en dirección noreste.

A más tardar en el Clásico Tardío, Dzehkabtún formó parte de las redes de intercambio interregional de materias primas y bienes de lujo, como lo demuestran los hallazgos de gran cantidad de obsidiana y de cerámica foránea.

De los resultados de las excavaciones recientes puede inferirse que parte de la misma población local que ocupó el sitio durante el Clásico fue también responsable de las sustanciales remodelaciones de grandes partes del centro del sitio durante el Clásico Terminal.

La organización espacial del asentamiento está caracterizada por grupos de patio extensamente dispersos alrededor del centro monumental del sitio (Figura 1b), algunos dominados por edificios del tipo ‘palacio-pirámide’[5].

Figura 1. a) Ubicación del sitio de Dzehkabtún en la península de Yucatán;

levantamiento topográfico

Figura 1. b) mapa del sitio (mapas: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

Durante los siglos XIX y XX el área representativa del centro de Dzehkabtún fue afectada hasta la destrucción por la continua sustracción de sus piedras. Además de materiales para la construcción de casas y de carreteras, es altamente probable que se hayan sustraído también varios monumentos que hoy se hallan en colecciones particulares y museos en todo el mundo (Grube, 2009).

Los edificios mejor conservados de Dzehkabtún fueron documentados por primera vez por Teoberto Maler en 1887 (Maler, 1902, pp. 228-230, fig. 20-21; 1997, pp. 97-99, pl. 35-39; 2020, pp. 137-141). Durante el siglo XX, Dzehkabtún fue brevemente visitado por varios arqueólogos mexicanos y extranjeros que publicaron descripciones de las estructuras principales y de los monumentos encontrados (entre otros: Seler, 1912, p. 32; Ruz Lhuillier, 1945, pp. 38-41; Pollock, 1970, p. 40; Andrews, 1985, pp. 31-36; Dunning, 1987; Michelet y Becquelin, 2001, p. 224).

En 2007 se iniciaron trabajos de levantamiento, excavación y consolidación en el sitio, que siguieron hasta 2018 y que tuvieron como meta principal el mejor entendimiento de los procesos socioculturales al final del Clásico en la península central de Yucatán (Benavides Castillo y Paap, 2015; Paap, 2016).

Cronología del sitio

Basado en el análisis de los hallazgos cerámicos recuperados en excavaciones estratigráficas, se estableció un marco cronológico para Dzehkabtún del Preclásico Medio hasta el Clásico Terminal (Tabla 1).

Debido a la selección de las áreas excavadas según las metas generales del proyecto, la cerámica del Clásico Terminal del horizonte cerámico Habín (Clásico Terminal, 750-950 d.C.) es la que predomina en la muestra estudiada en Dzehkabtún[6].

A continuación, mostramos parte de los hallazgos que representan este último periodo de la ocupación del sitio.

Tabla 1. Horizontes cerámicos empleados en los estudios cerámicos en la región de los Chenes y en Dzehkabtun (Ancona Aragón, 2017, p. 5).

Horizonte cerámico Yaxché Chunyaxnic Chunselém Pich Habín
Periodo cronológico Preclásico Medio I Preclásico Medio II Preclásico Tardío Clásico Temprano Clásico Tardío Clásico Terminal
Cronología de Góngora y Jiménez 2009 y Góngora 2010 700-250 a.C. 250 a.C. -250 d.C. 250-600 d.C. 600-800 d.C. 800-950 d.C.
Cronología en Dzehkabtún 1000/900 -700 a.C. 700-300 a.C. 300 a.C. -250 d.C. 250-600 d.C. 600-750 d.C. 750-950 d.C.

El grupo habitacional 269 a 425

De 2014 a 2017 se excavó gran parte de un conjunto habitacional ubicado a unos 500 m al sureste del centro del sitio (Figura 2). El edificio central de este conjunto está formado por dos edificios abovedados, de un solo piso, y de varios cuartos cada uno (269 y 425). Fueron remodelados en una fase tardía, de tal manera que se rellenó el espacio angosto entre ellos y se construyó una escalera que llevó al segundo piso del edificio –unido obviamente con el intento de convertirlo en un pequeño y sencillo ‘palacio pirámide’-. Este tipo arquitectónico es reconocido en Santa Rosa Xtampak, entre otros sitios de la zona (Figuras 3 y 4). En Dzehkabtún se identificaron ocho edificios (sencillos y muy destruidos) de este tipo. Parte de ellos, incluso el edificio 269/425, dan la impresión de nunca haber sido terminados[7].

El edificio central 269/425 fue rodeado de varias estructuras de muros bajos de desplante, erigidas con piedras talladas provenientes de estructuras colapsadas o derrumbadas por parte posiblemente del mismo edificio central: el caso más obvio es la plataforma del edificio 271 que se erigió con piedras especializadas de una moldura media y/o superior. Si se considera al mismo tiempo que en el derrumbe de los muros colapsados del edificio vecino 269/425 justamente estas piedras especializadas estaban casi completamente ausentes (Figura 5), es muy probable que se reutilizaron en la construcción de la plataforma vecina, después del colapso del edificio principal.

Figura 2. El edificio 269/425 con las estructuras circundantes. En verde: zonas excavadas por completo entre 2014 y 2018 (mapas: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

Figura 3: Los edificios 269 (derecha) y 425 (izquierda) remodelados para formar una estructura (269/425) del tipo palacio pirámide (sencillo) durante el Clásico Terminal. Reconstrucción esquemática con escalera central y segundo piso (hipotético) (dibujo: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

Figura 4. Los edificios 269 (derecha) y 425 (izquierda), con los últimos pisos dentro de los cuartos y los entierros del Clásico Terminal (dibujo: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

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Figura 5: Piedras especializadas, reutilizadas en la construcción de la plataforma del edificio 271. (foto: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

Los edificios 269 y 425 se construyeron separados, en tres fases, con el inicio en el Clásico Tardío (edificio 425 y cuarto 3 del edificio 269), al cual más tarde –ya en el Clásico Terminal– se adosaron los cuartos 269-1 y 4, y en la siguiente fase –también Clásico Terminal– se añadieron los cuartos 269-2 y 5, junto con la zona de la entrada a los cuartos 1, 2, 4 y 5 (Figura 4).

En una fase más tardía, el pasillo entre los dos edificios y la parte este del edificio 425 se rellenaron y se cubrieron de piedras burdas, probablemente como base para una escalera y un segundo piso (Figura 3)[8].

Debido al mal estado de conservación de la arquitectura expuesta en la superficie –causado por incendios frecuentes y robo de piedras–, no podemos determinar con seguridad si el segundo piso con la escalera vinculada nunca se concluyó o, por el contrario, se desmanteló en un acto de terminación, como se pudo observar en edificios de la región vecina del Puuc[9].

Se registraron 16 entierros debajo del edificio 269, lo que les permite vincularse con las fases constructivas del edificio, y que se datan por medio de las ofrendas cerámicas asociadas[10]. Siete de estos entierros se pueden asignar al Clásico Terminal, es decir a las últimas fases constructivas que también comprenden la destrucción del edificio. Se trata de individuos que denotan deficiencias alimenticias y estrés – rasgos que no aplican en la misma medida a las fases anteriores:

De los siete entierros, cuatro son de sexo masculino, y tres de sexo indeterminado. En dos, se registraron fracturas por estrés, en tres patologías del esqueleto como hiperostosis y reacciones periósticas en grados diferentes. En los demás entierros el grado de descomposición no permitía un análisis detallado del material óseo. Cabe señalar que el estado de conservación es generalmente deficiente, debido –entre otros factores– al hecho de que los entierros carecen de cistas en las fases tardías de Dzehkabtún. Además, el número de la muestra no permite extraer datos concluyentes, pero parece indicar un empeoramiento acera de las condiciones de vida durante esta fase en términos todavía muy generales.

La destrucción del edificio 269/425

Hallazgos

Donde el estado de conservación de los pisos lo permitió, se pudieron observar huellas de incendios (capas delgadas de cenizas, manchas carbonizadas en los pisos) en los cuartos. Las bóvedas de todos los cuartos, salvo el cuarto 269-3, fueron destruidas, de manera que los cuartos se encontraron llenos de material arenoso-calizo con algunas piedras constructivas de las bóvedas, pero no se encontraron caídas ni en el orden ni en las cantidades que se deben esperar. La cantidad de las piedras constructivas en ninguno de estos cuartos llegó a la cantidad original; en lugar de eso se encontraron piedras aisladas de otros contextos como partes de metates.

En ningún caso se observaron trazas de un hiatus prolongado que precediera el colapso: a excepción de las cenizas mencionadas y que no contuvieron huellas de otro material orgánico acumulado, los pisos se encontraron limpios. Sólo en el cuarto 269-1 documentamos piedras talladas y restos de cerámica, obviamente depositadas encima del piso. Desde el contexto encontrado, es imposible decidir si estos materiales fueron colocados de forma intencional como ofrenda, o si se trata de restos de cultura material relacionados con la ocupación del edificio.

En el cuarto 269-3 –a diferencia de los demás cuartos– el material de la bóveda derrumbada se encontró en la posición original en la que había caído. La bóveda había colapsado hacia abajo y hacia el sur, encima del muro sur del edificio (Figura 6a). Grandes partes de las piedras originalmente existentes faltaban en los restos de este muro, que se encontraron cubiertos con los escombros de la bóveda –observación que nos lleva a una interpretación donde parte del muro se había arrancado intencionalmente para provocar el colapso del edificio-–.

Entre las piedras especializadas localizadas dentro del derrumbe se encontró la tapa central de la bóveda del cuarto afectado, caída cara abajo y ubicada a pocos cm. encima del piso derramado. De la tapa originalmente pintada en colores vivos, se pudo apreciar que ésta había sido mutilada raspando la imagen central de un personaje, dejando una huella rectangular en la piedra (Figura 6b).

En la fachada norte del edificio 269 también se observó que gran parte de los sillares y de los elementos decorativos no se encontraban en su lugar ni caídos en el derrumbe.

Figura 6a. Izquierda: La bóveda colapsada del cuarto 269-3 (durante la excavación, 2014). Vista hacia el norte. La tapa se halló en la parte central, encima del piso (flecha blanca). Derecha: la tapa de bóveda mutilada (fotos: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún y Sección de Restauración, Centro INAH Campeche).

Figura 6b. Derecha: la tapa de bóveda mutilada (fotos: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún y Sección de Restauración, Centro INAH Campeche).

En el cuarto 425-2 se hallaron los restos óseos de un individuo masculino, adulto, encima del piso, también rodeado de cenizas y cantidades residuales de madera carbonizada (Figura 7). El material óseo se encontró incompleto, pero las extremidades todavía por partes son articuladas, lo que pone a este muerto en un contexto directo con la destrucción del cuarto.

Figura 7. Restos óseos humanos en el piso al lado de la entrada al cuarto 425-2 (foto y dibujo: Proyecto Arqueológico Dzehkabtún).

Implicaciones

La mayoría de los aposentos del edificio 269/425 parece haber sido desmantelada en uno o varios actos deliberados, ejecutados con cierta planificación, como es el caso de la tapa de bóveda mutilada, los pisos quemados, pero ‘desescombrados’, y el relleno colocado dentro de los cuartos. Una excepción se presentó en el hallazgo, en el cuarto 425-2, de un cuerpo dentro de la capa de ceniza y aplastado por el derrumbe, justo al lado interior de la entrada al cuarto.

Alrededor del edificio, y por partes también dentro de los cuartos, se hallaron puntas de proyectiles (lanzas) que posiblemente se podrían asociar con su destrucción.

El acto de derrumbar el edificio parece presentarse de manera ligeramente diferente en las partes norte y sur del edificio. En los cuartos accesibles hacia el norte (269-1, 269-2, 269-4, 269-5 y 425-1) predominan los pisos quemados, con poca ceniza y los cuartos llenos de material derrumbado que no representa sólo la bóveda colapsada, sino parece haber sido alterado. En los cuartos con las entradas orientadas hacia el sur (269-3, 425-2, 425-3) la destrucción se presenta de manera más violenta o perturbadora, lo que nos lleva a la presunción de dos hechos distinguibles.

Conclusiones

Los análisis del asentamiento de Dzehkabtún indican un incremento de estrés ambiental y de fracciones internas dentro del sitio; incremento acompañado de una fuerte ‘regionalización’ de la cerámica en el Clásico Terminal, que durante las etapas anteriores (Clásico Temprano y Clásico Tardío) se caracterizaba por una gran variedad de piezas importadas de zonas del norte y del sur de la península (Ancona Aragón y Paap, 2018).

Al investigar fenómenos de crisis y agresión en un contexto arqueológico, una de las preguntas claves siempre es acerca de los actores. Identificar a los autores de estos actos en Dzehkabtún por medios arqueológicos se presenta sumamente difícil. A pesar de ello, se puede constatar la falta absoluta de elementos claramente ‘foráneos’ en el registro arqueológico asociado con la destrucción del edificio, pero también en otros contextos del Clásico Terminal Tardío en el sitio.

Sin embargo, hay que constatar insistentemente que el estado actual de la investigación no permite diferenciaciones claras de cultura material dentro del nivel regional por la ausencia de excavaciones estratigráficas y análisis de materiales al respecto. Además, faltan importantes datos de referencia de sitios vecinos y de sitios claves de la región, como lo es por ejemplo el poblado de Santa Rosa Xtampak. Este sitio tuvo una evidente influencia en la arquitectura, observación que no se puede precisar en el caso de la cerámica por falta de datos sobre estos materiales, entre otros, de dicho sitio.

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Notas

  1. Proyecto Arqueológico Dzehkabtún (www.dzk-online.de), Ibero-Amerikanisches Institut – Stiftung Preußischer Kulturbesitz en colaboración con el Centro INAH Campeche (Antonio Benavides Castillo) y patrocinado por la Fundación Científica Alemana, DFG.
  2. Para los fechamientos absolutos de los períodos en Dzehkabtún, nos basamos en el análisis cerámico. Véase la Tabla 1.
  3. Los análisis del material óseo todavía están en curso. Agradecemos la comunicación de datos preliminares a los antropólogos José Manuel Árias López (Centro INAH Yucatán) y José Ricardo Ruiz Cazares (SEMEFO Campeche).
  4. Introducimos una fase tardía para el período Clásico Terminal, que en Dzehkabtún puede ser definida especialmente en términos de estratigrafía arquitectónica.
  5. Tipo arquitectónico definido por Andrews (1996, p. 24) como uno de los rasgos distintivos de la arquitectura Chenes. En Dzehkabtún, las estructuras templo-pirámide sobrepuestas al edificio inferior en ningún caso se conservaron en pie, pero se pueden deducir de los escombros. En cualquier caso, son mucho más modestas que los ejemplos dados por Andrews en 1996. Los espacios más elaborados supuestamente fueron el ala sur y oeste del palacio, en cuyos escombros se encontraron varias piedras especializadas como partes de ‘mascarones de Chaak’.
  6. En el análisis de la cerámica de Dzehkabtún, las dataciones absolutas difieren en un punto de las dataciones en estudios previos: Iliana Ancona Aragón propone emplear los años de 600 a 750/800 d.C. para el horizonte cerámico Pich que corresponde al Clásico Tardío en la región de los Chenes, de tal modo que nuestro horizonte Habín sea comparable con el horizonte Cehpech de la región Puuc y de otros sitios de la región. (Ancona Aragón, Benavides Castillo y Paap, 2017, p. 348).
  7. Edificios de élite inconclusos, que presentan uno de los rasgos claves para el entendimiento de los procesos al final del Clásico (Prem, 2007), aparte de las estructuras en forma de ‘C’.
  8. La división del Clásico Terminal en dos o tres fases de estratigrafía arquitectónica todavía no se puede identificar en análisis de la cerámica asociada (Tabla 1).
  9. Comunicación personal, José Huchim Herrera, Centro INAH Yucatán (abril 2014).
  10. En el edificio 425 se documentó un entierro directamente vinculado con la destrucción del inmueble (véase más abajo).

[1]Proyecto Arqueológico Dzehkabtún (www.arqueologIAI.de), Ibero-Amerikanisches Institut – Stiftung Preußischer Kulturbesitz en colaboración con el Centro INAH Campeche (Antonio Benavides Castillo) y patrocinado por la Fundación Científica Alemana, DFG.

[2] Para los fechamientos absolutos de los períodos en Dzehkabtún, nos basamos en el análisis cerámico. Véase la Tabla 1.

[3] Los análisis del material óseo todavía están en curso. Agradecemos la comunicación de datos preliminares a los antropólogos José Manuel Árias López (Centro INAH Yucatán) y José Ricardo Ruiz Cazares (SEMEFO Campeche).

[4] Introducimos una fase tardía para el período Clásico Terminal, que en Dzehkabtún puede ser definida especialmente en términos de estratigrafía arquitectónica.

[5] Tipo arquitectónico definido por Andrews (1996, p. 24) como uno de los rasgos distintivos de la arquitectura Chenes. En Dzehkabtún, las estructuras templo-pirámide sobrepuestas al edificio inferior en ningún caso se conservaron en pie, pero se pueden deducir de los escombros. En cualquier caso, son mucho más modestas que los ejemplos dados por Andrews en 1996. Los espacios más elaborados supuestamente fueron el ala sur y oeste del palacio, en cuyos escombros se encontraron varias piedras especializadas como partes de ‘mascarones de Chaak’.

[6] En el análisis de la cerámica de Dzehkabtún, las dataciones absolutas difieren en un punto de las dataciones en estudios previos: Iliana Ancona Aragón propone emplear los años de 600 a 750/800 d.C. para el horizonte cerámico Pich, que corresponde al Clásico Tardío en la región de los Chenes, de tal modo que nuestro horizonte Habín sea comparable con el horizonte Cehpech de la región Puuc y de otros sitios de la región. (Ancona Aragón, Benavides Castillo y Paap, 2017, p. 348).

[7] Edificios de élite inconclusos, que presentan uno de los rasgos claves para el entendimiento de los procesos al final del Clásico (Prem, 2007), aparte de las estructuras en forma de ‘C’.

[8] La división del Clásico Terminal en dos o tres fases de estratigrafía arquitectónica todavía no se puede identificar en el análisis de la cerámica asociada (Tabla 1).

[9] Comunicación personal, José Huchim Herrera, Centro INAH Yucatán (abril 2014).

[10] En el edificio 425 se documentaron restos óseos directamente vinculados con la destrucción del inmueble (véase más abajo).

 

Visitas (50)

Dimensión urbana y percepción en la ciudad maya Clásica de Palenque

Urban dimension and perception at the Classic Maya city of Palenque

Arianna Campiani, Marie Curie fellow, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México & Dipartimento di Scienze dell’Antichità, Sapienza-Università di Roma.

E-mail: [email protected]. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7877-1548. Google Scholar: https://scholar.google.es/citations?hl=es&pli=1&user=2IsG2lUAAAAJ, https://uniroma1.academia.edu/AriannaCampiani[i]

Recibido: 12 de diciembre de 2019| Aceptado: 05 de octubre de 2020 | Publicado: 01 de enero de 2021.©Arianna Campiani, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Resumen

En este artículo me interesa abordar dos temas estrechamente relacionados: construcción y percepción del entorno urbano en la ciudad de Palenque, Chiapas, durante el Clásico Tardío. A partir del estudio de la morfología urbana de Palenque, y con el uso de herramientas de análisis de un Sistema de Información Geográfica, me interesa evidenciar la intencionalidad en el posicionamiento de edificios significativos con el fin de crear visuales impactantes, y explorar de qué manera la percepción del entorno hubiera cambiado de acuerdo a la urbanidad de los actores, es decir, conforme a su condición en la ciudad y el vivir juntos experimentando al otro. Para estos fines, considero diferentes aspectos del asentamiento, como lo son la inversión en mano de obra, la presencia de infraestructura y el acceso a los recursos, la sectorización en grupos y su diversa distribución. Propongo que estos elementos, aunados a la circulación y la visibilidad, apuntan hacia específicas estrategias de planeación, pero también sugieren diferencias de estatus entre sectores de la ciudad y, por ende, entre sus habitantes.

Palabras clave: Percepción del espacio, Visibilidad, Entorno construido, Urbanidad.

Abstract

In this article I address two interrelated topics: space construction and the perception of the built environment at Palenque, Chiapas, during the Late Classic Period. Starting from the study of Palenque’s urban morphology and by using Geographic Information System’s tools, I aim at underlying intentionality in specific buildings’ position and to explore how people’s urbanity, that is their condition in the city and the experience of otherness, would have transformed their perception of the environment. To this end, I will consider some characteristics of the environment such as labor investment, infrastructure and resource access, land subdivision in architectural groups and their distribution. I argue that these elements, if considered in relation with circulation and visibility, suggest specific planning strategies and point to social status difference within city sectors and their inhabitants.

Keywords: Space perception, Visibility, Built environment, Urbanity.

Introducción

Las ciudades promueven la interacción social a una escala mayor que en cualquier otro lugar, son lugares de posibilidades que tienen la capacidad de enfatizar y exagerar relaciones y desigualdades. El entorno construido, escenario de la experiencia urbana, es cambiante y se modifica para promover contactos, transacciones y reuniones. A través de estrategias de planeación, la ciudad es capaz de comunicar mensajes básicos a los usuarios en cuanto, por ejemplo, a accesibilidad o al traslado de un lugar a otro, mientras que sus espacios favorecen el encuentro y el intercambio de actividades y experiencias (Campiani, 2015; Massey, Allen y Pile, 2000; M. Smith, 2010). A la vez, el entorno urbano y sus arquitecturas tienen un significado que puede ser percibido y entendido por los usuarios, siempre y cuando éste forme parte de sus categorías culturales (Rapoport, 1982, p. 15).

Empezando con la forma urbana de un asentamiento mesoamericano y de sus características de organización en el espacio, me interesa investigar cómo mensajes sobre identidad, estatus y poder pueden ser comunicados por los diseñadores y constructores gracias, por ejemplo, al posicionamiento de edificios en lugares específicos. Además, con base en la premisa de que la posición en el espacio de las personas y lo que se puede ver u oír (o lo que puede ser visto u oído) llegan a constituir formas de desigualdad, quiero explorar cómo la experiencia que se tiene de la ciudad hubiera cambiado entre individuos o grupos, dependiendo del lugar de la ciudad en donde vivían, lo que apuntaría a diferencias en su condición social (Massey et al., 2000, pp. 6, 62; Netto, 2017, p. 85).

En particular, he escogido como caso de estudio a la ciudad maya antigua de Palenque en el período Clásico, con un enfoque en los siglos VII-IX, cuando se promueven los mayores esfuerzos arquitectónicos no solo en el centro del asentamiento, sino a lo largo del sitio. Si consideramos la ciudad en toda su extensión, veremos que ésta puede ser dividida en grupos arquitectónicos, que en la literatura se podrían asociar a vecindades o distritos (Arnauld, Manzanilla y Smith, 2012; Lemonnier, 2012; M. E. Smith, 2010). Estos se ubican en áreas con características topográficas distintas y presentan diversa inversión de mano de obra en construcciones e infraestructura.

Considero que las diferencias apreciables en cuanto a emplazamiento, arreglos espaciales, cercanía con el centro del asentamiento, acceso a los recursos, tipología de conjuntos, inversión de mano de obra y accesibilidad, nos proveen datos preliminares para pensar en las diferencias sociales y, por ende, en las diversas maneras de usar y percibir el entorno construido. A partir de la propuesta de grupos arquitectónicos formulada con anterioridad (Campiani, 2015) y con el  uso de un Sistema de Información Geográfica (SIG), pretendo explorar esta variabilidad y pensar en cómo influye en la experiencia de la ciudad. En esta ocasión he decidido no entrar en la discusión sobre vecindades y distritos, por falta de datos arqueológicos, por lo que me limitaré a hablar de grupos.

Urbanidad y percepción del entorno

La ciudad no solo constituye el marco para la vida y la experiencia de las personas, sino que las condiciona fuertemente, ya que provee una estructura al mundo sensorial y es escenario de las acciones e interacciones propias de los espacios y lugares urbanos. Si, entonces, lo urbano representa un aspecto de la experiencia humana, la urbanidad refiere no sólo a la condición de los actores en la ciudad sino al vivir juntos experimentando al otro (alterity o otherness) (Netto, 2017, p. 84). Siguiendo esta idea, la vida en la ciudad da lugar a experiencias individuales y, a la vez, posibilita que éstas se relacionen a manera de experiencias compartidas. No obstante, no todos los entornos construidos son capaces de fomentar esta dualidad, sino que deberá de haber espacios que la promuevan y sostengan (Netto, 2017, pp. 87, 96). De acuerdo a Netto (2017, p. 97), la urbanidad se relaciona con las diferencias en el espacio urbano y con las formas de vida social recreadas en dicho espacio. A manera complementaria quiero retomar a Hillier (2001), quien ha propuesto que el espacio condiciona la construcción social según dos tipos de leyes: la primera refiere a las configuraciones espaciales creadas por la posición de los edificios, y la segunda a cómo estos distintos arreglos y las restricciones al movimiento que pueden causar, condicionan la interacción. Por ejemplo, a nivel residencial hay una tendencia a estructurar y limitar el contacto (co-presence) y, así, los edificios se construyen de manera que cumplen con este objetivo (modo conservativo de estructuración del espacio). En cambio, las actividades económicas maximizan el espacio y necesitan de un contexto arquitectónico más integrado (modo generativo de estructuración del espacio) (Hillier y Netto, 2001, p. 13.2). Según Christophersen (2015, p. 113), la urbanidad refiere a un entender compartido que tiene una comunidad urbana y que se desarrolla a partir de las experiencias, competencias e intenciones en las que participa un gran número de personas que viven en una gran comunidad que interactúa con el entorno. Urbanidad entonces como condición, que asentamientos como ciudades -o pueblos, de acuerdo a Christophersen-, promueven, y que refiere a las relaciones, rutinas y prácticas sociales en el entorno urbano. El entorno construido, entonces, no sólo es escenario para las interacciones sociales, sino es parte integral de su acontecer y, como menciona Fisher, por extensión es constitutivo de los procesos de negociación de estatus y papeles sociales, y de identidad (2009, p. 440). De aquí la importancia de los elementos materiales en formar categorías culturales estables que pueden ser decodificadas si y cuando coinciden con los esquemas mentales de las personas (Rapoport, 1982, p. 11). Las formas construidas son la expresión física de estos esquemas: el reconocimiento de un edificio, de lo que es, implica que su noción sea un significado cultural previamente existente (Rapoport, 1978, p. 46, 1982, p. 15).

Los espacios construidos para la congregación y sus arquitecturas serán los más susceptibles de modificaciones por parte de los diseñadores en aras de comunicar a la comunidad mensajes y reiterar valores comunes. Podemos entonces pensar que estos espacios urbanos tienen una “utilidad significativa”, ya que reconducen al concepto de cultura, a la existencia de creencias comunes y a la producción de arquitectura y espacios significativos en donde se constituyen, renegocian y alimentan las dinámicas sociales (Liendo Stuardo, 2011c; Low, 2000) y cuya monumentalidad y visibilidad son expresión de las intenciones de sus creadores. El programa arquitectónico cumple con diferentes necesidades, que presuponen un factor de escala diferente: a nivel individual y comunitario. A una escala individual, tiende a la satisfacción de necesidades básicas y prácticas, mientras que nos provee información sobre la clase social de pertenencia de los usuarios en la diversidad de la composición arquitectónica en su complejidad, decoración, visibilidad y en la inversión de mano de obra. A escala urbano-colectiva, el programa arquitectónico responderá no sólo a la satisfacción de las necesidades de la sociedad, sino que cumplirá con la función de comunicar:

  • A la comunidad, proveyendo mensajes a través de la construcción de espacios y edificios significativos, que a la vez legitiman el poder de la clase dominante;
  • Desde la comunidad, es decir con el reconocimiento de la colectividad en las obras comunitarias que expresan una ideología compartida y en la participación en eventos comunitarios cíclicos;
  • La comunidad, es decir reforzando el sentido de pertenencia al grupo y contribuyendo a la creación de una memoria colectiva.

La ciudad y sus espacios, entonces, no solo constituyen un organizador de relaciones, hechos y posibilidades, sino expresan un conjunto de creencias y de costumbres sociales (Lynch, 1996, p. 125). La correspondencia entre la forma del asentamiento y la percepción que de él se tiene, es lo que Lynch define como “sentido” de un lugar, y que concierne a la claridad con la que el entorno puede ser percibido y con la que, por ende, sus elementos constituyentes pueden ponerse en relación espacio-temporal con otros eventos o lugares, de tal manera su representación coherente se podrá conectar con conceptos y valores (Lynch, 1981, p. 31; Rapoport, 1982). De aquí la importancia de la visibilidad de determinados edificios cuya importancia simbólica se vuelve un mecanismo cultural para enviar mensajes y comunicar significados.

Métodos y resultados

Para enfatizar la relación entre el entorno construido y sus habitantes y usuarios, y destacar las informaciones y mensajes de los que éste puede ser portador, en mi estudio usaré dos métodos: el primero se basa en enfatizar las características de la ciudad que refieren al desarrollo de actividades básicas como circulación, el traslado entre grupos o hacia el centro del asentamiento, entre otros. Para estos fines resaltaré algunos aspectos de la morfología urbana de Palenque, como la división en grupos y sus diferencias, la ubicación de edificios significativos y de mayor volumen construido, la presencia y diversidad de obras infraestructurales y las condiciones de accesibilidad. Analizaré, entonces, la ciudad de Palenque a partir del mapa realizado por Barnhart y su equipo (2001), y me apoyaré en un Modelo Digital de Elevación (DEM) generado a partir de la morfología del terreno, a menos del volumen de las estructuras (López Mejía, 2005).

El segundo método que utilizo para pensar en cómo el entorno puede ser percibido, se basa en los estudios de visibilidad que se pueden llevar a cabo con una plataforma SIG (viewshed analysis). Con base en el DEM exploraré el campo de visibilidad de un observador en el espacio urbano, y el alcance visual de los edificios significativos reconocidos en la ciudad y en las plazas centrales de Palenque (cumulative viewshed) para pensar en cómo se hubieran percibido en su conjunto, siguiendo la idea de intervisibilidad planteada por Llobera (2003). Por lo que concierne a elementos específicos del territorio (en nuestro caso de la ciudad), sigo el concepto de visual exposure (Llobera, 2003, p. 33) que se refiere a la medida en que un elemento ocupa el campo visual de un individuo en cierto lugar. Lo que se pone en evidencia a raíz de los cálculos llevados a cabo con el SIG son los patrones visuales creados por la presencia de uno o varios elementos. En otras palabras, nos indican cuánta parte de los edificios o terreno se pueden ver en cada lugar.  Aunque sin contar con el volumen de las estructuras (a menos del núcleo cívico-ceremonial del asentamiento), este estudio nos acerca de manera preliminar a la intencionalidad en el diseño urbano y al papel que los elementos arquitectónicos juegan en el entorno para guiar a un observador, limitar o propiciar el interactuar de las personas en el espacio y la comunicación de mensajes (Lynch, 1996; Richards-Rissetto, 2017b). Mis análisis se basan primeramente en el sentido de la vista, así como otros realizados en sitios precolombinos (Doyle, Garrison y Houston, 2012; Moore, 1996; Richards-Rissetto y Landau, 2014). Richards-Rissetto (2017a, p. 196), como ocurre con el estudio del Copán de finales del siglo VIII, donde se afirma que el sentido de la vista es el que detona a los otros (también en Landau, 2015) basándose en los estudios iconográficos de Houston et al. (2006), mismos que resaltan la preponderancia del verbo “ver” en la epigrafía.

Si consideramos lugares distintos de la ciudad, veremos cómo su permeabilidad y diseño se adaptan no solo a la función que estos tienen, sino también a los mensajes que pueden ser expresados en sus arquitecturas dependiendo de su papel y posición en el espacio.

A. Composición urbana

La antigua ciudad de Palenque se encuentra sobre una meseta bien delimitada desde un punto de vista espacial: el asentamiento está definido hacia el Sur por las elevaciones de la sierra de Chiapas, y hacia el Norte por una escarpada que baja abruptamente hasta la planicie (figura 1). El área disponible para la edificación estuvo condicionada por los barrancos creados por los arroyos estacionales, el cauce de los ríos perennes y las considerables diferencias de nivel, características de un emplazamiento en las primeras estribaciones de la sierra.

Figura 1. Cuenca visual de un observador posicionado en el “Grupo IV”; en morado, el recorrido principal al interior de la ciudad. A. Campiani, adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

El centro del asentamiento, en donde se encuentran los edificios cívicos y ceremoniales, se ubica en el área plana más extensa de la meseta, hacia el Este. Esta gran área se construyó y transformó a través de grandes obras de nivelación y contención, que permitieron subdividir el espacio en plazas consecutivas sobre diferentes planos. Entre el 150 d.C. y el 600 d.C. el asentamiento parece haberse expandido, ya que resultan colonizados los espacios entre las primeras construcciones del Este y Oeste. Algunos investigadores proponen que este crecimiento se debió a la concentración de población a raíz también del abandono de algunos centros rurales del Preclásico (López Bravo y Venegas Durán, 2012).

El análisis cerámico apunta a que en el siglo VIII hubo una expansión a nivel urbano-arquitectónico en donde el asentamiento alcanzó el tamaño que conocemos hoy en día, y que ésta se acompañó de grandes obras públicas, reconocibles la mayoría en el centro de la ciudad. Los datos epigráficos e iconográficos sugieren una mayor participación de nobles -no pertenecientes a la familia reinante- en los asuntos políticos. Posiblemente, estos personajes participaban de una red de control territorial y estaban relacionados con sitios secundarios (Liendo Stuardo, 2011a) que florecieron en este mismo período y están distribuidos regularmente cada 6 Km, a lo largo del pie de monte (Liendo Stuardo, 2011b).

Las estructuras residenciales de la antigua Palenque, son más numerosas hacia el Oeste, en donde la topografía es menos accidentada; el mapa (Barnhart, 2001) muestra las numerosas obras de nivelación y contención que los palencanos realizaron a través del tiempo para poder disponer de áreas planas. No obstante, fuera del núcleo cívico-ceremonial no tenemos una idea clara de cómo los grupos crecieron en respuesta a estos períodos de auge constructivo.

B. Grupos arquitectónicos e infraestructura

Las obras infraestructurales de nivelación y contención necesarias para la edificación de estructuras, las áreas libres de edificios y la morfología del terreno han guiado mi propuesta de subdivisión del asentamiento en 13 grupos arquitectónicos (figuras 2 y 3). Además, en ausencia de caminos formales, estos elementos ayudan a proponer los recorridos al interior del asentamiento, como veremos más adelante (figura 6).

Figura 2. Gráfica en donde se sumaron las obras infraestructurales asociadas a las áreas planas (rojo); las fracturas naturales (verde), y las áreas libres de estructuras (anaranjado). Tomado de A. Campiani, 2015, Fig. V.65, y adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

Figura 3. Los grupos (morado) sobrepuestos con las limitantes físicas y topográficas. Tomado de A. Campiani, 2015, Fig. V.66 y adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

Al interior de los 13 grupos reconocidos, se han identificado unos conjuntos arquitectónicos que sobresalen con respecto a los otros por características formales -arreglo y dimensión de las estructuras y de los espacios abiertos-, por la presencia de escultura integrada en la arquitectura, por volumen construido o por los artefactos suntuarios hallados durante las excavaciones. Los he definido como “conjuntos de élite” (Campiani, 2015). Algunos de estos conjuntos sobresalen al interior de un grupo, gracias a sus características arquitectónicas, por lo que se denominaron “conjuntos dominantes”. Propongo que estos representen un punto de referencia para la comunidad de ese mismo grupo, y que aquí o en su área exterior se llevaban a cabo actividades cotidianas colectivas, no sólo de carácter ritual (figura 4).

Si bien algunos autores (Smith, 2017, p. 179) afirman que la planeación ocurría por la mayoría en el epicentro de los asentamientos y que las áreas residenciales eran raramente planeadas y era poco probable que la autoridad central estuviera implicada en ese proceso, el papel propuesto para los conjuntos dominantes indicaría otra escala de planeación. Además, las investigaciones llevadas a cabo en el lugar conocido como “Grupo IV” de Palenque (el sector Este del Grupo 8 planteado por mí) confirman que había una planeación local.

Figura 4. Los 13 grupos, con evidencia de los “conjuntos dominantes” en su interior. A. Campiani, adaptado de Barnhart 2001 y López Mejía 2005.

Las excavaciones llevadas a cabo entre 2016-2018 en el marco del Proyecto Regional Palenque (PREP) (Liendo Stuardo et al., 2017) en el área Este del Grupo, en correspondencia del conjunto dominante, han evidenciado la modificación y nivelación del patio con el fin de disponer de una plaza en donde se enterraron los individuos del Grupo, mientras que los ancestros se sepultaron en altares posicionados en el Este de los conjuntos (Johnson, 2018a, 2018b), de acuerdo al esquema Plaza Plan 2 propuesto por Becker (2014).

Unos mapas de calor realizados con una plataforma SIG a partir de la presencia de manantiales en la ciudad (figura 5A) y de obras de infraestructura hidráulica (figura 5B) (Barnhart, 2001; French, 2000, 2007), revelan que los grupos 2, 3, 8, 9 y 13 son los que concentran el mayor número de manantiales y, por ende, de acceso a agua fresca no contaminada por deshechos descargados en los ríos, como ha sido documentado para otras áreas de la ciudad en el período Clásico (Márquez Morfin y Gómez, 2002). La parte Sur del Grupo 2, en donde colinda con el Grupo 3, es de particular atención ya que coincide con lo que se ha planteado como el acceso principal a la ciudad (Campiani, 2015; Liendo Stuardo, 2011b). Es aquí en donde, asociados a los manantiales, se encuentran un acueducto y una alberca con agua corriente, pero también una de las dos estelas halladas en Palenque; los conjuntos arquitectónicos de esta área son de gran envergadura. El Grupo 2, por ejemplo, es caracterizado por la imponente presencia del basamento conocido como “Escondido”, arriba de una loma natural, que controla el acceso Oeste al asentamiento, y funciona también como marcador visual en su interior.

El Grupo 8, a nivel espacial está directamente asociado con el núcleo cívico-ceremonial del asentamiento, ya que se encuentra a su noroeste. En su interior se encuentra el Grupo IV, cuya importancia es atestiguada por los datos cerámicos del PREP y por las excavaciones realizadas en los ‘50 y ’90 (López Bravo, 1995; Rands y Rands, 1962). Los datos recolectados apuntan a que la formalización de este grupo, con las arquitecturas que apreciamos hoy en día, remonta al siglo VIII, cuando aquí vivía un personaje llamado Chac Sutz, mencionado en el Tablero de los Esclavos hallado en la estructura J1. Bajo el reinado de K’inich Ahkal Mo’ Nahb, el líder militar Chac Sutz pertenecía a la élite palencana (Johnson, 2018a, p. 63) y, podemos pensar, disponía de la mano de obra y recursos para la construcción de edificios multi-cuartos y de dos niveles.

Figura 5. Mapas de calor que muestran la densidad de: a) manantiales; b) infraestructura hidráulica. A. Campiani, adaptado de Barnhart 2001 basado en French 2000.

El mapa de calor de las obras infraestructurales hidráulicas, entendidas como cajas de agua, acueductos, puentes prehispánicos, canales con muros de contención, diques y drenajes (French, 2005, p. 23) arroja otro panorama: los mayores trabajos se evidencian en los extremos Este y Oeste de la ciudad (figura 5B). Hacia el Este, se encuentran los grupos 11 y 1. Este último coincide con el núcleo cívico-ceremonial del asentamiento, en donde el río Otulum se canalizó a mediados del siglo VII para ampliar el basamento del Palacio. El Grupo 11 se desarrolla siempre a lo largo del río Otulum, pero río abajo; está partido en dos secciones por un arroyo que se canalizó con altos muros de contención. A la fecha se necesita más trabajo de campo para indentificar puentes de comunicación que hubieran permitido la circulación entre las dos secciones del Grupo. Tampoco es claro cómo desde el Grupo 11 se hubiera superado la escarpada para llegar al Grupo 1. Como se ha mencionado para los manantiales al Oeste del sitio, numerosas obras hidráulicas se encuentran en el límite entre el Grupo 3 y el Grupo 2 justo en correspondencia de la entrada del sitio. Acondicionamientos puntuales han sido detectados en los Grupo 4 y 12, y entre el Grupo 2 y 5.

C. Visibilidad y accesibilidad

Para poder pensar en la ciudad de Palenque como entorno urbano significativo para la comunidad, en donde edificios específicos se planearon a lo largo de la dinastía palencana en lugares impactantes con alto contenido simbólico, es necesario enfatizar las condiciones de accesibilidad en paralelo con las de visibilidad. Éstas también nos ayudan a pensar en cómo las diferencias de emplazamiento y, por ende, de visibilidad, pueden apuntar hacia el estatus social de los habitantes.

En Palenque no existen caminos que podríamos definir “formales”, y solamente dos puentes prehispánicos han sido reconocidos al Este de la ciudad. Aunque es necesario más trabajo de reconocimiento en campo para detectar otros, podemos pensar que el cruce de los ríos hubiera podido acontecer en ciertos lugares de manera “informal”. De hecho, algunos de los arroyos perennes se pueden atravesar en ciertos puntos aprovechando las formaciones calcáreas que a menudo, después de las cascadas, crean albercas naturales de aguas poco profundas.

La ausencia de estructuras y la direccionalidad impuesta por las terrazas apuntan hacia la existencia de un recorrido Oeste-Este como eje de comunicación principal de la ciudad que une a los diferentes grupos habitacionales al Oeste del centro y dirige el flujo de habitantes de la periferia a la Plaza Central (figura 6) (Campiani, 2015; Liendo Stuardo, 2011b).

Figura 6. Propuesta de recorrido Este-Oeste y de subida desde la planicie (en amarillo). En rojo se evidencian los muros de contención de las terrazas. A. Campiani, adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

Los análisis de visibilidad (viewshed analysis) se han llevado a cabo con base en el modelo digital de elevación para explorar de manera preliminar la visibilidad de los edificios con respecto a la posición de un observador a lo largo del recorrido planteado. Siguiendo a Landau (2015, p. 284), para un maya del período Clásico se escogió una altura promedio de 1.60 metros. Vemos, por ejemplo, cómo hubiera cambiado lo que un observador veía conforme se iba moviendo a lo largo del recorrido Oeste-Este (figura 7). En un principio, el impacto se hubiera generado por los edificios posicionados en la cima de los cerros y por los conjuntos dominantes de los Grupos 2 y 3. A la vez, sus basamentos y los lugares libres de estructuras hubieran direccionado al usuario a lo largo del primer tramo del camino hacia la plaza central (figura 7A). Desplazándose, el observador hubiera empezado a percibir las volumetrías más complejas de los Grupos 4, 7 y 8 y las obras de contención del lado Oeste del área central (figura 7B). Llegando al “área de distribución”, un espacio vacío antes del acceso al epicentro del sitio (Campiani, 2017), ya se hubieran percibido los mausoleos (Templo XII, XIII y Templo de las Inscripciones), el Templo XI y hasta el Templo del Conde en el Grupo Norte y el basamento del Templo de la Cruz. Al sobreponer estos mapas con los edificios que se han propuesto como hitos primarios y secundarios en la ciudad (Campiani, 2015, 2019), vemos como hay una correspondencia entre su alcance visual calculado con el SIG y estos elementos –escogidos de acuerdo a sus características de volumen construido y posición (figura 7C).

Figura 7. Alcance visual de un observador: a) a la entrada Oeste del sitio; b) a medio camino; c) antes de entrar al centro del asentamiento. En rojo los símbolos de estrella indican los hitos primarios, y los triángulos los hitos secundarios. A. Campiani, adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

La figura 7A es emblemática también de lo que se alcanzaría a ver desde el límite de los Grupos 2 y 3, mismos que sobresalen por la presencia de manantiales y obras hidráulicas, a pesar de su lejanía con respecto al centro de la ciudad. Para pensar en si, y cómo las diferencias de estatus afectan la condición de los actores en la ciudad y lo que puede ser visto, he posicionado un observador en varios de los grupos de la ciudad (figura 8). Es interesante notar cómo la topografía y las fracturas del terreno son las que condicionan el alcance visual.

Figura 8. a) Observador en el Grupo 8; b) en el conjunto dominante del Grupo 4; y c) en el Grupo 11. A. Campiani, adaptado de Barnhart, 2001 y López Mejía, 2005.

En general, si generamos una cuenca visual acumulativa en el centro del asentamiento, agregando la posición de un observador en las diferentes plazas definidas por los edificios y las diferencias de nivel, ésta nos muestra la visibilidad de ciertos elementos en conjunto para pensar de qué manera estos ayudan a crear un sentido del lugar. Siguiendo la idea de intervisibilidad (Bernardini y Peeples, 2015; Llobera, 2003; Richards-Rissetto, 2017a), en un nivel básico podemos ver como las arquitecturas del núcleo cívico-ceremonial palencano se hubieran percibido en su conjunto, creando una envolvente para quienes se encontraban en sus plazas (figura 9), amplificando la experiencia individual y colectiva de encontrarse adentro de sus límites, rodeados por edificios significativos, representativos de las creencias compartidas[i]

Figura 9. Cuenca visual creada a partir de diversas posiciones de un observador en el espacio (puntos verdes). A. Campiani, DEM cortesía de Nicola Lercari, HIVE Lab, Universidad de la California Merced

De manera complementaria retomo el concepto de exposición visual (visual exposure) que se refiere a la medida en que un elemento ocupa el campo visual de un individuo en cierto lugar. Siguiendo este discurso, y de acuerdo a la capacidad de los edificios de ser vistos, he hecho un ejercicio considerando la torre del Palacio (figura 10A) y la crestería del Templo de las Inscripciones (figura 10B). He puesto un punto en la cima de los dos hitos para evaluar su alcance visual.

Figura 10. Exposición visual: a) torre del palacio; y b) crestería del Templo de las Inscripciones. A. Campiani, DEM cortesía de Nicola Lercari, HIVE Lab, Universidad de la California Merced

Tanto las construcciones del núcleo monumental como las que se encuentran en cercanía directa fungen como hitos no solo al interior del sitio: el palacio, además  de su posición y su imponente basamento, se distingue por la torre central construida en el siglo VIII y que, con sus 27 m arriba del nivel de plaza, llega a ser visible desde la planicie (figura 10A), lo mismo acontece con el Templo V del Grupo Norte, la crestería del Templo de la Cruz y el Templo de las Inscripciones (figura 10B), construido por K’inich Janaab Pakal a mediados del siglo VII.

Lo que se pone en evidencia, a raíz de los cálculos llevados a cabo con el SIG, son los patrones visuales creados por la presencia de elementos arquitectónicos específicos en el entorno urbano, es decir edificios que tienen un significado compartido por la comunidad a lo largo de varias generaciones que se suceden entre, por lo menos, los siglos VII y IX. Considero que la relación que existe entre el alcance visual que tienen estos edificios y la posición en el espacio de los usuarios y transeúntes es de carácter intencional y se debe a una cuidadosa planeación a escala-grupo y escala-ciudad.

Conclusión

La aproximación a las características formales de la ciudad, en cuanto a división en grupos arquitectónicos y la inversión de mano de obra en algunos de sus edificios, la direccionalidad de los recorridos, las condiciones de accesibilidad, la presencia de infraestructura hidráulica y el acceso al agua corriente, sugieren las áreas planeadas y las visuales impactantes que éstas son capaces de crear. Dichos elementos ayudan a pensar en el grado de legibilidad del entorno, al que hubieran percibido sus usuarios, no sólo al encontrarse en el núcleo cívico-ceremonial, sino al entrar y moverse adentro de los límites de la ciudad. Al juntar estos estudios de construcción y percepción, resulta evidente cómo el vivir en los grupos más alejados, o en las áreas en donde la topografía es más accidentada, hubiera afectado la percepción del entorno, hecho que propongo asociar con diferencias de estatus al interior de la comunidad.

Los estudios llevados a cabo en Copán (Richards-Rissetto, 2017b, p. 15) constituyen un antecedente interesante para comprender cómo la topografía se utilizaba y modificaba para promover cierto tipo de sensaciones y propiciar la comunicación de mensajes. En el área alrededor de esa ciudad, los datos de accesibilidad evidencian una tendencia a la segregación social, ya que sitios en donde vivían personas que no pertenecen a la élite se encuentran en lugares menos accesibles que dificultan el movimiento e implican un mayor esfuerzo para llegar a otras áreas. Los estudios de visibilidad en Copán han evidenciado cómo los sitios de estatus social más elevado se encuentran en lugares de mayor visibilidad (Landau, 2015).

En Palenque, donde la ciudad se desarrolla en un lugar geográficamente delimitado, vemos como la cercanía con el centro del asentamiento resulta ser un elemento importante, junto con las áreas en donde se accede al sitio. Los grupos propuestos para Palenque son marcados por la fisiografía del terreno y la presencia de cursos de aguas cuyo escurrimiento genera profundos barrancos, además de proveer, en algunos casos, un impedimento a la circulación. La relación entre complejidad o número de conjuntos dominantes por grupo y su cercanía con el núcleo central del asentamiento no es tan marcada como en otros sitios de la región (Campiani, 2017); sin embargo observamos la extrema concentración de conjuntos arquitectónicos al Este y Noroeste del área monumental, en particular hablo de los Grupos 8 y 9, que destacan por la extrema densidad constructiva en su interior. El Grupo 8, además, es uno de los que concentra el mayor número de manantiales, hecho que nos hace pensar no solo en el acceso directo al agua, sino en la ausencia de contaminación por deshechos llevados por los ríos y, por ende, a una jerarquía social importante que implica condiciones extremadamente favorables para sus habitantes. En el Grupo 9 no se han detectado manantiales, pero éste se encuentra en un área rodeada por las mayores obras de infraestructura hidráulica, con acceso directo al Grupo de la Cruz y al núcleo cívico-ceremonial. En cambio, los Grupos 2 y 3, en el límite Oeste del sitio, se caracterizan por grandes volúmenes construidos, obras hidráulicas y manantiales. Este último elemento caracteriza también al Grupo 13 en la planicie, en correspondencia de lo que se ha propuesto como primer tramo de subida hacia el Grupo 11.

En general, las áreas al Este del centro de la ciudad son las de más difícil acceso, en donde a la fecha no es claro cómo se hubiera podido llegar al núcleo cívico-ceremonial. Aquí las construcciones se encuentran nucleadas para aprovechar las áreas edificables o las terrazas artificiales, mientras que los barrancos y las alturas condicionan la movilidad y visibilidad. Esto es particularmente evidente para los Grupos 10, 11 y 12; lo mismo acontece con el Grupo 4, al Oeste del centro. En cambio, los otros grupos tienen mejores condiciones de accesibilidad y visibilidad, no solo por la cercanía con el centro, sino por ocupar las áreas más planas del sitio.

Estudios más específicos podrán realizarse a partir de datos LiDAR que permitan tener una mejor idea del volumen de las estructuras y la manera en que éstas crearían, junto con la fisiografía, otros condicionantes a la circulación y a lo que se puede ver. Un análisis de las áreas vacías que pudiera elucidar la presencia de huertas urbanas y, por ende, proporcionar datos sobre los árboles y la vegetación que caracterizaba buena parte de la ciudad, nos ayudaría a añadir también ese dato como otra barrera a la visibilidad. Un análisis de menor esfuerzo conducido sobre un DEM de alta resolución, guiaría el posicionamiento de un observador en los más probables recorridos para mejor pensar en el alcance visual del entorno urbano y en su impacto en un observador.

Contrariamente a cuanto fue observado por Richards-Rissetto y Landau (2014) para Copán, en Palenque el centro del asentamiento no se encuentra en el lugar más accesible, sino en el que cuenta con más áreas planas. Tampoco aplica cuanto ellas proponen sobre la asociación entre visibilidad y autoridad, es decir que en Copán las élites de mayor estatus socioeconómico construían sus residencias en los lugares de mayor visibilidad y accesibilidad (Landau, 2015). Pienso que estas diferencias entre asentamientos contemporáneos dependen de las estrategias de planeación que, a la vez, están condicionadas por las características del entorno y de sus recursos. Como sugiere Llobera (2012, p. 504), el SIG se debe usar como un método de aproximación para contestar preguntas concretas y explorar de qué manera, en un contexto específico, se dan procesos o se desentrañan procesos particulares.

Considero que la fortaleza del estudio propuesto radica en contribuir al entendimiento de la ciudad maya Clásica a través de una perspectiva que contempla la manera en que las elecciones de diseño afectan o condicionan la forma en que los usuarios experimentan la ciudad. Así, los estudios de morfología urbana en un asentamiento antiguo no solo contemplan sus restos materiales, sino la experiencia de sus usuarios y la manera en que su condición social puede haber influenciado en la movilidad y en la percepción.

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[i] El DEM utilizado para estos últimos análisis es de alta resolución, y se limita al centro del asentamiento. Se realizó con fotogrametría por medio de UAV (vehículo aéreo no tripulado), gracias a un acuerdo interinstitucional entre el PREP y la Universidad de la California Merced en 2018.

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Transformaciones en la arquitectura de los grupos E: los casos de Tikal y Uaxactún

Transformations in the Architecture of E-Groups: The Cases of Tikal and Uaxactun

Riccardo Montuori, Universitat Politècnica de València (España), E-mail: [email protected], https://scholar.google.es/citations?hl=es&user=mTNP2LQAAAAJ https://orcid.org/0000-0001-5441-2033, https://upv.academia.edu/RiccardoMontuori

Ana Laura Rosado Torres,  Universitat Politècnica de València (España), E-mail: es[email protected],  https://orcid.org/0000-0002-0173-6533, https://scholar.google.es/citations?user=9J6R9ZsAAAAJ&hl=es&authuser=1  https://upv-es.academia.edu/AnaLauraRosadoTorres

Recibido: 26 de mayo del 2020 | Aceptado: 20 de noviembre del 2020 | En línea: 01 de enero del 2021. © Riccardo Montuori and Ana Laura Rosado Torres, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Grupo E de Uaxactún, Riccardo Montuori, 2019.

Resumen

Los grupos E son una tipología muy singular en la arquitectura maya. Estos conjuntos están formados por una plaza central delimitada a un costado por un edificio piramidal, y al otro por una plataforma alargada que generalmente soporta tres estructuras. Esta denominación se originó en Uaxactún, por la nomenclatura otorgada al primer conjunto identificado con tales características. En 1924, Frans Blom observó que, mirando desde la pirámide, era posible ver la alineación del sol sobre las tres estructuras al este durante los solsticios y los equinoccios, y sugirió que podría tratarse de un complejo de observación del ciclo solar. Después, se han realizado diversos estudios arqueológicos y arqueo-astronómicos que han llevado a la formulación de hipótesis diferentes, incluso a veces conflictivas, sobre la posible función de estos conjuntos. Los edificios que forman parte de los grupos E fueron sometidos en el tiempo a varias transformaciones, una práctica muy común en la arquitectura maya que, en muchos casos, comprendía la clausura y el rellenado de las estructuras preexistentes para ser después incorporadas en el volumen del nuevo edificio. Las remodelaciones que los constructores mayas aportaron en el tiempo alteraron tanto las dimensiones como las relaciones espaciales entre los edificios de estos conjuntos, generando una compleja superposición de fases constructivas. En este trabajo analizamos y comparamos desde un punto de vista arquitectónico los edificios de los grupos E de Mundo Perdido en Tikal, y de Uaxactún, centrándonos en su evolución constructiva.

Palabras clave: Arquitectura maya, Grupos E, Construir sobre lo construido.

Abstract

E-Groups are a unique typology in Maya architecture. These complexes consist of a central plaza delimited by a pyramidal building on the one side and by an elongated platform supporting three structures on the other side. Originated in Uaxactun, this denomination came from the nomenclature given to the first group ever identified with such characteristics. The interpretation of E-Groups began in 1924, with Frans Blom’s studies of what seemed to be a solar cycle observation complex. He observed that, looking from the pyramid, it was possible to see the alignment of the sun over the three structures to the east during the solstices and equinoxes. Several archaeological and archaeoastronomical studies have been carried out ever since, which have led to the formulation of different, sometimes even controversial hypotheses about their possible function.

E-Groups’ buildings suffered various transformations over time, a very common practice in Maya architecture, which in many cases involved the filling and closure of pre-existing structures, later incorporated in the new building. The modifications that Maya builders brought about over time altered both the dimensions and the spatial relations between the buildings in these complexes, thus creating a complex superposition of constructive phases. In this paper, we analyze and compare, from an architectural point of view, the buildings of E-Groups in Mundo Perdido in Tikal and in Uaxactún, focusing on their constructive evolution.

Keywords: Maya architecture, E-Group, Building on the built.

Introducción

Durante el último siglo, los grupos E han despertado un gran interés entre los investigadores mayistas, sobre todo por la singularidad de su conformación arquitectónica y por su orientación astronómica.

Estos conjuntos están formados por una plaza central delimitada a un costado por un edificio piramidal escalonado y al otro por una plataforma alargada, orientada según un eje norte-sur y que generalmente soporta tres estructuras, una posicionada en el centro y las otras dos en los extremos norte y sur. Existen también otras tipologías de grupos E (Chase y Chase, 2017; Doyle, 2012; Ruppert, 1962), aunque la arriba descrita es la conformación más común, desarrollada sobre todo en las Tierras Bajas Centrales durante los periodos Preclásico y Clásico.

La denominación “Grupo E” se originó en Uaxactún, Guatemala, por la nomenclatura del primer conjunto que fue identificado con tales características. En 1924, Frans Blom, a cargo de la expedición de la Institución Carnegie de Washington para elaborar un mapa topográfico de Uaxactún, intuyó la posible correlación entre la orientación de los edificios y el ciclo solar. Después de haber limpiado los montículos del Grupo E de toda la vegetación, se dio cuenta de que observando desde la estructura E-VII, la pirámide, el edificio central de la plataforma, estaba orientado hacia el este astronómico (Figura 1). Realizó entonces una serie de cálculos in situ y descubrió que, mirando desde la plataforma piramidal, durante los equinoccios el sol se alinearía sobre el edificio central de la plataforma este y que, durante los solsticios, éste se alinearía una vez con el edificio norte y otra vez con el edificio sur (Blom, 1935, p. 3). Después de esta investigación pionera surgió un largo debate sobre la relación entre la orientación y la función de estos conjuntos.

Un aspecto importante por considerar es que los edificios que forman parte de estos conjuntos fueron continuamente remodelados a través del tiempo. La yuxtaposición o superposición continua de nuevas fases constructivas es una característica frecuente en la arquitectura maya. La mayoría de los edificios que se han conservado llegaron a su conformación arquitectónica final después de varias etapas constructivas. A medida que las ciudades iban desarrollándose, los constructores mayas remodelaban los edificios existentes para adaptarlos a las nuevas necesidades, ampliándolos con la adición de nuevos volúmenes o, en muchos casos, cubriéndolos con la construcción de un nuevo edificio directamente sobre el anterior, previamente rellenado y clausurado.

Figura 1. Grupo E de Uaxactún, según Frans Blom (1935, p. 3).

Las estrategias adoptadas en el momento de superponer una nueva fase constructiva sobre un edificio preexistente eran diferentes según las características de cada edificio (Montuori y Gilabert Sansalvador, 2019). Esta práctica de construir sobre lo construido respondía a razones económicas de ahorro y simplificación constructiva, así como a cuestiones simbólicas relacionadas con el culto a los antepasados y la representación del poder de los gobernantes (Muñoz Cosme, 2006, p. 50).

Los grupos E no son la excepción, pues estuvieron igualmente afectados por esta intensa actividad constructiva, siendo sometidos a constantes remodelaciones que modificaron sus características arquitectónicas. No obstante, el patrón de asentamiento de estos conjuntos, con sus variaciones en las dimensiones y en las orientaciones, se repitió en numerosas ciudades durante siglos (Estrada-Belli, 2011, pp. 73-74; Fialko, 1988, p. 19).

Por ello, creemos que un estudio de los grupos E basado exclusivamente en las orientaciones astronómicas es muy interesante, pero no puede ser exhaustivo, y pensamos que es imprescindible considerar asimismo su evolución arquitectónica.

El problema de la orientación y el debate sobre la función de los grupos E

La primera hipótesis de funcionamiento del Grupo E de Uaxactún como observatorio astronómico (Blom, 1924) fue avalada en los años siguientes también por Ricketson (1928). Esta explicación fue universalmente aceptada por la comunidad científica hasta que un estudio de Ruppert (1962) demostró, por primera vez, que 19 grupos E no estaban correctamente alineados con respecto al este astronómico. El autor concluyó que, salvo en Uaxactún, no había ninguna evidencia de que estos conjuntos sirvieran para la observación del ciclo solar (Ruppert, 1962, p. 230).

Otra hipótesis describió los grupos E como verdaderos “calendarios en piedra”, es decir, una representación física del tiempo para ayudar los campesinos en la planificación de los trabajos agrícolas y en la organización de los comercios (Rathje, 1978).

Aveni y Hartung (1989), tras registrar que también en el Grupo E de Uaxactún la orientación respecto a los equinoccios era incorrecta, dedujeron que las modificaciones arquitectónicas realizadas en el tiempo en los edificios del conjunto podrían haber afectado la precisión de esta alineación[1], y atribuyeron a estos conjuntos significados más religiosos que astronómicos.

Laporte y Fialko reportaron que en el Grupo E de Mundo Perdido en Tikal el eje este-oeste formado por la pirámide y la plataforma alargada tiene una desviación de más de 6 grados respecto al este astronómico (Fialko, 1988; Laporte y Fialko, 1995), y propusieron una posible función de conmemoración astronómica[2] o de celebración de rituales públicos, quizás calendáricos.

Aimers y Rice (2006) desarrollaron una visión crítica sobre la alineación con los solsticios y los equinoccios, argumentando que “para los mayas las alineaciones astronómicas no eran tan importantes”. Propusieron que los grupos E funcionarían como escenarios para la realización de rituales calendáricos y de demostración de la autoridad de los gobernantes.

Según Arlen y Diane Chase (2017), los grupos E fueron conjuntos fundacionales que se utilizaron para orientar la trama urbana de la ciudad, representaron el primer ejemplo de espacio público en la arquitectura maya y, más tarde, albergaron la celebración de rituales ligados al carácter cíclico del tiempo.

Todas estas hipótesis surgen directa o indirectamente del análisis de la orientación astronómica y, en consecuencia, están relacionados con la representación del tiempo. En un reciente estudio, May Castillo (2017, 2018) propone una reflexión hermenéutica[3] sobre la interpretación astronómica de los grupos E y considera que la función como observatorios astronómicos para marcar solsticios y equinoccios está basada en la noción “occidental” de éstos. El autor, sin negar que los acontecimientos astronómicos tuvieron cierta importancia en clave ritual[4], propone que los grupos E fueron concebidos como una representación del mundo divino y, en consecuencia, tuvieron una función ceremonial de carácter religioso.

A esta discusión se suman también Ivan Šprajc y Pedro Francisco Sánchez Nava (2016: 194, 2018: 280), quienes concluyen que no hay evidencias de que estos conjuntos fueran marcadores de los equinoccios astronómicos, aunque sugieren que sus orientaciones se corresponden con las fechas del 23 de marzo y el 21 de septiembre, cercanas a los equinoccios, pero no coincidentes. Estos serían los llamados días de cuarto del año que, junto con los solsticios, dividen el año en cuatro partes iguales y que pueden explicarse en términos del ciclo agrícola.

Después de este análisis sintético del debate sobre la función y las alineaciones astronómicas en los grupos E, es necesario señalar que el problema principal es que los edificios actualmente visibles son el resultado de varias transformaciones hasta llegar a la última configuración constructiva (Doyle, 2012, p. 359). Por ello, a la hora de estudiar su orientación es importante considerar el estadio evolutivo que se está investigando, teniendo bien clara la correspondencia entre las fases constructivas de la pirámide al oeste y de la plataforma al este. Hay que señalar, además, que la orientación de muchos de los grupos E ha sido analizada solo respecto a su configuración final, ya que carecen todavía de excavaciones arqueológicas.

Objetivos y metodología

El objetivo de este trabajo es estudiar, desde un punto de vista arquitectónico, la evolución constructiva y la superposición de fases que se produce en los edificios de los grupos E, para analizar cómo estas modificaciones alteraron la tipología arquitectónica y si dependieron de cambios en la función de estos conjuntos. Para ello, se han seleccionado como casos de estudio el Grupo E de Mundo Perdido en Tikal y el Grupo E de Uaxactún. Ambos están localizados en la misma área geográfica y presentan una cronología constructiva similar, por lo que resultan comparables.

La metodología de análisis utilizada es la siguiente:

  • Recopilación de la bibliografía y consulta de los informes de excavación;
  • Análisis de los resultados de las investigaciones (planos y textos) para la extracción de datos métricos, geométricos y cronológicos[5] de cada fase constructiva;
  • Representación en planta y en sección de la superposición de todas las fases constructivas en ambos conjuntos con un criterio gráfico común que permite su comparación[6];
  • Realización de una tabla cronológica comparativa de la evolución arquitectónica de los dos grupos E, asociada a los planos arquitectónicos;
  • Análisis de la evolución arquitectónica de cada edificio (pirámide y plataforma alargada con los tres templos superiores) y comparación entre los dos conjuntos.

El Grupo E de Mundo Perdido en Tikal

Tikal, situada en Guatemala, fue una de las grandes capitales del período Clásico y es considerada como una de las ciudades más importantes en la historia de la civilización maya. Sus orígenes se remontan al inicio del siglo VIII a. C., cuando los primeros pobladores se establecieron en dos cerros, hoy conocidos como Acrópolis Norte y Mundo Perdido (Valdés, 2010, pp. 203–11). El primero fue dedicado a actividades rituales con grandes templos y edificios funerarios, mientras que el segundo surgió como un conjunto del tipo Grupo E. Mundo Perdido fue objeto de una intensa actividad constructiva y cuenta en su estado final con más de treinta estructuras organizadas en torno a dos plazas situadas al este y al oeste de la gran pirámide central. Este edificio forma parte, junto con la plataforma al este y las estructuras superiores 5D-84, 86 y 88, del núcleo originario del Grupo E (Figura  2).

Figura 2. Planimetría de Mundo Perdido en Tikal con indicación de las estructuras que formaron parte del Grupo E. Modificado de Laporte y Fialko (1995, p. 43).

Las primeras referencias sobre Mundo Perdido se remontan a los estudios de Teobert Maler (1911, pp. 3-91) y Alfred Tozzer (1911, pp. 93-135), mientras que los primeros trabajos de investigación arqueológica fueron realizados por la Universidad de Pennsylvania entre 1958 y 1970, en el marco del proyecto de levantamiento topográfico de Tikal. Inicialmente se realizaron algunas excavaciones menores y más tarde tres túneles, un pozo y algunas trincheras laterales para explorar la Gran Pirámide y determinar su secuencia constructiva y sus características arquitectónicas (Laporte y Fialko 1995, pp. 41-42). Poco más tarde se formó el proyecto Nacional Tikal que, desde 1979 hasta 1982 concentró las investigaciones en Mundo Perdido, con especial atención al Grupo E, del cual se investigó primero el edificio 5C-54, la Gran Pirámide, después la plataforma al este con los templos 5D-84, 5D-86 y 5D-88 y, finalmente, el templo 5D-87, comúnmente conocido como Templo de las Calaveras (Laporte y Fialko 1995, pp. 43-44).

La primera versión de la Gran Pirámide (Figura 3), denominada edificio 5C-54-1 fue construida entre el 700 a. C. y el 600 a. C. (fase Eb tardío) sobre una elevación natural del terreno nivelada artificialmente. Este edificio piramidal estaba formado por tres cuerpos escalonados, con una base de 23,46 m en el eje norte-sur y una altura de 2,94 m. Presentaba una planta doblemente simétrica[7] con cuatro escalinatas con alfardas en el centro de las cuatro fachadas (Laporte, 1997, pp. 333-334) y su eje este-oeste estaba desviado 6º45’ hacia el noreste (Fialko, 1988, p. 15). En esta fase el lado este de la plaza estaba delimitado por la primitiva versión de la plataforma este, un basamento formado por 3 cuerpos escalonados, con una altura de 1,25 m (Laporte, 2005, pp. 149-50), 42 m en el eje norte-sur y 11 m en el eje este-oeste con la misma orientación de la pirámide (Laporte y Fialko, 1995, p. 47).

Figura 3. Evolución constructiva del Grupo E de Mundo Perdido en Tikal. Elaboración propia a partir de las referencias bibliográficas citadas en el texto.

La segunda versión de la pirámide, llamada Edificio 5C-54-2, fue construida entre el 600 a. C. y el 400 a. C. (fase Tzec) como una expansión volumétrica del edificio anterior en altura y en planta según el eje este-oeste, manteniendo fija la posición de la fachada este[8] (Figura 3). Esta nueva estructura era, como la anterior, doblemente simétrica con cuatro escalinatas en los cuatro lados, tenía una longitud en el eje norte-sur de 32,25 m y constaba de cuatro cuerpos escalonados, alcanzando una altura de 7,80 m (Laporte, 1997, pp. 334-335). En esta segunda fase la plataforma este fue ampliada, manteniendo fija la posición de la fachada oeste, hasta llegar a una longitud de 94 m en el eje norte-sur (Laporte y Fialko, 1995, p. 48) y a una anchura de 13 m en el eje este-oeste (Laporte, 2005, p. 150). La nueva plataforma contaba con cuatro cuerpos escalonados y con dos escalinatas en el centro de las fachadas mayores, alcanzando una altura de 3,75 m (Laporte y Fialko, 1995, p. 48).

El conjunto fue remodelado por segunda vez entre el 400 a. C. y el 200 a. C. (fase Chuen). El tercer edificio, denominado 5C-54-3, fue construido de nuevo como una expansión volumétrica de la estructura anterior, manteniendo fija la posición de la fachada este[9] (Figura 3). En esta fase, la pirámide medía en la base 37,37 m según el eje norte-sur, constaba de seis cuerpos escalonados con esquinas retranqueadas, alcanzando una altura de 9,46 m, y tenía una planta doblemente simétrica, con escalinatas en los ejes de cada fachada y escalinatas auxiliares a sus lados[10] (Laporte, 1997, pp. 337-338). En esta fase, la plataforma este fue ampliada, manteniendo fija la posición de la fachada oeste, hasta llegar a los 98 m en el eje norte-sur (Laporte y Fialko, 1995, p. 49) y a los 15 m en el eje este-oeste (Laporte, 2005, p. 150). A esta nueva plataforma, que constaba de cuatro cuerpos escalonados y una altura total de 4,80 m, fueron añadidos también dos cuerpos ataludados en proximidad de los extremos norte y sur (Laporte, 2005, p. 150).

La cuarta versión de la pirámide, el edificio 5C-54-4, fue construida entre el 200 a.C. y el 200 d.C. (fase Cauac) una vez más como una ampliación volumétrica hacia el oeste que incrementó, esta vez notablemente, el volumen total del edificio (Figura 3), llegando a los 60 m en el eje norte-sur y a los 18 m de altura (Laporte, 1997, p. 339). Esta nueva estructura contaba con siete cuerpos escalonados y tenía una planta doblemente simétrica con escalinatas principales y auxiliares en las cuatro fachadas[11]. Sobre la nueva versión de la plataforma este, que en esta fase constaba de cuatro cuerpos escalonados[12], se construyó la primera versión del templo 5D-86 en el eje central este-oeste del conjunto, un edificio con tres crujías paralelas probablemente abovedadas (Laporte, 2005, p. 151). Además, en los extremos norte y sur se construyeron dos basamentos que ampliaron la plataforma en dirección este y que en la fase siguiente habrían sostenido otros dos templos.

La Gran Pirámide llegó a su conformación final en la quinta etapa constructiva (Figuras 3 y 4) que fue desarrollada, en tres fases, durante el Clásico Temprano, entre el 200 d. C. y el 550 d. C. (fase Manik). El edificio 5C-54-5 fue construido como una expansión volumétrica, manteniendo fija la posición de la fachada este e integrando completamente el edificio anterior, y constó inicialmente de ocho cuerpos escalonados (fase Manik 1). Después fueron añadidos otros dos cuerpos (fases Manik 2 y Manik 3) hasta llegar a una altura total de 30,70 m (Laporte, 1997, p. 340). La planta del edificio es doblemente simétrica con escalinatas principales y auxiliares en las cuatro fachadas[13]. La base mide 61,30 m en dirección norte-sur y 56,25 m en dirección este-oeste[14] (Laporte, 1997, p. 340). Al inicio del Clásico Temprano (fase Manik 1) la plataforma este fue ampliada hacia el este tanto en la zona central como en los extremos norte y sur[15] hasta alcanzar una anchura de 28,50 m y una altura de 7,55 m. Además, en el área central fue construida una segunda versión del templo 5D-86 de la que permanecen pocas evidencias en la subestructura[16]. Después fueron construidos los templos 5D-84 y 5D-88 actuales (fase Manik 2A) sobre unos basamentos de tres cuerpos ataludados, apoyados sobre la plataforma, que tenían una altura de 9,75 m y una anchura de aproximadamente 25 m. Ambos templos tenían tres cuartos cubiertos seguramente por bóvedas que hoy no se conservan (Laporte, 2005, pp. 157-163). En la zona central se construyó una nueva versión del templo 5D-86, sobre un basamento de cuatro cuerpos escalonados con una altura de 10,65 m (Laporte, 2005, p. 162), que fue inmediatamente remodelado (fase Manik 2B). Esta última versión del templo 5D-86, hoy visible (Figura 5), estuvo integrada por tres cuartos abovedados (Laporte, 2005, p. 162). En esta fase se completó también la construcción de la plataforma este, rellenando los espacios entre los basamentos de los tres templos. A pesar de que durante la siguiente fase (Manik 3) se desarrollaron modificaciones en los edificios 5D-84 y 5D-88, la última versión de ambos templos fue, poco más tarde, desmontada[17] para restaurar la versión actualmente visible (Laporte, 2005, p. 175).

Figura 4. La Gran Pirámide de Mundo Perdido en Tikal. Riccardo Montuori, 2019.

Figura 5. Templo 5D-86 de Mundo Perdido en Tikal. Riccardo Montuori, 2019.

A principios del Clásico Tardío se sucedieron una serie de importantes cambios para todo el conjunto de Mundo Perdido debido, según Laporte y Fialko (1995, p. 73), a una posible pérdida de función ligada a la conmemoración astronómica. Durante la novena etapa constructiva, realizada entre el 550 d. C. y el 650 d. C. (Fase Ik) la plataforma este fue conectada al noreste con el edificio 5D-82, a través de una nueva plataforma desarrollada con una desviación de 21º respecto a la originaria, y al sur con otros edificios del conjunto (Laporte y Fialko, 1995). En esta fase fue construido también el edificio 5D-87-7, una estructura de tipo palacial, adosada a la plataforma por el lado este, que constaba de una crujía de 5 cuartos, con una longitud de 23,30 m y un ancho de 4,10 m, y con la fachada principal orientada al este hacia el conjunto de Siete Templos (Laporte, 2002, p. 223-224).

Durante la décima etapa constructiva, realizada entre el 650 d. C. y el 800 d. C. (Fase Imix), el Edificio 5D-87-7 fue rellenado y clausurado en el basamento del Templo 5D-87-8, conocido como Templo de las Calaveras (Figura 6). Este templo, hoy visible, fue colocado entre los templos 5D-86 y 5D-88 sobre un basamento de cuatro cuerpos escalonados y una altura de 10,70 m (Laporte 2002, p. 225). Este edificio, accesible a través de una escalinata adosada al lado oeste de la plataforma, tiene una planta rectangular con esquinas redondeadas de 15,40 m en el eje norte-sur por 7,90 m en el eje este-oeste, y consta de dos cuartos abovedados (Laporte, 2002, p. 225). El templo cuenta también con una crestería y, en el momento de su construcción, pasó a ser el tercero más alto de todo el conjunto de Mundo Perdido. Con este cambio se afirmó un nuevo eje normativo del complejo arquitectónico que substituyó el antiguo (Laporte y Fialko, 1995, p. 85).

Figura 6. Edificio 5D-87-7 clausurado en el basamento del Templo de las Calaveras. Riccardo Montuori, 2019.

El Grupo E de Uaxactún

Ubicado en el noreste del Petén guatemalteco, a 24,1 km al norte de Tikal por carretera, Uaxactún es uno de los asentamientos arqueológicos más importantes del área maya. Consta de ocho conjuntos arquitectónicos (Grupos A al H) con una ocupación que abarca desde el Preclásico Temprano hasta el Clásico Terminal.

El Grupo E, localizado en la parte más antigua de la ciudad, vio su periodo de máximo esplendor durante el Clásico Temprano en la fase Tzakol 1 (Valdés, 1989; Laporte y Valdés, 1993), entre el 250 d. C. y el 300 d. C. (Kováč et al, 2010; Kováč, 2013). Este conjunto arquitectónico consta de tres plataformas y once estructuras organizadas en torno a una plaza central. De especial relevancia son la pirámide localizada en el lado oeste, denominada E-VII-sub-2, y la plataforma situada en el lado este, denominada E-XVI-3, con los tres templos superiores E-I, E-II y E-III, que juntos forman el llamado Complejo de Conmemoración Astronómica (Figura 7).

Figura 7. Planimetría del Grupo E de Uaxactún con indicación de las estructuras en análisis. Modificado de Peiró Vitoria (2015, p. 771).

Después de la ya mencionada exploración guiada por Frans Blom y financiada por la Institución Carnegie de Washington en 1924, las primeras excavaciones arqueológicas en el grupo E fueron realizadas entre 1926 y 1931, bajo la dirección de Oliver Ricketson (Ricketson y Ricketson, 1937) y entre 1931 y 1937, con Augustus Ledyard Smith al mando (Smith, 1950).

Entre 1983 y 1985, en el marco del Proyecto Nacional Tikal, se realizaron las excavaciones dirigidas por Juan Antonio Valdés (Valdés, 1989, p. 53). Esta nueva investigación del conjunto llevó al descubrimiento de edificios más tempranos en el interior de los basamentos visibles (Laporte y Valdés, 1993, p. 7), lo que permitió profundizar en el conocimiento de las diversas subestructuras del Grupo E, formado por la pirámide E-VII y la plataforma E-XVI.

La primera ocupación del Grupo E (Figura 8) se remonta al periodo Preclásico Medio (Fase Mamom, 500-350 a. C.) cuando se construyeron tres plataformas de baja altura (A, B, D) en los lados oeste, norte y sur de la plaza, y probablemente una cuarta (C) en el lado este, todas recubiertas bajo el nivel de la plaza en la siguiente fase constructiva (Ricketson y Ricketson, 1937, p. 134; Valdés, 1987, 1992, citado en Kováč et al, 2010). Las plataformas A y C estarían colocadas en el eje este-oeste del conjunto, probablemente ya relacionadas con la observación solar (Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 72).

En la segunda etapa (Chicanel Temprano, 350-100 a. C.) se erigió la primera versión de la pirámide oeste, denominada E-VII-sub-1 (Figura 8), un basamento piramidal formado por cuatro cuerpos escalonados de una altura de 3,50 m (Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 73; Valdés, 1987, citado en Kováč et al, 2010). Este edificio tenía una planta doblemente simétrica con una base de 16 m en el eje norte-sur y 17,60 m en el eje este-oeste, con escalinatas en el centro de cada fachada. En el lado este de la Plaza Central se erige la primera versión de la Estructura E-XVI-1, una plataforma de tres cuerpos ataludados con esquinas redondeadas y 4 m de altura. Su fachada principal estaba orientada al oeste y contaba con cinco escalinatas, tres al oeste y dos al este. Su base, irregular, medía 62 m en dirección norte-sur y 20,80 m en dirección este-oeste. Sobre esta plataforma existía un basamento colocado en el centro (Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 73).

Figura 8. Evolución constructiva del Grupo E de Uaxactún. Elaboración propia a partir de las referencias bibliográficas citadas en el texto.

Durante la tercera etapa (Chicanel Tardío, 100 a. C. – 100 d. C.) se construyó una nueva versión de la pirámide, denominada E-VII-sub-2, que englobó en su interior completamente la anterior (Figuras. 8 y 9). Este nuevo edificio, actualmente visible, es un basamento piramidal escalonado con una base de 24,07 m en el eje norte-sur y 23,16 m en el eje este-oeste por 8,07 m de altura. Es de planta doblemente simétrica con cuatro escalinatas principales, una en cada fachada, y otras ocho escalinatas auxiliares[18] (Ricketson y Ricketson, 1937; Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 81). En esta época se construyó también una segunda versión de la plataforma este, denominada E-XVI-2, como una expansión volumétrica de la anterior, manteniendo fija la posición de la fachada oeste anterior, aunque con una pequeña rotación. Esta plataforma estuvo integrada por cuatro cuerpos ataludados con una altura de 4,52 m, y su base medía 64 m en dirección norte-sur y 27,90 m en dirección este-oeste. Un total de cinco escalinatas permitían acceder a ella: tres al frente y otras dos en su fachada posterior. Sobre la plataforma, en el eje este-oeste, estuvo ubicado un basamento rectangular de 12,60 m por 7,20 m y 1,95 m de altura (Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 81). En esta misma etapa, fue construida también la estructura E-XII, una pequeña plataforma ubicada al sur de la pirámide E-VII-sub-2, integrada por dos cuerpos y cuatro escalinatas y con una planta de 3,80 m por 3,04 m y una altura de 2,13 m (Ricketson y Ricketson, 1937, p. 96).

En la cuarta etapa (Chicanel Terminal, 100-250 d. C.) se construyó una tercera versión de la plataforma este, denominada E-XVI-3, como una expansión volumétrica de la anterior hacia el este, manteniendo fija la posición de la fachada principal (Figura 8). La nueva plataforma estaba integrada por cuatro cuerpos escalonados con una altura total de 5 m y una base de 67,30 m en dirección norte-sur y 29 m en dirección este-oeste. La anterior escalinata central continuó en uso, mientras que las laterales fueron sustituidas y las posteriores recubiertas. El basamento colocado por encima de la plataforma fue ampliado hasta medir 14,30 m por 8,80 m, alcanzando los 2,30 m de altura (Rosal, Valdés y Laporte, 1993, p. 86).

Figura 9. Edificio E-VII sub 2 de Uaxactún. Riccardo Montuori, 2019.

Durante la quinta etapa (Tzakol 1, 250-300 d. C.) se construyeron los templos E-I, E-II y E-III (fig. 8), actualmente visibles, sobre la plataforma E-XVI-3 (Valdés, 1989, p. 5; Kováč et al, 2010). El templo E-I, que consta de dos crujías paralelas, está ubicado al norte sobre una plataforma de 3 m de altura y aproximadamente 10 m de lado. El templo E-II, con dos crujías paralelas y cuatro cuartos en esta época, se encuentra en el centro de la plataforma sobre un basamento de 17 m por 10 m y 3 m de altura. El templo E-III, que consta también de dos crujías paralelas, está ubicado al sur de la plataforma sobre un basamento de 3,10 m de altura y presenta una desviación de 7º42” con respecto al norte (Ricketson y Ricketson, 1937, pp. 47-57).

En la sexta etapa (Tzakol 2, 300-378 d. C.) fue construida la última versión de la pirámide E-VII, demolida durante los trabajos de investigación en los años 20 del siglo pasado (Ricketson y Ricketson, 1937, p. 68; Kováč et al, 2010) (Figuras. 8 y 10). Este edificio fue una pirámide escalonada que se construyó como una ampliación volumétrica cubriendo completamente el edificio anterior y expandiendo hacia los cuatro lados su base, que en esta última fase tuvo 24,30 m en el eje norte-sur y 24,70 m en el este-oeste. Probablemente la planta de este edificio fue doblemente simétrica, con cuatro escalinatas en las cuatro fachadas, y según Ricketson y Ricketson (1937, p. 69) no se encontraron evidencias de la presencia de un templo superior. En esta misma etapa se realizó también una remodelación del Templo E-II con la yuxtaposición de un cuarto en la fachada principal del edificio (Ricketson y Ricketson, 1937, p. 52).

Figura 10. Edificio E-VII de Uaxactún antes de su excavación. Tomado de Hammond (1982, p. 68).

Por último, durante la séptima etapa (Tzakol 3, 378-550 d. C.) fue añadida una plataforma al sur de la pirámide E-VII que cubrió casi totalmente la estructura E-XII (Ricketson y Ricketson, 1937, p. 93; Kováč et al, 2010) (Figura 8). Dicha plataforma fue construida y ampliada dos veces alcanzando 13,40 m en dirección norte-sur, 14,30 m en dirección este-oeste y una altura de 3,10 m.

Aunque se observaron algunas modificaciones sucesivas de menor relevancia, el Grupo E perdió su función original durante el Clásico Tardío, siendo casi del todo abandonado entre el 700 y el 850 d. C. (Rosal y Valdés, 2005, citado en Kováč et al, 2010).

Análisis comparativo y resultados

La evolución arquitectónica de los dos conjuntos fue muy similar desde el Preclásico Medio hasta el final del Clásico Temprano, aunque la construcción del Grupo E de Mundo Perdido en Tikal empezó aproximadamente un siglo antes (Tabla 1).

Tabla 1. Tabla comparativa de la cronología y la evolución constructiva.

Durante las fases constructivas iniciales[19], la tipología arquitectónica de ambos conjuntos estaba claramente definida, constaba de una plaza central con un edificio piramidal, de modestas dimensiones, en el lado oeste y una plataforma alargada en dirección norte-sur en el lado este[20]. Las tipologías de superposición adoptadas en ambos conjuntos fueron diferentes si nos referimos a las pirámides 5C-54 y E-VII, pero muy similares si consideramos las plataformas al este. En la pirámide de Tikal se aplicaron expansiones volumétricas según el eje este-oeste, y en dirección norte sur, manteniendo fija la posición de la fachada oriental, que fue cada vez desmontada y reconstruida para adaptarse a la nueva versión de la pirámide. En la pirámide E-VII de Uaxactún, la primera remodelación del edificio fue realizada como una ampliación volumétrica en planta hacia los cuatro lados y en altura, englobando completamente el edificio preexistente en el interior de su basamento. Las superposiciones ocurridas en las plataformas al este de ambos conjuntos se configuraron como expansiones volumétricas en la dirección norte-sur y según el eje este-oeste, manteniendo siempre fija la posición de fachada occidental[21]. Podemos afirmar por tanto que, en este periodo inicial, la relación entre la orientación de los edificios y el ciclo del sol fue importante, la función de ambos conjuntos estuvo seguramente relacionada con este aspecto y permaneció invariable después de las primeras remodelaciones, que no alteraron el esquema tipológico del conjunto.

Después de esta fase inicial, en una etapa de rápido desarrollo que llevó a la finalización de la construcción[22] de ambos conjuntos, la tipología arquitectónica sufrió algunas variaciones, provocadas, en primer lugar, por el aumento considerable de las dimensiones de las dos pirámides y, en segundo lugar, por la construcción de los tres templos en las respectivas plataformas al este. Se pasó entonces a un esquema tipológico formado por una pirámide de grandes dimensiones al oeste de la plaza y una plataforma alargada con tres templos superiores.

Las nuevas ampliaciones de las pirámides de ambos conjuntos fueron realizadas siguiendo los mismos criterios descritos arriba. En el caso de Tikal, este gran aumento del volumen del edificio 5C-54 estuvo ligado a una intensificación de la actividad constructiva en la plaza localizada al oeste del edificio (Laporte, 1997, p. 339), por lo que es razonable pensar que en este momento la fachada occidental de la pirámide empezó a asumir mayor importancia, o por lo menos la misma que la oriental. Después de la construcción de los templos 5D-84, 5D-86 y 5D-88 de Tikal y de los templos E-I, E-II y E-III en Uaxactún, el criterio empleado para las ampliaciones de las plataformas continuó siendo el mismo, manteniendo la posición de la fachada occidental y sin cambios en la orientación. En ambos casos, estas variaciones en la tipología arquitectónica no introdujeron cambios en la tipología de superposición adoptada, tampoco cuando se remodelaron los templos situados sobre las plataformas al este[23]. El cambio del esquema tipológico dependió probablemente de un cambio funcional.  Por un lado, las pirámides al oeste podrían ya no haber servido para una posible “observación” de alineaciones solares, teniendo en cuenta el efecto del gran incremento de sus dimensiones. Por otro lado, la construcción de los tres templos no respetó plenamente las orientaciones solares. El templo E-II de Uaxactún, por ejemplo, está descentrado respecto al eje este-oeste ocultando la salida del sol en los equinoccios (Aveni y Hartung, 1989), además, como se ha mencionado anteriormente, parece que la alineación estaría relacionada con la salida del sol en los días del cuarto del año (Šprajc y Sánchez Nava, 2016, 2018). Es razonable entonces pensar que la función varió respecto al periodo precedente en ambos conjuntos y que, como sugiere Fialko (1988) los tres templos representarían solo una alegoría de los equinoccios y los solsticios o, como sugiere May Castillo (2018), contribuirían a representar el mundo divino, o bien que estuvieran relacionados con ceremonias ligadas con las actividades agrícolas (Šprajc y Sánchez Nava, 2016, 2018).

Las trasformaciones arquitectónicas realizadas hasta el final del Clásico Tardío en el Grupo E de Mundo Perdido mantuvieron la dimensión de la plaza en el eje este-oeste, el eje principal y regulador del todo el conjunto arquitectónico. Lo observado en Tikal indica, según Laporte (1997, p. 346), que la distancia entre los elementos que integran un conjunto de tipo Grupo E tenía que conservarse, por tanto, el aumento del volumen de la pirámide llevó a la periódica destrucción del frente este para ser readaptado cada vez a la nueva versión del edificio y mantener así el tamaño de la plaza en esta dirección. Sin embargo, en Uaxactún, las ampliaciones arquitectónicas, realizadas en el mismo periodo, comportaron una gradual reducción del tamaño de la plaza en el eje este-oeste por efecto del aumento del volumen de la pirámide hacia los cuatro lados.

Durante el Clásico Terminal, con la construcción de las últimas fases del Grupo E de Mundo Perdido se perdió el orden compositivo precedente. El evidente cambio de función del conjunto modificó también la manera de superponer los nuevos edificios, abandonando las tipologías de superposición anteriores basadas en el respeto del eje este-oeste y alterando completamente la tipología arquitectónica. Por un lado, la introducción del edificio palacial 5D-87-7 en el costado oriental de la plataforma este, y la ampliación de esta hacia el noreste y hacia el sur para conectarla con otros edificios del conjunto cambiaron la orientación predominante del conjunto. Por otro lado, la introducción del Templo de las Calaveras (5D-87-8) entre los templos 5D-86 y 5D-88, que englobó en su basamento el edificio palacial y que se convirtió en el más alto, y quizás también en el más importante, entre los posicionados sobre la plataforma este, modificó definitivamente el orden compositivo del conjunto con una traslación hacia el sur de su eje normativo. No ocurrió lo mismo en Uaxactún, donde a principios del Clásico Tardío la actividad constructiva en el Grupo E se detuvo porque esta área perdió su centralidad en favor de otros conjuntos de la ciudad (Valdés, 1989, pp. 62-63).

Conclusiones

La práctica de construir sobre lo construido, clausurando intencionalmente estructuras preexistentes para edificar encima otras de mayor tamaño, fue un recurso muy usado en la arquitectura maya, también en los Grupos E cuyos edificios fueron transformados continuamente durante siglos.

Podemos concluir que, al complejo debate sobre las orientaciones y funciones de los Grupos E, es necesario añadir el estudio pormenorizado de su evolución constructiva, que puede otorgarnos un conocimiento más certero sobre cuál fue la función de estos conjuntos y cómo ésta se fue transformando a lo largo de su historia. El trabajo de análisis y representación, con un mismo criterio gráfico, de todas las fases constructivas de los grupos E de Tikal y Uaxactún, ha permitido comparar la evolución arquitectónica de estas estructuras. A partir de este análisis, se han establecido tipologías de superposición recurrentes y se han identificado las prácticas constructivas comunes o diferentes, empleadas en la remodelación de estos conjuntos, para estudiar cómo estas remodelaciones y superposiciones modificaron en el tiempo la tipología arquitectónica en ambos conjuntos.

Podemos, además, concluir que la hipótesis según la cual en los grupos E la posición de los edificios debía permanecer invariable para no alterar la dimensión de la plaza central según el eje este-oeste, se cumple en el caso de Mundo Perdido en Tikal, mientras que no se cumple en el caso de Uaxactún, en donde el crecimiento de la pirámide E-VII se da hacia las cuatro fachadas. Por lo tanto, dicha hipótesis no puede ser extendida de manera generalizada.

De cara al futuro, se pretende ampliar esta investigación a un mayor número de casos de estudio, para poder aportar más datos sobre la evolución constructiva de los grupos E, y verificar si los resultados obtenidos y las hipótesis planteadas sobre la tipología y la función de estos singulares conjuntos pueden ser ampliados a una muestra más amplia.

Agradecimientos

Los autores agradecen expresamente el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España a través de la financiación del proyecto de investigación “Arquitectura maya. Sistemas constructivos, estética formal, simbolismo y nuevas tecnologías” (PGC2018-098904-B-C21-AR), así como de la Universitat Politècnica de València a través del Programa de Ayudas de Investigación y Desarrollo para la Formación de Personal Investigador (PAID-01-17) y de la Generalitat Valenciana a través del Programa de ayudas Santiago Grisolía (GRISOLIAP/2018/139), que han contribuido de forma determinante a hacer posibles las investigaciones y la obtención de los resultados que se exponen en esta publicación.

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Notas

  1. Por un lado, el templo E-II no estaba bien alineado con el este astronómico, ocultando la salida del sol en los equinoccios. Por otro lado, la ampliación de la pirámide a su último estadio constructivo modificó el conjunto haciendo que la plataforma este con los tres templos E-I, E-II, E-III no fuera funcional de cara a una posible observación astronómica.
  2. Los tres templos serían sólo una alegoría de los solsticios y equinoccios, sin ser necesaria una alineación precisa (Fialko, 1988).
  3. Basada en el estudio de la concepción del tiempo y del espacio en la cultura maya, y en el análisis de las tradiciones y los rituales todavía practicados entre los pueblos indígenas.
  4. Aunque no estuvieran ligados a equinoccios y solsticios, sino a otras fechas calendáricas.
  5. A partir de la bibliografía consultada se obtuvo la datación de cada fase constructiva, basándonos en las fases cerámicas relacionadas. Por lo tanto, las fechas dadas no deben entenderse como absolutas, sino más bien como fechas de referencia susceptibles de cambios en caso de realizarse nuevos estudios arqueológicos. Además, hay que considerar que fechar la arquitectura en correspondencia con las fases cerámicas es un método con ciertas limitaciones; no obstante, es lo más habitual en el contexto arqueológico maya.
  6. En primer lugar, se han reconstruido y dibujado, en planta y sección, todas las fases constructivas por separado. Posteriormente, y debido a que la intención principal de este trabajo ha sido la comparación de las fases constructivas entre sí, se optó por superponer y unificar todas las fases constructivas en un único dibujo, señalando por medio de sombreados el volumen ocupado por cada fase, obteniendo así dos esquemas de la evolución constructiva de cada conjunto: uno en planta y otro en sección. En este artículo se presentan los esquemas finales, en planta y sección, de ambos sitios, en los cuales se emplea un diagrama cromático que asocia un color a cada fase constructiva. En ambos casos, los dibujos se basaron en las referencias bibliográficas citadas en el texto.
  7. El edificio piramidal es comúnmente definido como “radial”, debido seguramente a la génesis de su planta y los significados simbólicos relacionados (Aimers y Rice, 2006, pp. 88-89). Esta definición es incorrecta desde un punto de vista geométrico, ya que un edificio definido como radial debería tener una planta circular. Cabe destacar que varios autores usan este adjetivo entre comillas (Aimers y Rice 2006, p. 79; Doyle, 2012; May Castillo, 2014, p. 171). Así que nos referiremos a este tipo de estructura con el término “edificio piramidal” y definiremos su planta como “simétrica” o “doblemente simétrica” en su caso.
  8. La fachada este del edificio 5C-54-1 fue desmontada y reconstruida para adaptarse a las dimensiones del nuevo edificio 5C-54-2 (Laporte, 1997, pp. 334-335).
  9. La fachada oriental fue desmontada y vuelta a montar para ser adaptada al nuevo edificio.
  10. Se añadieron también parejas de mascarones de estuco en el quinto cuerpo del edificio, a los lados de las cuatro escalinatas principales.
  11. Con parejas de mascarones en el quinto cuerpo en los dos lados de cada escalinata central.
  12. Quedan pocos restos de ella porque en la fase siguiente fue destruida casi completamente para dejar espacio a la siguiente fase constructiva.
  13. Con parejas de mascarones en el quinto cuerpo en los dos lados de cada escalinata central.
  14. Aunque considerando que las cuatro escalinatas salen de la base, mide 72 m en el eje norte-sur y 67,50 m en el eje este-oeste.
  15. Es posible que sobre estas ampliaciones fueran construidas ya las primeras versiones de los templos 5D-84 y 5D-88, de las que no quedan restos visibles (Laporte, 2005, p. 152).
  16. Se sabe que fue una ampliación en altura, manteniendo la posición de la fachada principal y la configuración de tres cuartos abovedados.
  17. La razón de este desmontaje y restauración de la versión previa del edificio es desconocida. Se piensa que pudo ser el reflejo de un cambio socio-político, aunque es difícil explicar por qué este cambio afectó solo a la plataforma este del conjunto de Mundo Perdido (Laporte, 2005, p. 175).
  18. Cuenta, además, con 18 mascarones zoomorfos y antropomorfos distribuidos en las cuatro fachadas.
  19. Tikal (fases 1-3) y Uaxactún (fases 1-4).
  20. Aunque con pequeñas diferencias en planta entre los dos casos analizados.
  21. En el caso de Uaxactún se registró también un ligero cambio de orientación entre la primera y la segunda etapa.
  22. Tikal (fases 4-8) y Uaxactún (fases 5-7).
  23. Varias remodelaciones en los templos 5D-84, 86 y 88 en Tikal, y la yuxtaposición de un nuevo cuarto delante de los originarios en el templo E-II de Uaxactún, que no alteraron las plataformas.

[1] Por un lado, el templo E-II no estaba bien alineado con el este astronómico, ocultando la salida del sol en los equinoccios. Por otro lado, la ampliación de la pirámide a su último estadio constructivo modificó el conjunto, haciendo que la plataforma este con los tres templos E-I, E-II, E-III no fuera funcional de cara a una posible observación astronómica.

[2] Los tres templos serían sólo una alegoría de los solsticios y equinoccios, sin ser necesaria una alineación precisa (Fialko, 1988).

[3] Basada en el estudio de la concepción del tiempo y del espacio en la cultura maya, y en el análisis de las tradiciones y los rituales todavía practicados entre los pueblos indígenas.

[4] Aunque no estuvieran ligados a equinoccios y solsticios, sino a otras fechas calendáricas.

[5] A partir de la bibliografía consultada se obtuvo la datación de cada fase constructiva, basándonos en las fases cerámicas relacionadas. Por lo tanto, las fechas dadas no deben entenderse como absolutas, sino más bien como fechas de referencia susceptibles de cambios en caso de realizarse nuevos estudios arqueológicos. Además, hay que considerar que fechar la arquitectura en correspondencia con las fases cerámicas es un método con ciertas limitaciones; no obstante, es lo más habitual en el contexto arqueológico maya.

[6] En primer lugar, se han reconstruido y dibujado, en planta y sección, todas las fases constructivas por separado. Posteriormente, y debido a que la intención principal de este trabajo ha sido la comparación de las fases constructivas entre sí, se optó por superponer y unificar todas las fases constructivas en un único dibujo, señalando por medio de sombreados el volumen ocupado por cada fase, obteniendo así dos esquemas de la evolución constructiva de cada conjunto: uno en planta y otro en sección. En este artículo se presentan los esquemas finales, en planta y sección, de ambos sitios, en los cuales se emplea un diagrama cromático que asocia un color a cada fase constructiva. En ambos casos, los dibujos se basaron en las referencias bibliográficas citadas en el texto.

[7] El edificio piramidal es comúnmente definido como “radial”, debido seguramente a la génesis de su planta y los significados simbólicos relacionados (Aimers y Rice, 2006, pp. 88-89). Esta definición es incorrecta desde un punto de vista geométrico, ya que un edificio definido como radial debería tener una planta circular. Cabe destacar que varios autores usan este adjetivo entre comillas (Aimers y Rice 2006, p. 79; Doyle, 2012; May Castillo, 2014, p. 171). Así que nos referiremos a este tipo de estructura con el término “edificio piramidal” y definiremos su planta como “simétrica” o “doblemente simétrica” en su caso.

[8] La fachada este del edificio 5C-54-1 fue desmontada y reconstruida para adaptarse a las dimensiones del nuevo edificio 5C-54-2 (Laporte, 1997, pp. 334-335).

[9] La fachada oriental fue desmontada y vuelta a montar para ser adaptada al nuevo edificio.

[10] Se añadieron también parejas de mascarones de estuco en el quinto cuerpo del edificio, a los lados de las cuatro escalinatas principales.

[11] Con parejas de mascarones en el quinto cuerpo en los dos lados de cada escalinata central.

[12] Quedan pocos restos de ella porque en la fase siguiente fue destruida casi completamente para dejar espacio a la siguiente fase constructiva.

[13] Con parejas de mascarones en el quinto cuerpo en los dos lados de cada escalinata central.

[14] Aunque considerando que las cuatro escalinatas salen de la base, mide 72 m en el eje norte-sur y 67,50 m en el eje este-oeste.

[15] Es posible que sobre estas ampliaciones fueran construidas ya las primeras versiones de los templos 5D-84 y 5D-88, de las que no quedan restos visibles (Laporte, 2005, p. 152).

[16] Se sabe que fue una ampliación en altura, manteniendo la posición de la fachada principal y la configuración de tres cuartos abovedados.

[17] La razón de este desmontaje y restauración de la versión previa del edificio es desconocida. Se piensa que pudo ser el reflejo de un cambio socio-político, aunque es difícil explicar por qué este cambio afectó solo a la plataforma este del conjunto de Mundo Perdido (Laporte, 2005, p. 175).

[18] Cuenta, además, con 18 mascarones zoomorfos y antropomorfos distribuidos en las cuatro fachadas.

[19] Tikal (fases 1-3) y Uaxactún (fases 1-4).

[20] Aunque con pequeñas diferencias en planta entre los dos casos analizados.

[21] En el caso de Uaxactún se registró también un ligero cambio de orientación entre la primera y la segunda etapa.

[22] Tikal (fases 4-8) y Uaxactún (fases 5-7).

[23] Varias remodelaciones en los templos 5D-84, 86 y 88 en Tikal y yuxtaposición de un nuevo cuarto delante de los originarios en el templo E-II de Uaxactún, que no alteraron las plataformas.

 

Visitas (202)

Conservación y arquitectura maya en Petén, Guatemala

Conservation and Maya Architecture in Petén, Guatemala

Raúl Noriega Girón, Departamento de Conservación y Rescate de Sitios Arqueológicos Prehispánicos del Ministerio de Cultura de Guatemala, [email protected],  https://orcid.org/0000-0002-6887-7592, https://scholar.google.com/citations?user=Kw1esH4AAAAJ&hl=es

Oscar Quintana Samayoa, Universidad San Carlos de Guatemala, [email protected], https://orcid.org/0000-0003-3272-3193https://scholar.google.com/citations?user=jZMc-EMAAAAJ&hl=es

Recibido: 15 de diciembre de 2020 | Aceptado: 10 de noviembre de 2020 | Disponible en línea: 01 de enero de 2021. ©Raúl Noriega Girón y Oscar Quintana Samayoa, 2021. Este artículo es una publicación de acceso abierto. CC BY-NC-ND

Edificio N de Nakum. Raúl Noriega Girón, 2007.

Resumen

La porción noreste del Petén guatemalteco, en las Tierras Bajas mayas centrales, tiene una singular concentración de yacimientos prehispánicos. Un referente en este territorio es Tikal. Desde esta ciudad milenaria, los autores han realizado, durante más de 20 años, viajes de reconocimiento por la selva para determinar la condición del patrimonio edificado prehispánico; patrimonio en situación de ruina arqueológica que se entremezcla con la selva tropical. Son construcciones que pueden alcanzar una categoría excepcional como patrimonio de la humanidad y, al mismo tiempo, se emplazan en una selva continua de igual importancia local, regional y mundial. Los autores han profundizado en el tema de la conservación, intervención en edificios patrimoniales, urbanismo y arquitectura maya. El concepto de trabajo aplicado a este territorio fue objeto de una tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Valencia y de varios trabajos publicados, en parte, por el Instituto Arqueológico Alemán de Bonn. En esta contribución hacemos una visión retrospectiva de nuestros trabajos de campo. Presentamos el método utilizado y los resultados obtenidos, los avances y conclusiones referentes a la restauración arquitectónica de edificios prehispánicos en zonas de clima tropical.

Palabras clave: conservación, edificio, maya.

Abstract

The northeast portion of the Guatemalan Peten has a unique concentration of prehispanic sites, part of the “Central Maya Lowlands”. A reference to this territory is Tikal. From this thousand-year-old city, the authors, for more than 20 years, have made reconnaissance trips through the jungle to determine the condition of prehispanic built heritage. Heritage in situation of archaeological ruin interspersed with the tropical jungle. They are constructions that can reach an exceptional category as a world heritage site and, at the same time, be imbued in a continuous jungle of equal local, regional and global importance. The concept of work in this territory was the subject of a doctoral thesis at the Polytechnic University of Valencia and several works published, in part, by the German Archaeological Institute in Bonn. In this contribution we make a retrospective view of our fieldwork. We present the method used and the results obtained, the advances and conclusions regarding the architectural restoration of prehispanic buildings in tropical climate zones.

Keywords: conservation, building, maya.

Introducción

Por mucho tiempo predominó en el norte de Guatemala un paisaje de selva tropical siempre verde y continua. Selva ubérrima que cubrió cientos de ciudades prehispánicas que antaño modificaron el panorama de las Tierras Bajas mayas centrales. Vestigios arquitectónicos y urbanos de la cultura maya que dejaron su huella en el territorio.

Este territorio es ahora considerado como una de las zonas poblacionales más densas de América precolombina (aproximadamente entre los años 300 a.C. y 900 d.C.). Buena parte de las Tierras Bajas mayas centrales está ahora protegida bajo el esquema de grandes reservas, como sucede en el norte de Guatemala con la Reserva de la Biosfera Maya.

Como referencia a la calidad e importancia del patrimonio edificado prehispánico en esta parte del mundo maya, podemos mencionar a Tikal o Calakmul (en el estado mexicano vecino de Campeche), yacimientos que sobresalieron en el periodo clásico (250 d.C.-900 d.C.) y han sido distinguidos por su excepcionalidad como patrimonio mixto -cultural y natural- de la Humanidad por la UNESCO (Tikal en 1979, y Calakmul en 2014).

En Guatemala, lamentablemente, esta gran riqueza cultural, el patrimonio edificado, no ha tenido una adecuada atención por parte del Estado. Predomina el abandono de los sitios arqueológicos perdidos en la selva, yacimientos que ahora tienen la categoría de “ruina arqueológica”. El abandono ha permitido que bandas de saqueadores expolien sus edificaciones en busca de tesoros, y que la vegetación y el clima desintegren los vestigios mayas.

En los últimos 70 años la selva continua ha sido reducida. Pocas ciudades mayas han sido investigadas, y todavía es menor el número de intervenciones en edificios. Este trabajo describe los intentos por rescatar el patrimonio edificado alrededor de Tikal, acciones ejecutadas por un proyecto de inversión estatal que desde los años 80 ha tenido diferentes nombres y distintas prioridades: Proyecto Nacional Tikal (PRONAT), Proyecto Protección de Sitios Arqueológicos en Petén (PROSIAPETEN) y, en la actualidad, Departamento de Conservación y Restauración de Sitios Arqueológicos Prehispánicos (DECORSIAP).

Antecedentes

El interés principal de los investigadores del siglo XX no fue precisamente la conservación del patrimonio edificado, sino más bien el descubrimiento de nuevos sitios arqueológicos y el registro de las inscripciones epigráficas o las tumbas reales, entre otros hallazgos.

En la parte norte de Guatemala, Tikal acaparó, desde la década de 1950, la atención nacional e internacional. Fue el primer Parque Nacional en Centroamérica (1955) y el segundo gran proyecto arqueológico en la zona. El resto del patrimonio prehispánico, vecino a Tikal, con excepción de Uaxactún (1927-37 y 1982-89), quedó sin atención. Esta condición fue revertida en la década de 1980, cuando se amplió el radio de cobertura de Tikal (un cuadrado protegido de 24×24 km), primero al norte con Uaxactún (1982), y luego al este con el proyecto “Triángulo cultural: Yaxhá-Nakum-Naranjo” (1988).

En 1987 se consideró necesario tener datos actualizados sobre la condición del patrimonio edificado en los alrededores del Parque Nacional Tikal. Desde Tikal se organizaron recorridos por la selva para documentar arquitectura visible. Tras 18 años de reconocimientos arquitectónicos, los resultados de campo, con 128 fichas técnicas de ciudades mayas, fueron publicados por el Instituto Arqueológico Alemán (DAI KAVA y KAAK) en dos libros (Quintana y Wurster, 2001; Quintana, 2013) y numerosas publicaciones más (Figura 1).

Figura 1. Ciudades mayas en el cuadrante noreste de Petén. Raúl Eduardo Noriega Girón, 2013.

Método

El abrumador estado de conservación del patrimonio registrado fuera de Tikal obligó a preparar un “plan de acción” para tratar de atender la condición de emergencia en que se encontraban las edificaciones mayas alrededor de la gran urbe, atendiendo a su antigüedad, grado de abandono y presencia de vegetación sobre los edificios (Figura 2).

Fue necesario abordar este trabajo con un equipo multidisciplinario. En especial tomaron acciones grupos de arqueólogos y arquitectos restauradores, apoyados por el personal de Tikal: maestros, albañiles, excavadores y ayudantes experimentados. También intervinieron biólogos que dictaminaron sobre la vegetación encima de las edificaciones. Cuando los problemas estructurales de estabilidad fueron difíciles, participaron grupos de ingenieros especializados en estructuras. Arquitectos del paisaje colaboraron asimismo para integrar, tras las intervenciones, los objetos tratados en su espacio urbano, ahora mezclado con flora y fauna de igual valor patrimonial.

Figura 2. Cuadro concepto, tomado de Quintana (2008, p. 299, fig. 23).

En 1987 se decidió atender como prioridad el patrimonio edificado con arquitectura expuesta y en peligro de perderse. Este patrimonio visible y en condición de colapso fue descrito en un catálogo de 128 sitios con datos actualizados, y clasificado según tres tipos de condiciones:

1) edificios dañados de muy difícil acceso y por lo tanto sin posibilidad, al menos a corto y medio plazo, de poder ser parte de un sistema de ciudades mayas habilitadas al visitante,

2) yacimientos menos espectaculares, con daños y arquitectura visible, cercanos a las redes viales actuales o adyacentes a poblados recientes, y

3)  edificios en peligro, pero en condiciones estratégicas más favorables para una inversión a corto plazo.

El primer nivel de acción general, para todos los bienes tangibles alrededor de Tikal, fue realizar actividades de registro que permitiesen conocer la condición real del patrimonio edificado. Después se llevaron a cabo intervenciones temporales o preventivas (Programa de Rescate), para, finalmente, efectuar acciones de intervención permanentes, como las realizadas en el “triángulo cultural”, al este de Tikal. En los sitios estratégicos (Figura 2), además de realizarse las intervenciones, el trabajo debe asegurar una conservación continuada del bien patrimonial y potenciarlo como parte de la identidad de la población local, así como posible motor de desarrollo económico a través del turismo.

El triángulo cultural Yaxhá-Nakum-Naranjo surgió como una acción prioritaria del plan de descentralizar Tikal, y contó con fondos adicionales proporcionados por el gobierno alemán (1994-2006). Estos trabajos consolidaron en Guatemala la idea de la necesidad de atención al patrimonio edificado maya. Algunos ejemplos son Topoxté, Yaxhá, Nakum y Naranjo; sitios seleccionados que constituyen en la actualidad elementos patrimoniales edificados que “soportan” y representan, junto con Tikal, el patrimonio prehispánico, ahora dentro de un esquema más amplio llamado “Gran Tikal”.

En los sitios reserva (Figura 2) las acciones consistieron en preparar los edificios con arquitectura visible en peligro para que, en la medida de lo posible, no continúen deteriorándose, es decir, para su conservación a largo plazo; no para el uso y disfrute actual, sino como grandes reservas de identidad cultural que se “congelan” para un futuro cercano o lejano. En países como Guatemala es difícil convencer a las autoridades para realizar algo que no es visible, que se prepara y tapa para un futuro. En este caso, gracias a los fondos y amplitud de criterio del Instituto Arqueológico Alemán, sí fue posible realizar medidas de este tipo. Sobre todo, en la documentación y relleno de saqueos en edificios, realizado en 22 sitios arqueológicos alrededor de Tikal (Quintana, 2013, p. 268).

En un grupo intermedio (Figura 2) están los yacimientos en los que el patrimonio a rescatar no es tan espectacular como en los sitios estratégicos, pero que poseen arquitectura visible en riesgo de colapso y se encuentran cercanos a las redes viales y poblados actuales, por lo que si se intervienen pueden apoyar al desarrollo comunitario. Estos sitios, junto con los sitios estratégicos (como Tikal o Yaxhá), pueden combinarse, implicando a las comunidades vecinas, para establecer   circuitos culturales y naturales, y así participar, sostener y beneficiarse de las inversiones y esfuerzos de su intervención. Ejemplos de esta condición intermedia son San Clemente, Corozal Torre o La Blanca, entre otros.

Procedimiento

En cada etapa o fase reflejada en el cuadro conceptual (Figura 2), se va aumentando el grado de intervención y la complejidad del trabajo:

1) Recorridos: registro e identificación de la condición del patrimonio edificado.

El objetivo de los recorridos es identificar y documentar el recurso cultural tangible. Estas acciones ocasionan poca intervención física en los monumentos, más bien son actividades de reconocimiento y clasificación del patrimonio edificado para programar posteriores acciones de intervención. Se realizan monitoreos o seguimientos del deterioro de las edificaciones, lo que permite poder planificar acciones de rescate y conservación.

Desde el año 1987 se seleccionaron dos indicadores para el monitoreo y la evaluación de la condición del patrimonio edificado: en primer lugar, la arquitectura visible expuesta y, en segundo lugar, la cantidad de saqueos en los edificios (Siller y Quintana, 1989, pp. 51-83). Estos datos siguen siendo en la actualidad el parámetro de evaluación de los sitios vecinos a Tikal (Quintana, 2013; Quintana, 2015, pp. 77-152; Quintana y Siller, 2019, pp. 131-200).

El registro se realizó de manera sistemática (Programa de Rescate), desde 1987 hasta 2005, con el apoyo del Instituto Arqueológico Alemán. Continuó de manera ocasional, con recorridos anuales, con el apoyo del Seminario de Arquitectura Prehispánica de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México y concluyó con la intervención, por un breve periodo, de la Universidad Politécnica de Valencia (2009-2010).

2) Acciones preventivas y preparatorias.

Una vez seleccionados y priorizados los edificios objeto de intervención, se realizan tareas de limpieza de plazas y patios principales y la construcción de un campamento provisional. A continuación, con el personal técnico de arqueología, se llevan a cabo las labores de documentación y relleno de saqueos, así como la realización de pozos de sondeo estratigráfico en área de plazas y patios. Con la información recuperada por el equipo de arqueología de rescate se prepara una base de datos para conocer, de forma preliminar, la complejidad cultural del yacimiento.

Durante la estadía en los sitios se realizan otras acciones preventivas como el apuntalamiento de muros y bóvedas, y la construcción de cubiertas protectoras de madera y palma, lonas o plástico. Parte importante de esta primera acción es el control de la vegetación sobre los edificios seleccionados, acción que debería ser permanente. Lamentablemente este procedimiento preventivo no tiene seguimiento. Un buen ejemplo lo constituye Nakum: en los años 1999-2000 se controló la vegetación sobre los edificios a intervenir. Sin embargo, una vez terminadas las actividades se dejó de hacer esta tarea; 20 años después, pequeños árboles no cortados antes, son ahora nuevos causantes de daños en los edificios ya restaurados.

3) Acciones correctivas y rescate.

Los edificios objetivo son atendidos en dos aspectos simultáneos: arqueología de rescate e intervenciones de restauración.

Primero, el grupo de arqueología de rescate libera de escombros los espacios interiores o alrededor de los elementos arquitectónicos expuestos. El trabajo de liberación se realiza con excavadores y sus ayudantes, bajo la supervisión del arqueólogo. El procedimiento de excavación se realiza a mano a través de calas o trincheras de aproximación. El equipo de dibujo documenta tanto la situación antes de excavar como los resultados de la liberación.

El restaurador y el arqueólogo avanzan simultáneamente. Una vez consolidada la parte alta de los muros o techos, los arqueólogos continúan con el vaciado de las cámaras hasta el nivel de piso del edificio. El restaurador interviene los edificios con arquitectura expuesta, con el propósito de estabilizar en lo posible la construcción. Para asegurar la estabilidad estructural se hacen pequeños y grandes trabajos de restitución de volúmenes en las plataformas escalonadas que sustentan a los edificios con arquitectura expuesta. Generalmente se restituyen volúmenes perdidos en la base de muros (recalzado) con el objetivo de asegurar la estabilidad de los paramentos constructivos. Todos los agujeros causados por saqueo son documentados y rellenados, si es posible con el mismo material que dejaron los saqueadores a sus lados.

En otros casos, cuando el edificio o sitio arqueológico presenta grandes dificultades de acceso y su posición no es estratégica ni destacada en el futuro cercano (según el cuadro concepto, figura 2), el equipo de restauración consolida los restos de muros o techos, para luego cubrir toda la arquitectura expuesta. Este fue el criterio empleado en sitios como Pochitoca, El Carmen, La Perra, El Pital y Kanajau, entre otros. En los monitoreos posteriores se ha constatado que no se les da mantenimiento, condición por la que, 30 años después, presentan nuevos daños.

Entre los sitios no tan estratégicos (Figura 2) cercanos a comunidades actuales, fueron atendidos con esta medida en la década de 1990: Poza Maya, Corozal Torre, Quemada Corozal, La Blanca, San Clemente y Naranjito, entre otros. Algunos yacimientos siguieron o continuaron con otros procesos como sucedió en San Clemente (2006-2007, Figura 3) o en La Blanca (2004-2019).

Figura 3. San Clemente, resultados de los trabajos de restauración. Raúl Noriega Girón, 2006.

Como se ha mencionado anteriormente, en cuanto a la conservación de los edificios con arquitectura expuesta, se dan diferentes niveles de intervención: relleno de la arquitectura visible, limpieza de escombros, restitución de volúmenes perdidos, reintegración de elementos estructurales faltantes, reintegración de elementos de la fábrica perdidos por saqueo (muros y bóvedas), reparación de grietas y fisuras, resane de estucos, grafitos, bancas, pisos y escalinatas. A falta de techumbre/techado encima de los muros -bóvedas incompletas-, se plantean cubiertas protectoras temporales o permanentes con diferentes sistemas constructivos, que, en ocasiones, conllevan problemas de mantenimiento. La experiencia en campo nos dice que resultan más efectivas las soluciones más permanentes, ya que en muchos casos los equipos de mantenimiento no pueden ser asegurados, como sucede ahora en Nakum o San Clemente, abandonado desde el año 2013 (Figura 4). Por esta condición incierta, las intervenciones deben ser un tanto “más agresivas” ante la perspectiva de falta de monitoreo y de acciones futuras de conservación. Una acción preventiva no realizada se convierte, con el tiempo, en una causa mayor de daños, que incluso podría provocar el colapso de los elementos constructivos.

Figura 4. San Clemente, 10 años después de la restauración. Por falta de mantenimiento se inicia nuevamente el proceso de deterioro de la arquitectura expuesta. Raúl Noriega Girón, 2017.

4) Intervenciones en sitios estratégicos.

En este nivel las acciones que se realizan no solo recuperan la estabilidad de un edificio, sino que además lo acondicionan para recibir visitantes.

Acá el equipo de arqueología, además de las acciones propias de rescate, realiza otros trabajos científicos, como la investigación de etapas anteriores de construcción u otros estudios arqueológicos específicos para poder contar una historia. Por otro lado, se realizan tareas como la mejora de los accesos y la construcción de áreas de acampe, casas de descanso, servicios sanitarios o pequeñas salas de introducción del sitio con información sobre la visita. Además, se elaboran instrumentos de manejo tales como planes maestros, planes operativos o convenios. Acerca de estas intervenciones se han realizado publicaciones sobre acciones puntuales, como las intervenciones en Topoxté (Noriega, 1995; Wurster, 2000) o las nuevas posibilidades de estabilización de taludes (Noriega y Galindo, 2001).

Estos sitios se convierten en metas de inversión que luego representan una muestra del conjunto de ciudades alrededor de Tikal. Como ejemplo de la diversidad de soluciones urbanas y edificios intervenidos, además de Tikal están Uaxactún, Yaxhá, Nakum, Topoxté, Naranjo, La Blanca y San Clemente. Como mencionamos antes, algunos de ellos han mantenido programas de intervención, mientras otros han sido abandonados de nuevo a su suerte, como en el caso de San Clemente, o mantenidos de manera deficiente, como es el caso de Nakum.

Las intervenciones realizadas por el proyecto estatal PRONAT y sus diferentes fases se diseñaron de forma integral, siguiendo el principio de asegurar la estabilidad estructural de los edificios. Se trataron los espacios de plazas y patios, formando un recorrido de visita y combinando los espacios urbanos con el ambiente actual de selva (Figura 5).

Figura 5. Naranjo, ejemplo de manejo de vegetación en plazas para visualizar la volumetría y las dimensiones de la ciudad. Raúl Noriega Girón, 2019.

Resultados

Nakum es una de las ciudades prehispánicas más ricas en cuanto a arquitectura expuesta. Durante 24 años fue intervenida por el proyecto estatal: se trabajó en más de 25 edificios realizando apuntalamientos de edificios con problemas estructurales, control de la vegetación, cubiertas protectoras temporales y un programa de restauración con intervenciones de carácter permanente, de los que, a continuación, se muestran algunos ejemplos.

En el Edificio A, actualmente icono del sitio, se llevaron a cabo una serie de actividades que iniciaron con apuntalamientos preventivos y labores de investigación arqueológica. Posteriormente se realizaron trabajos de albañilería, como la reposición de volúmenes perdidos y la estabilización de muros, incluyendo la reconstrucción parcial de porciones importantes del edificio necesarias para asegurar su estabilidad (Figura 6).

Figura 6. Edificio A de Nakum: (izq.) Fachada oeste, donde se muestran los apuntalamientos y una cubierta protectora temporal previa a los trabajos de restauración. Raúl Noriega Girón, 1990. (der.) Estado actual del edificio. Raúl Noriega Girón, 2019.

En el Edificio N se trabajó íntegramente, iniciando con un programa intenso de investigación arqueológica que permitió conocer la secuencia cronológica de su evolución a lo largo de aproximadamente 500 años (500-1000 d.C.), y se constató que los edificios estaban decorados en sus cornisas. Las condiciones en las que se encontró el edificio permitieron hacer una restauración integral. Se estabilizaron las cuatro fachadas para garantizar la estabilidad de los espacios interiores, se colocaron nuevos dinteles, se recolocó parte de la mampostería colapsada y se hizo la reconstrucción visual de una de sus bóvedas usando madera (Figura 7).

Figura 7. Edificio N de Nakum. Fachada este, iniciando el proceso de restauración en el estado actual. Raúl Noriega Girón, 1998 y 2019.

En el Edificio E, otro ejemplo de la extraordinaria composición arquitectónica de la ciudad (Figura 8): se realizaron trabajos de investigación arqueológica que incluyeron la liberación de muros y restos de algunos recintos en la parte inferior de la base piramidal.

Como se mencionó anteriormente, en Nakum se trabajó en más de 25 edificios, todos con características diferentes, entre los que hay palacios, templos y un temazcal o baño de vapor.

Figura 8. Edificio E de Nakum en dos etapas de intervención. Raúl Noriega Girón, 1992 y 2019.

Otro ejemplo de una ciudad maya trabajada es el sitio Topoxté, donde predomina la arquitectura del periodo Postclásico (1450 d.C.), único ejemplo de arquitectura monumental restaurada de esta época cultural en las Tierras Bajas mayas de Petén (Figura 9).

Figura 9. Plaza principal de Topoxté, con los edificios C, D y G. Estado actual de los edificios, cuya restauración terminó en 1996. Raúl Noriega Girón, 2019.

Actualmente, el DECORSIAP ha concentrado su esfuerzo en el sitio arqueológico de Naranjo, considerado como sitio estratégico para el desarrollo económico de los poblados cercanos, y donde se continúa con el mismo criterio de intervención, preparando la ciudad para ser visitada (Figura 10). En este enclave se han restaurado parcialmente más de 17 edificios, lo que constituye una muestra representativa de la grandeza arquitectónica de la ciudad en su época de apogeo (300-870 d.C.).

Figura 10. Naranjo, Plaza Central, edificio B-18. Raúl Noriega Girón, 2019.

Conclusión

Tikal fue el centro de un sistema de ciudades. En los últimos 30 años, algunos yacimientos vecinos han sido rescatados, presentando ahora diversas soluciones arquitectónicas y urbanas. Antes de 1980, solo había restauraciones en Tikal. Ahora podemos decir que en 19 ciudades mayas hay edificios “restaurados”. También podemos establecer que se han realizado intervenciones en 233 edificios. En algunos edificios fueron necesarias acciones, en otros no. En unos se trabajó en forma integral, en otros se intervinieron solo las fachadas. En unos se respetaron los principios internacionales de conservación, en otros se hicieron reconstrucciones. El proyecto Estatal ha intervenido más de 103 edificaciones en Tikal, Uaxactún, Topoxté, Yaxhá, Nakum, San Clemente, Corozal Torre y otros.

La condición general de emergencia en que se encuentra el patrimonio edificado prehispánico en el norte de Petén, no ha sido superada. Los sitios y edificios abandonados, con vegetación sin control, a merced de saqueadores, sigue siendo la constante en el noreste de Petén y en general en toda Guatemala.

Se ha podido constatar que intervenciones realizadas hace más de 20 años se encuentran ahora en peligro, por una falta de mantenimiento por parte del Estado. Entre ellas se encuentran Nakum o San Clemente, entre otros.

En otros yacimientos, hay proyectos arqueológicos que investigan los edificios, pero no realizan acciones de rescate o restauración (Xultún, El Zotz, Naachtún y otros). Otros edificios con arquitectura expuesta de grandes dimensiones siguen sin atención (Chochkitam, Kinal y muchos otros).

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